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Ariana Cano es la primera locutora transexual de Latinoamérica

Buenos Aires – (Critica)

Ariana, la primera locutora trans de Latinoamerica

Ariana Cano se crió entre dos mundos opuestos. El de su padre, un boxeador mediopesado que después de entrenar manejaba un colectivo para llegar a fin de mes, tenía la rudeza de los golpes. El de su madre, una modelo rubia de ojos celestes, brillaba como las pieles que lucía en los desfiles. Ariana nació en un cuerpo equivocado. Durante el tiempo que vivió como varón, su padre quería que subiera al ring. Pero ella se probaba los vestidos de su mamá. No fue ni boxeador ni modelo. Ariana creó su propio mundo: es la primera locutora transexual de Latinoamérica. Mientras lucha para que su nombre de mujer sea reconocido legalmente, sueña con casarse y adoptar tres o cuatro chicos.

“Tuve una infancia feliz, aunque a los cinco años me sentía distinta de los demás. Fui actriz desde chica, porque tenía que disfrazarme y actuar como un nene: me mandaban a jugar a la pelota y me vestían con uniforme de varón. Tenía la fantasía de que había algo mal en mi cuerpo y que en algún momento los grandes se iban a dar cuenta y lo iban a arreglar. Me pedían que me comportara como un chico, pero yo sentía como una nena. Me creía una porquería y pensaba que nadie me iba a querer. ¿Tenía que hacer un curso de macho?”, se pregunta Ariana.

Su padre, Francisco Cano, peleó en el Luna Park. Era primo hermano de Gregorio Goyo Peralta, un peso pesado que protagonizó con Ringo Bonavena uno de los clásicos más importantes del boxeo nacional. Peralta además peleó (perdió por puntos) con el campeón mundial estadounidense George Foreman, en 1972 hizo una exhibición con Muhammad Alí y se exilió en Madrid, donde recibió el apoyo incondicional de Juan Domingo Perón. “Mi viejo murió en 2001. Era machista, pero cuando supo que yo quería vivir como una mujer, me apoyó. Ojo, igual intentó ocultarme. Una vez me regaló guantes de box, pero a mí me gustaban los guantes de seda de mi mamá. Eran el campeón y la bella. ¡De ahí nació una loca trans como yo!”.

Ariana nació en la Maternidad Santa Rosa, en Vicente López. Su madre, Ana María, abandonó el modelaje para criarla. Además aceptó sin chistar la sentencia machista de su esposo: “Dejá ese ambiente. Es de putas”.

Ana María era de esas mujeres que cada dos pasos que daba recibía piropos y propuestas amorosas. Más de una vez, su marido, un celoso empedernido criado cerca de las montañas de San Juan, le rompió los dientes a algún que otro hombre que se desubicó con su mujer. “Era bellísima. Hoy lo sigue siendo. Llegó a desfilar para Ante Garmaz. Yo estaba enamorada de unos zuecos rojos que se ponía. Tenían la base de madera. Me encantaba oír cuando mi madre pisaba el suelo y la madera crujía”.

En su brazo izquierdo, Ariana se tatuó flores. “Parezco un colectivo fileteado”, bromea. Pero el significado de esa imagen es otro: “Busqué adornar el dolor que guarda mi cuerpo en su ADN”.

Decidió llamarse Ariana cuando vivía en Brasil. Ese nombre representa a su signo, Aries, y quiere decir “la que es honesta”. Hasta ese día, todos la conocían como Pachi.

Desde chica, dice, tuvo cara de mujer. “Me costó crecer en medio de la ignorancia del entorno: tuve que vivir hacia adentro y sin apoyo. Los nenes eran crueles, pero sabía defenderme. Esto de tener una especie de doble mente te da training: tenés una visión diferente y amplia”.

MIÉRCOLES 3 PM. La luz roja del estudio de radio se enciende. Se escucha la canción “Me haces tanto bien”, del dúo español Amistades Peligrosas: “…tu sabes que me tienes cuando quieras. Ya sabes como soy. Ya sabes que me entra a la primera. Ahora ya sale algo mejor. ¡Qué calor!”, canta sin desafinar Ariana, la conductora, en el comienzo de su programa El mundo según Ariana, que se emite desde Buenos Aires hacia la FM Bulo de Uruguay (también puede escucharse por www.bulofm.com). Su voz suena clara, suave, sensual, firme. En su programa canta, imita a la Negra Elizabeth Vernaci –unas de sus madrinas artísticas– comenta noticias, pasa música. Además tiene una columna en el programa El Cebador, que conduce el Pato Galván por AM Concepto.

En su programa, los oyentes la llaman, la saludan, le mandan mails, le piden que no deje de hacer radio. Ella agradece y se ríe. Lee un mensaje repetido. Su compañero la carga. Ella responde: “No te olvides de que soy rubia”. Después pide “Like a Virgin”, de Madonna. Antes, bromea: “En la calle las mujeres están como locas. Es terrible. Cada vez hay menos hombres. Los que no son homosexuales, se visten de mujer. Muchos están saliendo del clóset”.

La rutina y el ritmo humorístico del programa no le impiden hacer comentarios serios. El 30 de diciembre, en la última emisión del séptimo año del ciclo, recordó la tragedia de Cromañón, ocurrida hace cinco años. “Me conmovieron los nenitos que murieron en la guardería improvisada en los baños”, dijo emocionada.

Ariana se recibió de productora radial en el instituto Eter. Un profesor le dijo que por su voz debía estudiar locución. Le hizo caso: este año aprendió el oficio y se ilusiona con recibirse. Siempre le gustó la radio. Su madre escuchaba a Héctor Larrea y a Betty Elizalde, que será su madrina cuando se reciba. “Vas a ser mi sucesora”, le dijo la reconocida locutora en el casamiento del diseñador Roberto Piazza.

A LOS PIES DEL BUDA. Hubo un viaje que cambió la vida de Ariana. Cuando terminó de aprobar uno de los exámenes de ingreso a la Universidad Tecnológica Nacional, le surgió un deseo: viajar a la India. No lo dudó: dejó las matemáticas por la vida espiritual y meditó a los pies del gurú Sai Baba. “Me convertí en terapeuta transpersonal y trabajé en el Centro Sai Baba de Palermo. Formé un coro que deleitó a los devotos. Todo eso me transformó: descubrí que todos somos hombres y mujeres”.

Su historia inspiró hace poco más de un año el documental “Ariana, mucho más que un nombre”, dirigido por Gabriel Rugiero, alias “el Brujito Maya”. En el estreno, la organización Putos Peronistas le regaló un ramo de rosas.

Mientras se ilusiona con actuar en una película, Ariana escribe sus memorias. Hay escenas de su vida que por el momento prefiere reservar. Entre ellas, cuando a los 15 años fue raptada por un novio obsesivo. En esa historia hubo tiros, un rescate cinematográfico y un final que no quiere revelar: “Me lo guardo para mi libro”.

Ariana inició los trámites legales para cambiar de identidad. Hasta ahora, en su documento figura el nombre de varón que le pusieron sus padres. Por ejemplo, en cada elección debe hacer la cola en la mesa de hombres. No es su única lucha. También quiere casarse con su novio (llevan ocho años juntos) y adoptar chicos. El 1 de diciembre fue una de las 500 personas que se acercó hasta el Registro Civil de Palermo a vitorear los nombres de Alex Freyre y José María Di Bello, que ese mediodía caluroso no pudieron casarse por un polémico fallo judicial.

–¿Tu sueño es ser madre?

–Desde que era niña. Siempre quise casarme y ser madre. Me gustaría adoptar varios nenes y nenas. Sería una banda de malcriados. Me gustaría que la Federación de Gays, Lesbianas, Bisexuales y Trans me ayude en todo esto. Soy una especie de Susanita. ¡Pero también amo a Mafalda!

–¿Te molesta que te consideren una travesti?

–Hasta hace cinco años pensé que era una travesti, pero nada que ver. ¡No lo soy! Ellas quieren llevar el estereotipo de la mina argentina al extremo: tetas grandes, cola dura. Ellas eligen ser mujer. Yo nací mujer.

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