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La diversidad sexual en las elecciones presidenciales chilenas de 2009

Santiago – (Dos Manzanas)

La polémica inclusión de homosexuales en la franja

Como ya adelantamos, la franja, toda una institución a estas alturas, es, desde el plebiscito de 1988, un espacio televisivo de propaganda electoral que se transmite diariamente por los canales de televisión abierta. En ella, los candidatos presidenciales cuentan, cada uno, con cinco minutos diarios para expresar sus ideas y propuestas. Este año ha habido una gran polémica en torno a la inclusión de homosexuales en las franjas de los candidatos, debido a la indignada reacción de algunos cruzados de la familia cristiana tradicional (o, mejor dicho, partidarios del monopolio de este modelo, y promotores de la exclusión de cualquier concepto diferente de familia).

En los primeros 70 segundos de un capítulo de la franja de Piñera, el candidato aparece como “la voz de los sin voz” escuchando a gente anónima, entre los que se incluyen discapacitados, adultos mayores, trabajadores y, cómo no, homosexuales. El mensaje fue sencillo: “Hoy la gente nos acepta. Ahora falta un país que nos respete”. La decisión de incluir gais en la franja fue muy controvertida, y halló voces a favor y en contra dentro de la misma coalición que apoya al empresario, además de declaraciones que clamaban por mayor presencia de la UDI en el comando de Piñera (que milita en RN). El diputado “talibán” de la UDI, José Antonio Kast, al final no cumplió su amenaza de abandonar la campaña de Piñera.

Pese a su intento por captar el voto del colectivo homosexual, hay quienes rechazaron este gesto de Piñera dado que la pareja que aparece en la franja no es real. Sin embargo, el modelo gay que aparece en la franja, Luis Alberto Larraín, se defiende argumentando que lo movieron “las ganas de comunicarle al país que los paradigmas se pueden romper. Creo que se ha demostrado que los clásicos temas de la izquierda no son exclusivos de ellos y que la derecha también puede tenerlos. El tema de las minorías es uno”.

Por su parte, Frei ha incluido a una pareja de lesbianas, primero, y a una mujer transexual, después, en un clip que, como el de Piñera, intenta abarcar una gran diversidad de realidades. Los mensajes son, respectivamente, “Nos merecemos los mismos derechos que todos”, e “Integración y más comprensión”. El mensaje que hace alusión a la igualdad de derechos se contradice con la majadería, defendida por Frei, de que “el matrimonio es entre un hombre y una mujer”. No obstante, parece ser que todo vale en la caza de votos.

Luego de que el presidente de la Conferencia Episcopal, Alejandro Goic, declarara, a propósito de la “moda” de incluir homosexuales en la franja, que debe haber “un límite” en la búsqueda de votos, la que no puede implicar la traición a los valores, la polémica por parte del abanderado DC vino de la mano de su coordinador territorial, el senador Jorge Pizarro, quien respondió a los dichos de Goic manifestando que “en la Iglesia también hay muchos homosexuales y gente que comete delitos tan delicados como la pedofilia”. Pizarro fue duramente criticado por el tono en que respondió a la Iglesia y por analogar la homosexualidad con la pedofilia, motivos que le hicieron retractarse después por sus desafortunados dichos, los que atribuyó a “un lapsus”.

Marco Enríquez-Ominami ha incluido a los homosexuales en su franja varias veces, en apariciones cortas durante clips musicales (una pareja gay de la mano y una pareja lésbica que se da un beso en dos clips distintos), además de un cortísimo guiño a la homoparentalidad (un dibujo infantil en el que aparecen dos mamás) en un clip en el que su mujer, Karen, habla sobre la diversidad familiar, lo que se aprecia en el 5.° capítulo de su franja. Además, hablando sobre la calidad de la democracia, MEO manifestó: “¿Democracia sexual? No hay. No todas las personas valen lo mismo: una mujer vale menos que un hombre, y una persona homosexual institucionalmente no existe”, esto en el 3.° capítulo de su franja

El haber pertenecido desde siempre al ala más liberal de la política, y el haber presentado, como diputado, un proyecto de ley que permitiría el matrimonio entre personas del mismo sexo, lo ha mantenido fuera de la polémica que ha suscitado la franja, dado que nadie ha cuestionado la coherencia de Marco (excepto por la ambigüedad que ha exhibido respecto de la adopción homoparental, como ya se mencionó).

Por último, Jorge Arrate, también fuera de la polémica al no estar respaldado por el conservadurismo ni apelar a su electorado, también habló de homosexuales en su franja: “Este cuadro me lo regaló una amiga y gran pintora chilena, y es una pareja. Pero nunca nadie me ha preguntado quiénes son esa pareja: ¿Son un hombre y una mujer? ¿Son dos hombres? ¿Son dos mujeres? En el mundo de hoy esa pareja puede ser cualquiera de las opciones que yo estoy señalando. Y creo que todas esas parejas se unen por algo que es común, que es el amor; es la atracción recíproca que se convierte en un acuerdo que es soportado por el amor para compartir la vida. Creo que en nuestra sociedad tenemos que respetar a todas las parejas, por igual, y tienen que tener el derecho a constituirse como tales, a unirse como tales”. A continuación, el activista y escritor homosexual Víctor Hugo Robles apareció “bendiciendo” la candidatura de Arrate, todo lo cual se puede apreciar en el 13.° capítulo de la franja.

Una encendida reacción a esta “moda” de incluir el tema de la homosexualidad en la franja fue la que manifestó un sector de la iglesia evangélica al declarar en un comunicado que “con el argumento de una supuesta discriminación, los presidenciables han salido a favorecer a minorías con escasa representatividad, y no han trepidado en subjetivizar los valores más esenciales”, luego de lo cual los candidatos han procedido a reunirse, uno tras otro, con los representantes del protestantismo chileno. El homofóbico obispo evangélico Hédito Espinoza llegó a declarar que “el futuro Presidente debe ser alguien que frene la inmoralidad en este país. No se puede hacer ley la corrupción porque si no nos transformaríamos en Sodoma y Gomorra”.

En conclusión

En el Chile de hoy, y muy a pesar de la homofobia predominante, la clase política ha sentido la necesidad de abordar las demandas del colectivo homosexual (por desgracia, de los transexuales no se ha dicho casi nada), aunque sea mediante gestos insustanciales y más mediáticos que programáticos, con el objetivo de obtener el apoyo del electorado más liberal. Se ha instalado el tema y aun el candidato más a la derecha del espectro político se ha atrevido a contrariar a parte de su coalición y hablar a favor de los derechos civiles de los gais y las lesbianas. Aunque haya sido mediante un montaje (la falsa pareja gay de la franja piñerista), se ha roto un paradigma, y pese a que las intenciones declaradas podrían ser sólo palabras bonitas al calor de la campaña, lo cierto es que con esto la sociedad chilena avanza en el respeto a todos sus miembros. Todo esto habría sido imposible hace veinte años, y es debido en gran parte al trabajo arduo de muchos activistas y organizaciones.

Por desgracia, las posturas que a este respecto han cultivado algunos candidatos (Piñera y Frei) tienen todos los síntomas de ser mera retórica de campaña. En el caso de Frei, porque cuando fue candidato en 1993 no se interesó en absoluto en avanzar en la materia. En el caso de Piñera, porque su coalición es reconocida por su extendida homofobia, y porque ninguno de los proyectos de ley que sobre unión civil se han discutido en los últimos años se ha podido aprobar por la negativa de los parlamentarios de la UDI y RN a hacerlo (esto a pesar de que en la campaña de 2005, los candidatos presidenciales de estos mismos partidos, Joaquín Lavín y el mismo Piñera, se mostraron partidarios de una legislación de este tipo). En el caso de ambos, porque han insistido en aquella tontería de que el matrimonio civil no puede ser sino heterosexual, ignorando que es una institución cultural y humana cuya definición varía según los cambios que se aprecian en la sociedad.

Por otra parte, resulta extraño que Marco deba “hacerse pasar por homofóbico”, al declararse contrario a la adopción homoparental, para no perder demasiados votos por sus posturas liberales. Es asombrosa su capacidad de decir, simultáneamente, que está tanto a favor como en contra: mientras su postura “oficial” es contraria, inmediatamente se excusa atribuyéndola al “atavismo” de su formación y reitera que está leyendo un libro según el cual la adopción homoparental no tiene nada de malo y que está abierto al debate. Lo cierto es que resulta mediocre una excusa de ese tipo de parte del candidato que asegura representar “el cambio”.

Marco, Piñera y Frei tienen en común, entonces, el pretender obtener el voto liberal y el voto conservador al mismo tiempo. Los tres esperan recibir el apoyo tanto de los homofóbicos como de los homosexuales (cosa que, por desgracia, no tiene nada de curiosa).

Jorge Arrate es el único candidato que, sin ambigüedades, se declara en contra de todo tipo de discriminación por orientación sexual e identidad de género. Sin embargo, su programa sólo contempla la unión civil, y ha evitado transformar su postura antidiscriminación en otras medidas concretas, tales como el matrimonio, la adopción, una ley de identidad de género, etcétera, durante su participación en la franja y los debates televisados. De modo que tampoco esta candidatura ha resultado ser eficientemente contraria a la discriminación, por su incapacidad de defender políticas determinadas que trasciendan la mera declaración de intenciones.

La única persona que alguna vez aspiró a participar en estas elecciones presidenciales y que se declaró con total claridad a favor de todas las demandas programáticas por la igualdad de derechos para el colectivo LGBT (incluyendo a las personas transexuales) ha sido Pamela Jiles, excluida del proceso por no haber logrado recolectar las casi cuarenta mil firmas ante notario necesarias para inscribir una candidatura independiente, o quizá por no haber logrado recolectar las decenas de millones de pesos necesarios para financiar el trámite. Una triste consecuencia de esta deficiente democracia -plutocracia, más bien- que, en lo grueso, continúa siendo idéntica a como la dejó blindada la dictadura de Pinochet hace veinte años.

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