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¿Te animás a leer a Peña?

Por Esteban Rico – (SentidoG.com)

¿Te animas a leer esto?, el nuevo libro de Peña

El 17 de junio de este año que se nos va fue un día triste. Muy triste. Luego de una larga lucha contra un cáncer de hígado, Fernando Peña tuvo que bajar el telón de esa tragicomedia que fue su vida. A los que nos quedamos en las butacas ovacionándolo de pié nos dejó un enorme legado: decenas de obras de teatro, una serie de personajes increíbles y el hecho de haber sido uno de los primeros artistas en asumir su homosexualidad frente a los medios de comunicación (inolvidable su primera entrevista con Susana Giménez en la cual se definió a si mismo como un “puto sufrido” ante el estupor de la conductora).  Mal que le pese, fue él quién le abrió las puertas a los “putos mediáticos”; a los Guido Süller, a los Gastón Trezeguet, a los Oggi Junco. La única diferencia es que Fernando, como buen acuariano, era único e inigualable, dueño de un verdadero e inusual talento.

Hace dos años atrás, Peña publicó su primer libro, “Gracias por volar conmigo”, un compendio de anécdotas de su vasta experiencia como comisario de a bordo que también tuvo su versión teatral. Ahora llega su segunda publicación que recopila las columnas que formaban parte de la contratapa del diario Crítica de la Argentina. En “A que no te animás a leer esto” se puede apreciar la particular visión del mundo de Peña, circunscripta a una de sus principales obsesiones: la vida en nuestra bendita ciudad de Buenos Aires.

Como buen acuariano, Peña tenía muy en claro sus amores y sus odios, sus gustos y disgustos, su costado más sensible y su lado más violento. Su visión del mundo, generalmente pesimista, era muy particular y definida. En estas columnas se puede apreciar su opinión acerca de las vecinas chusmas, los políticos corruptos, sus amigos y enemigos, la vida de pareja, el trabajo, la vida, la enfermedad y la muerte. El libro comienza con un prólogo de Jorge Lanata, el fundador y director del diario donde se publicaron originalmente estos escritos, en el cual relata como fueron los últimos días de Fernando, con transcripciones de sus últimos e-mails y todo.

Tuve la oportunidad de conocer a Peña varios años antes de que se hiciera famoso. A mediados de los 90, Fernando todavía alternaba su trabajo de comisario de a bordo con su participación en los programas de Lalo Mir y la Negra Vernaci mediante inolvidables personajes como Martín Revoira Lynch, Rafael Orestes Porelorti y el adorable puto Roberto Flores. En esa ocasión, yo me encontraba de visita en el estudio de la ya desaparecida Radio Horizonte en la cual Elizabeth Vernaci hacía su programa matutino “Puerta Marcada”. Peña participaba en esa audición como la entrañable aeromoza cubana Milagros López. La cuestión era que nadie conocía a Fernando aún, así que el personaje se mantenía oculto de la vista de los oyentes cada vez que alguno se acercaba al edificio de la emisora. Con mi amiga Marilú, habíamos sido invitados a participar de una especie de taller de radio que dictaba la Vernaci en su programa como una manera, fiel a su estilo, de bardear a sus oyentes en el aire. Como era costumbre, la locutora estaba llegando tarde y Peña como Milagritos había tomado el mando tras el micrófono hasta que la conductora llegase a la radio. Mientras esperábamos fuera del estudio junto a la productora del programa, de golpe aparece un muchacho de unos 30 y pico de años, muy buen mozo, de espaldas anchas, pelo ondulado, camisa de seda estampada y claramente gay. Marilu, pajarera de toda la vida, se sintió inmediatamente atraída hacia él. Yo, como buena loca enclosetada, me sentí instantáneamente incómodo. Como buen acuariano, lo encaré de entrada y le pregunté “¿vos sos el que hace de Milagros López?”. Al principio, se hizo el escandalizado y se negó a responderme, pero pasaron segundos antes de que comenzara a hablar con la voz de la azafata cubana ante el estupor de mi amiga y mi expresión de: “¿viste que yo te dije?”. Antes de que nos fuéramos, Fernando nos pidió que guardáramos el secreto, ya que no quería que se rompiera la magia del personaje. Así era Peña.

Fernando, donde sea que estés, quiero que sepas que nunca rompí con esa promesa. Como buen acuariano.

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