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Chantajes a gays que no salieron del clóset

Por Cicco – (Critica)

Las denuncias que recibe la Comunidad Homosexual Argentina crecieron el 30% sólo en 2009.

Las denuncias que recibe la Comunidad Homosexual Argentina crecieron el 30% sólo en 2009.

Es un director de escuela de currículum ejemplar. Supera la barrera de los 50. Es padre de dos hijos. Matrimonio impoluto. Buen vecino. Mejor profesional. Nunca consumió prostitución masculina, pero mantiene, a escondidas del mundo, una relación extramatrimonial solapada y secretísima con un joven de 25 años. Como muestra de afecto, el director le paga el alquiler de un departamento y le da para gastos de esparcimiento pues su amante está sin trabajo. Pero la relación termina abruptamente y el joven amenaza con delatarlo si no persiste en el pago del alquiler y sus gastos de esparcimiento. El director explota, teme lo peor y hace la denuncia. Un odontólogo porteño de alta reputación recibe un chantaje de una pareja casual y también joven. Desde entonces, el odontólogo debe rendirle 1.500 pesos de mensualidad para mantener su vida sexual bajo la alfombra. De lo contrario, el mundo sabrá lo que hace el dentista cuando nadie mira.

Un dueño de un local en el conurbano bonaerense, sin una mancha en su historia, se enamora perdidamente de un muchacho de un barrio de clase baja, quien, se entera luego de eso, tiene serios problemas de adicción a las drogas. Conoce a la madre y el hombre decide, para ayudarlos, mantener económicamente a la familia. Un día, el comerciante despierta con la policía adentro de su casa. El oficial a cargo tiene una orden. En la orden se lee que está acusado de corrupción de menores. Quién firma la demanda puede intuirlo usted mismo.

A veces, son historias de una noche. Otras veces, duran meses. El final siempre es el mismo: hay una ruptura que cae como cuchillo, y alguien exige, alguien presiona, y alguien, tarde o temprano, las debe pagar.

“Existe un patrón que suele cumplirse en los casos de extorsiones dentro de la comunidad. Muchas veces, el que dice ser mayor y luego amenaza o extorsiona a la persona diciendo que en realidad es menor es la persona que además seduce y busca el encuentro, ya sea vía internet o en lugares de encuentro gays, o incluso en la propia calle”, cuenta la metodología Pedro Paradiso Sottile, abogado y coordinador del área jurídica de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), uno de los letrados que mejor conocen de primera mano los episodios de sobornos a gays, que llegan día a día en oleadas a su estudio. “Muchas de las víctimas suelen ser personas adultas mayores, que además de no ser visibles, tienen temor a hacer la denuncia pertinente o a hacer pública esa cuestión. Esto complica aún más el proceso”.

Hoy en día, los chantajes a homosexuales que aún no salieron del placard son moneda corriente. En la CHA, de las 1.500 denuncias que reciben al año en el departamento jurídico, entre consultas por discriminación laboral, hombres trans que buscan iniciar trámites para cambiar de sexo en el documento, violencia de pareja, amenazas en familias que no soportan que su hijo transite nuevos caminos, parejas homosexuales que son desalojados tras la muerte de su amante, los llamados por extorsión se multiplicaron prácticamente en el 30% sólo en el último año –y eso que el de los chantajes es uno de los temas más sensibles, pudorosos y reservados de la comunidad homosexual, donde el porcentaje de los denunciantes se reduce al mínimo–. Y, por lo visto, con las cifras que ya se manejan en la CHA en lo que va de 2010, se demuestra que la tendencia sigue remontando vuelo, un barrilete que, en poco tiempo, ya habrá perdido la soga.

Hasta 2009, las cosas eran doblemente adversas y el escenario aún más hostil en materia de sobornos sexuales, amenazas de divulgar los secretos de alcoba y dinamitar así familias enteras y carreras por los aires. La ley estipulaba que recién a partir de los 21 años un hombre dejaba de ser menor de edad –de hecho, en el caso del comerciante que recibió la visita de la policía, el joven involucrado tenía 21–. Pero a fines de año, se reformó el Código Civil y la minoría de edad retrocedió tres años. Hoy, a una persona de 19 ya se la considera mayor de edad, responsable y en sus justos cabales. Y en estos casos, no hay denuncia por corrupción de menores que valga.

Cuando reciben una denuncia de extorsión de esta clase, los asesores jurídicos de la CHA suelen pedir cautela y dan instrucciones precisas, aun en medio de una situación delicada donde un paso en falso pone al denunciante al borde del abismo y lo empuja a un camino de brasas ardientes. “Cuando son amenazas por plata, depende del calibre, les indicamos que hagan las denuncias por extorsión o por amenazas coactivas”, dice Emiliano Litardo, asesor jurídico de la CHA. “Y les recomendamos, sobre todo, que no vayan a la policía. Hemos podido comprobar, que existe mucha homofobia en la fuerza. Le indicamos a los que vienen que vayan mejor a radicar la denuncia a la fiscalía, pues el fiscal tiene la obligación de iniciar un sumario de investigación. Además, como muchos aún no salieron del closet, ir a la comisaría del barrio puede ser tremendo para ellos y su imagen. Acá, en general, las víctimas son gente de clase media alta de más de 45 años, profesionales, que reciben las amenazas de divulgar su identificación sexual en su ámbito familiar o laboral”.

Ahora bien, la modalidad del chantaje no sólo es en términos extorsivos monetarios. A veces, la búsqueda del victimario no tiene fines exclusivamente económicos. Iñaki Regueiro, abogado que asiste a la comunidad homosexual, dice que le tocó recibir de todo: “No siempre el chantaje es por dinero, a veces es por despecho o puramente por un instinto de homofobia. Hay gente que llama a los trabajos o a la familia diciendo: ‘Fulano es homosexual’ y punto. A veces, recibo casos donde más que contención jurídica uno debe dar una contención psicológica”.

Sin embargo, es poco, sostienen, lo que puede hacer el sistema penal en estos casos. Por lo general, las pruebas son escasas y endebles. El caso está rodeado de prejuicios sexuales. Y tapujos. La víctima no quiere que su vida privada trascienda todo límite y termine en un expediente en la justicia. “Esto es una situación extrema y, creo yo, que esto se va a dar cada vez más”, se lamenta Regueiro. “Siempre habrá inescrupulosos jugando con gente que quiere guardar su secreto bajo llave. De cualquier modo, siempre aliento a que hagan la denuncia en la fiscalía y que más allá de que la investigación sea un camino sin salida, siempre sirve al amenazado dejar asentado un registro”.

Paradiso Sottile, el coordinador jurídico de la CHA, dice que, sobre todo, dada la ola de chantajes, es mejor ser un poquitín desconfiados. “Nosotros consideramos muy importante, por ejemplo, que en estos casos el encuentro se haga en lugares de acceso público –advierte Sottile–. Y siempre hacer notar y avisar a un amigo o amiga dónde está uno y con quién. Ello ayuda a evitar estos problemas en el futuro. Y si el único móvil de esta gente es el robo o la extorsión, generalmente si saben que el otro está acompañado, desisten del encuentro y así uno se salva de transitar toda esta situación traumática”. Ya lo dice el refrán: siempre es mejor prevenir que curar, y aún mejor, eludir que llorar.

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