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La Muñeca Torta

Por Susana Guzner – (SentidoG.com)

La Muñeca Torta

Sábado tonto, afuera invierno y lluvia. Navego Internet pegada al calefactor y zampando buñuelos. A golpe de bytes amarro en una web que vende dykedolls. Translation: muñecas tortas. Una contrapropuesta radical a la hipermegahetero Barbie, pero Barbies al fin ¡Alucinante! Tres modelos: Diesel Doll, una camionera en verde oliva y geta de “ojito conmigo, soy de  embrague fácil”. La Rockabilly luce jeans y camiseta escotada debajo de su cazadora de cuero negro y la Doc Dolly es country de los pies a la cabeza, una Parton en plan bollo. El detalle morbo es que estas angelitas son también vibradores con certificado de garantía. A saber dónde me cabría el sombrerazo Tom Mix de la opípara Dolly.

El comercial estereotipo virado a lésbico me causa mucha gracia y decido obsequiarle una dikedoll a alguna niña – como juguete, su otra función ni mentarla -, pero como no uso nenas en mi entorno íntimo me veo obligada a inventarme una.

Mi imaginación se desborda y hasta me adjudico una vida nueva. Tengo veintitrés eneros, soy linda como una flor y sobran visitas en el lado libre de mi cama. Diseño zapatos fashion, gano dinerales y viajo a países llamados exóticos por los Tour Operadores, en vías de desarrollo por el Banco Mundial y miserables por aquellxs que aún conservan un centímetro cúbico de conciencia.

Arrebatada, me confiero dotes de intrépida, seductora, gloriosa. Nací niña prodigio y pronto me doctoré en Letras, Económicas, Bellas Artes y Derecho. Hago rafting, monto una Harley, bailo que tumbo, canto que ni la Dion, practico esgrima, soy consumada ajedrecista y Pulitzer de poesía. Domino siete idiomas y la astrofísica no tiene secretos para mí. También bordo primorosos chales en punto cruz. Una joya, modestamente.

Mi madre dirige una ONG y mi padre la espichó porque me niego a imaginar una apostólica “figura paterna”. Tengo un hermano menor (¿Ariel?) pero lo enrolo de inmediato en un mercante, suerte, nene, trágate todo el ron de Poga Poga, y una hermana mayor muy tradicional que debutó como hetero, luego se autoproclamó bi y ahora es más sáfica que servidora, que ya es decir. Fruto de su versatilidad tiene una hija, Pilar (nombre de anciana postmoderna), que pronto cumplirá seis añitos de pura fibra, pizpireta y contestataria.
Pilar es la candidata ideal. Esta nena entiende. Basta verla en el parque cotejando vecinitas con ojos de oveja degollada, o calentona, con mayor propiedad. Adjudicado, no se hable más. Me decanto por la Rockabilly – ese collar tachonado, grrrr –  treinta dólares más otros cuarenta de envío, enter, y me quedo tan ancha. Mi sobrina saltará de alegría, y también su madre y abuela, que si no entiende es porque reconoce que se le pasó el caldo.

Rebobinemos. Esta mañana recibí a mi AngelinaJota, que así la he llamado. Está anocheciendo y no he parado de jugar con ella. Hacía años que no me sentía tan excitada como Pilar con muñeca nueva, en el inverosímil supuesto de que Pilar exista.

Susana Guzner es autora de La insensata geometría del amor, Punto y aparte, 72 juegos para jugar con el espacio y el tiempo, Detectives BAM, Aquí pasa algo raro y varias antologías. Colabora con diversos portales de Internet y medios convencionales.

http://www.susanaguzner.com
http://www.facebook.com/susana.guzner

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