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Abrazados, unidos y complementarios

Por Cicco – (Revista C) Fotos Guadalupe gaona

Cesar y Marcelo: unidos por el amor y el activismo

Fecha: junio de 2007. Lugar: juzgado de Cercedilla, pueblo de montaña a 80 kilómetros de Madrid. Protagonistas: César Cigliutti, argentino, y Marcelo Suntheim, con ciudadanía de la Comunidad Europea. Motivo: casamiento. Modalidad: tres entrevistas personales, por separado, para determinar si son o no pareja estable.

Allá en lo alto de la montaña, el magistrado pregunta: “¿Qué les gusta hacer en pareja?”
Suntheim responde leer. Cigliutti responde caminar. “¿Cuál es el perfume favorito de su pareja?” Suntheim dice: Calvin Klein. Llegado el turno, Cigliutti confiesa: “Mi perfume favorito es Euphoria”.

Terminadas las tres entrevistas, el juez les dijo: “Si tuviera que juzgar por las cosas que me han respondido, diría que se conocieron en la entrada del juzgado. Pero, por lo que veo, tienen una cuenta bancaria en común, y leí los recortes que dan prueba de que ya tienen la unión civil. Así que, en unos meses les llegará la orden: ya son marido y marido para la ley española”.

En verdad, a aquel magistrado de Cercedilla no le interesaba en lo más mínimo que fuera un casamiento entre hombres, lo que el funcionario quería determinar era si aquello podía ser o no un casamiento por conveniencia.

“Y estábamos muy nerviosos y por eso contestamos todo mal”, se acuerda Cigliutti, Presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) y, junto a Suntheim, los primeros en contraer la unión civil en la ciudad de Buenos Aires y también los primeros en casarse en España –donde la ley de matrimonio gay data de cinco años atrás- para homologar el casamiento en la Argentina, donde está prohibido. Marcelo se acuerda y se ríe y acaricia la pierna de su esposo: “No contestamos mal, contestamos pensando en lo que diría el otro. César pensaba en mí y yo en él y nos hicimos un lío. Le dije ese perfume pero ya se le había acabado el frasco. Por suerte el juez entendió que nuestra pareja ya venía de hace mucho tiempo.”

Los esposos se dieron el sí el 21 de enero de 2008 y fueron comentario, incluso, en los diarios españoles. La pareja se tomó nueve meses, se asesoraron, a su vez, con nueve juristas, y presentaron su caso a la Justicia argentina, una demanda de 72 páginas que puede cambiar para siempre el destino del matrimonio homosexual en el país.

Marcelo: Cuando te casás en el extranjero, luego se le pide a un juez en su país que evalúe la validez del acto. El magistrado no analiza la ley española: debe estudiar si la documentación es correcta.
César: Y si la documentación es correcta, debería oficializarnos como matrimonio aquí, en la Argentina.

La fórmula del amor

Cigliutti y Suntheim se conocieron, para ser exactos en la 6º Marcha Gay, en 1997. Marcelo colgaba una bandera de la comunidad en un farol y César lo miraba de abajo.

-¿Y cómo estaba vestido?
Cigliutti: Nada especial, él estaba con remera y un jean y me hizo un comentario a mí que venía con Carlos Jáuregui, amigo y entonces presidente de la CHA.
Suntheim: No, señor. Tenía una campera.
Cigliutti: Ay, Monito, yo me acuerdo de tu jean. Y lo fiché, claro. Le dije a Carlos: “Mirá qué buen mozo”. Y además, que colgara una bandera de la CHA sumaba puntos. Después me enteré de que trabajaba en la revista Nexo.

Más tarde, durante el velorio de Carlos Jáuregui, Marcelo vio a Cigliutti llorando a mares junto al ataúd de su amigo, víctima del HIV. La escena lo conmovió. “Era raro ver a un activista tan vulnerable mostrando un lado tan humano. Pobre César, lloraba como un niño desarmado frente a su amigo. Me acuerdo de que le dí un abrazo muy emotivo. No nos conocíamos tanto”.

En verdad, César tenía pareja. Y Marcelo también. Al poco tiempo, el novio de Cigliutti partió de vacaciones y él invitó a Marcelo a casa junto a un grupo de amigos. Esa noche se dieron el primer beso. Aún cuando César había pactado con su pareja que podían tener relaciones sexuales fuera, el beso, para él, tuvo sabor a más. “Me acuerdo de que pensé: mmm. Acá va a haber problemas’”.

En tres meses, César rompió con Marcelo –otro Marcelo, el primero, arquitecto, con quien llevaba nueve años de novio-, hizo los bolsos y dejó la casa. “Me fui a vivir con mi mamá”, recuerda Cigliutti, “como buen maricón”.
Suntheim: Yo lo ayudé con la mudanza y la mamá le dijo: “Ojalá que el otro valga la pena”. Ella no sabía que yo era el tercero en discordia.

Pero nada fue fácil. Suntheim estaba en pareja hacía dos años con Juan, un estudiante de la Licenciatura de Geografía de 18 años. El día después del beso, rompió con él. “Fue una ruptura calmada. Le dije que mi idea de la felicidad en la vida era proyectar metas importantes para ambos con mucho compromiso y que él me parecía que estaba en otra etapa. Quizás era muy joven para asumir esa responsabilidad”.

A pesar de que Marcelo había quedado, en los papeles, soltero, no se decidía a involucrarse con Cigliutti. “Ay, como el Monito daba tantas vueltas, le dije: ‘Si no resolvemos esto ahora es porque no somos las personas adecuadas para cada uno’. Esa tarde nos despedimos. Y yo me quedé dos días llorando”.

Suntheim: Pobrecito, sí, ¡y después te fuiste a calmar las penas con un amigo a Inglaterra!
Cigliutti: ¡Lo necesitaba! Cuando vuelvo, siento que golpean la puerta y era Marcelo. Vino sin avisar. Faltaban días para la séptima marcha de la CHA. Me dijo: “volví porque me parece que somos las personas adecuadas el uno para el otro”. Y ahí se me vino el mundo abajo.
Marcelo: Yo no había preparado el discurso. No le dije a nadie de esta decisión. Yo, que había criticado a Juan por no tener compromiso y no ser responsable, me encontré con que debía afrontar una nueva pareja con alguien que es HIV positivo y afrontar los hechos. No conocía parejas 0 discordantes, donde uno tuviera el virus y otro no. Además, para esa época, acordate que recién se conocían los cócteles y, para entonces, el sida era sinónimo de muerte. Viví hasta los 18 en Misiones, en Oberá. Venía de otro planeta. Me enteré de que había otros gays, cuando salió en los diarios la noticia de la muerte de Freddy Mercury. Ahí decía que el 10% de la población era homosexual así que pensé: me voy a capital donde voy a tener más posibilidades de conocer gente como yo. Me acuerdo que mamá decía siempre que los gays eran “degenerados que le daban caramelos a los niños para tocarlos”. Descubrí que era homosexual a los nueve, cuando charlaba con mi hermano Rody, y le decía que a mí me gustaba Javier, un compañerito. Él me decía: “No puede ser, a vos te tiene que gustar Daniela”. Daniela era una rubia divina. Pero a mí me gustaba Javier.

Cigliutti: ¿Y estaba lindo Javier?
Suntheim: Me gustaba, era de mi clase. Así que, no podía compartir este secreto con nadie de la familia, sabiendo lo qué pensaban mis padres. No sabés lo solitario que se siente eso.
Cigliutti: Te aclaro una cosa, si querés podés dar nombres y apellidos de nuestras familias. A los pobres no les quedó otra que salir del closet.

Infidelidad o sinceridad

Llevan once años en pareja y son todo lo que uno podría considerar un matrimonio feliz. En verdad, visto a la distancia, Cigliutti y Suntheim, no tienen nada en común. Cigliutti tiene 52 y no sabe cambiar ni una bombita. Suntheim, en cambio, tiene 41, arregla el horno, sabe hasta de instalaciones eléctricas –estudió ingeniería electrónica, licenciatura en Física, ingeniería aeronáutica, y obtuvo una beca del Instituto Sábato para la comisión de energía atómica-. Cigliutti no es un mago en la cocina. Suntheim es gran cocinero. Cigliutti tiene sangre italiana y llora ante cualquier idiotez. Suntheim tiene sangre alemana y es una heladera. Nunca una lágrima. “Sé que todo lo que se me escapa cuando hablo, a él no se le pasa y después me lo dice. Tiene siempre los pies en la tierra. La otra vez, veíamos la película La casa de las dagas voladoras, y yo lloraba al final cuando muere la chica”, dice César. “Y él, un témpano, me decía: ‘No puede ser que con la daga clavada siga viva’. No se había conectado con la parte emotiva, ni un poquito, ¿no es cierto Monito?” Marcelo se encoge de hombros: “No tengo preferencias por las películas así que lo que a César le guste para mí está bien. Cualquiera que no sea de ninjas, la veo”.

Cigliutti ama a Susana Giménez. Suntheim no se la banca. “Uf, a Susana él la mira todo el tiempo. ¿Y qué mira? Se fija cómo está vestida. Si la luz le da bien. Si está simpática. La ama”, protesta Marcelo. “A mí me enoja todo lo cholulo. Me enoja que César ponga a Susana y que la gente le dedique atención a esa pavada”.
Pero César le pone una mano en la pierna y se pone a defenderla: “Más allá de que no comparta sus ideas sobre la inseguridad, con nosotros Susana, acordate Monito, se portó muy bien. El día antes de la sanción de la ley por la unión civil homosexual, nos invitó a su programa. Quedamos en el último bloque. Le avisaron de la producción que tenía que leer un comercial y que no iba a llegar con la nota. Ella dijo: ‘Bajemos el comercial, quiero dar esta nota. Hay que apoyar la unión civil’. Estuvo bárbara, nos dio un gran apoyo en un momento clave. Y eso que perdía mucha plata y tenía que romper un acuerdo con ese anunciante”.

Ni Susana, ni la comida, ni las bombitas eléctricas. ¿Nada los une, entonces? Los dos se miran y piensan un rato. A Cigliutti se le ocurre algo: “Sí, hay una cosa: ¡a los dos nos gusta Madonna!”

¿Y qué opinan, como hombres gays, del estrellato de Ricardo Fort? Marido y marido fruncen el ceño. “Fort es exhibicionista”, dice César. “Para mí no es el modelo que elegiría de hombre, me parece que eso está claro. Además, él contó públicamente una relación con su padre. No tiene nada que ver con nuestros modelos”.

Cigliutti: Muchas veces por dar tantas notas, hemos tratado con la farándula y hasta tenemos conocidos en el ambiente. Pero no compartimos sus códigos. Y, bueno, no los entendemos.

Apenas afianzaron relaciones, esposo y esposo esbozaron de palabra un manual de convivencia que actualizan y cumplen al pie de la letra. Una de las reglas fundamentales permite tener sexo circunstancial fuera de la pareja. “Ojo, aclara Cigliutti, esto es propio de nuestra comunidad. El tema de la fidelidad se trata de entrada. Es parte del compromiso que uno asume. Los heteros son más tradicionalistas. Para ellos, el matrimonio tiene otras características. Para nosotros lo principal es la honestidad. Y la infidelidad es mentirle o hacerle daño a la persona que amás. En la ley argentina, está considerada la infidelidad como causa de divorcio. En España, donde nos casamos, no”.

Marcelo: Cuando un gay se pone en pareja, no tiene modelos…
César: Sí, claro no hay modelos. Uh, perdón.
A Marcelo no le gusta que lo interrumpan, seguí, Monito, dale.
Marcelo: Decía que los modelos de pareja los tomás de tus papás, en el caso que hayan funcionado, y de amigos. Pero lo demás: quién cocina, quién plancha, quién paga los impuestos, quién lava los platos, todo tiene que conversarse. Acá no se plantea quién es el que tiene los pantalones de la pareja porque sería una discusión absurda. Esto hace que las parejas de gays y lesbianas tengan bueno acuerdos conversados, donde puedan establecer sexo fuera de la relación. El límite lo tiene que poner cada pareja.

-¿Y cuál es su límite?
Marcelo: Nos permitimos encuentros de una sola vez. Eso es sexo circunstancial. No nos permitimos guardar teléfonos. Nada de mensajes de textos fuera de horarios. No se pasan mail ni celular. La fidelidad sexual no pasa por la exclusividad sexual, sino por cumplir este acuerdo.
Cigliutti: Ay! no lo digas así que suena todo mal. Hablemos en positivo: lo que tratamos es de proteger la intimidad de tu pareja. Eso es lo más importante. Despertamos juntos todas las mañanas y tenemos el rito de irnos a tomar café con medialunas y leer los diarios en un bar mexicano del barrio llamado “Más te vale”. Le comento a Marcelo las noticias, después volvemos a casa nos duchamos y vamos a trabajar.

Tanto Marcelo como César trabajan en la CHA –el primero es secretario, Cigliutti es presidentey en el ANSES. Marcelo en la línea 130 de atención al cliente de 14 a 20. César en el área de Fondo de Gestión, buena parte del día. Cigliutti llega primero, hace las compras y deja todo para que Marcelo cocine. Sirve vino y lo espera. Ven la tele juntos y conversan mientras Marcelo prepara la cena. Pero, ¿es posible que una pareja que en enero cumplen dos años de casados, no discutan por nada?

César: Somos activistas de derechos humanos, eso marca y une también.

-¿Nunca una discusión, una diferencia de criterios?
Marcelo: Discutimos sobre el tema de la edad del consentimiento sexual. Era de 21 años y ahora la dejaron de 18.

-¿Y entonces?
Marcelo: Creo que debería ser a partir de los 14 años. César no está de acuerdo.
César: Eso no debería estar regulado. Depende de cada persona.
Marcelo: ¿Vos sabés la cantidad de llamados que recibimos en la CHA, de gays que son extorsionados por chicos de 17 años que los quieren sobornar después de tener relaciones sexuales?  Nos llaman llorando. Y son cada vez más los reclamos.

Ahora, el matrimonio está viviendo en un departamento provisorio en La Boca –con su perra Rebeca-, mientras aguardan el hogar definitivo, acá a pocas cuadras sobre la calle Tomás Liberti, el lugar donde darán la última de las batallas, la adopción de un niño. “Tiene tres ambientes y preparamos uno para el bebé”, dice Cigliutti. “Además, tratamos de sumar metros cuadrados que eso ayuda para la Justicia. Esta casa tiene 500 mts cuadrados”. Pero qué sucede. Al día de hoy, aun no reconocidos como matrimonio para la ley argentina, ellos sólo pueden adoptar como padres solteros: “Pero es difícil”, admite César. “No tengo tantos ingresos como él para adoptar. Y además, a César no le da la edad en la justicia para hacerlo. Queremos adoptar como pareja. Sino, cualquier cosa que le suceda a uno de nosotros, el bebé se queda sin padres”.
M: Queremos que se aplique la ley de unión civil a nivel nacional. Que se incluya la herencia, la pensión por fallecimiento y la adopción en pareja. Ya hay más de 4000 uniones civiles homosexuales en la ciudad de Buenos Aires.
C: Y que se modifique la ley de matrimonio. Consideramos que el Estado no debe entrometerse en la sexualidad de la pareja. Que la comunidad gay elija si quiere o no la monogamia.

-¿Y ahora qué esperan?
C: Presentamos el reclamo desde el matrimonio ya consumado. La idea es sentar un precedente de matrimonio homosexual en la Argentina.
M: El juez no puede opinar si somos o no un matrimonio. Estamos casados y pedimos protección de la justicia de nuestro país. Uno, siendo homosexual, vale menos para la ley argentina. Los medios no saben lo que es esto. Cuando sos una pareja gay, no importa lo que te digan. Acá sos siempre un ciudadano de segunda.

Desde la puerta del primer piso en la Boca, Sunthein y Cigliutti se despiden abrazados, unidos y complementarios. Forman una linda pareja, armónica y amorosa. Una pareja ejemplar. Pero aun no para la justicia argentina.

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