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Censuran exposición en España por insinuación de un Jesus homosexual

Madrid – (El Tiempo)

‘La duda de Tomás’ hace referencia al pasaje bíblico donde el apóstol, incrédulo de la Resurrección de Jesucristo, comprueba la veracidad del hecho tocando su herida.

Una encendida polémica se vio acompañada por la imagen de la Virgen María como prostituta.

La duda de Tomás

A lo lejos, era un rostro enorme, conocido, sufriente, coronado de espinas, compasivo a pesar de todo. Era Cristo. Los visitantes, conmovidos, se acercaron para verlo. Pero saltaron al instante. Asqueados. Esa imagen, venerada hacía unos segundos, se transformaba para ellos al saber que lo que la componía eran una serie de senos de revista minuciosamente recortados por una artista. La escena hace parte del cuento Nipplejesus (algo así como Jesús de pezones), del escritor norteamericano Nick Hornby, y reafirma lo que por estos días vuelve a estar en el centro del escándalo, y es que tocar la imagen sagrada puede traer sus consecuencias.

El artista español Fernando Bayona (1980) vio cómo descolgaban el pasado 16 de febrero su muestra Circus Christi, de 14 fotografías sobre la vida de Cristo expuestas en la Universidad de Granada. Alguno de los 38 visitantes que pisaron la sala -y tal vez ni las vio- se ofendió y lo amenazó de muerte al ver que mostraba a un Jesús gay dejándose manosear y besar por efebos dignos de una campaña publicitaria de jeans, unos Judas y San Juan Baustista amanerados, así como a una Virgen María de bares, cabareteras y corsé. Hoy, el alboroto cruzó las cuatro paredes del recinto y millones de ojos se han posado sobre las imágenes vetadas, que se multiplican como arroz en los portales de Internet.

Lo paradójico es que cuatro fotos de esta misma serie -La anunciación, El nacimiento, El bautismo y Jesús y Magdalena- ya habían sido expuestas en junio del año pasado en la misma ciudad sin levantar polvareda. Tal vez pasaron el ojo censor al ser resultado de tres becas de creación: la Manuel Rivera, la Magnum y una de la junta de artes plásticas del ayuntamiento de Andalucía que, por cierto, en ese entonces adquirió las imágenes luego de darle el primer premio en un certamen artístico oficial. Por eso, el artista simplemente dice que se siente asombrado por el tono que adquirió (leer entrevista con el artista), aunque, para ser francos, de no haber sido censurada, pocos habrían abierto la boca sobre el tema.

¿Qué es lo que resulta ofensivo de estas imágenes que van en contravía de la norma? La humanización de lo sagrado sin duda incomoda, pues Cristo, a diferencia de muchas deidades de otras latitudes, es la única representación célibe e inmaculada. Transgredir esto ya es meterse en honduras. Insinuar que es homosexual va en contra de la doctrina católica que no ha hecho más que condenar la conducta, calificándola de inmoral. Ya en una ocasión, cuando Elton John dijo en la revista Parade que Cristo había sido un hombre “compasivo, gay y superinteligente que entendió los problemas humanos”, se le vinieron encima las ligas cristianas antidifamación, por considerar que dichas afirmaciones eran un ultraje, pues “la sodomía es un pecado pernicioso -decía Gary Cass, de una de estas organizaciones- y afirmar que Jesucristo era un homosexual es alegar que ejerció una actividad malvada y pervertida”.

Dos puntos de vista

Lo claro aquí es que la discusión va por dos lados: la de la libertad de expresión y la artística. Desde el primer ángulo, es natural que el artista tenga todo el derecho a mostrar lo que quiere y piensa. Óscar Celador, profesor catalán de Derecho Eclesiástico del Estado y de Libertades Públicas, insistió en que “los poderes públicos tienen la obligación de salvaguardar el pluralismo ideológico y religioso, y al clausurar la exposición se ha creado un precedente muy delicado”. El propio Bayona quisiera, con sus fotos, denunciar las conductas impropias de la Iglesia. Que lo logre o no es otra cosa.

El otro, el artístico, tiene otro matiz. Para la historiadora del arte María Soledad García, las imágenes son tan literales y carentes de textura que el artista tiene que recurrir al segundo y tercer plano para seguir suscitando controversia. Explica que algunas de las representaciones de Cristo del Renacimiento y del manierismo podrían ser calificadas de homosexuales, pero, claramente, no encajan en el canon de hombre sexy tipo Benetton, de estética soft gay, depilado y atlético que se percibe en las imágenes en cuestión. Y se pregunta: “De la publicidad te queda la marca ¿y aquí? ¿Será el escándalo?” Parece.

Ya en Estados Unidos el tema se había tratado, cuando el artista Andrés Serrano sumergió en orina a un Cristo, Chris Ofili pintó una Virgen María, negra y cubierta de excrementos de elefante y Rennée Cox reinterpretó La última cena, cambiando a Jesús por una virgen negra con los pechos al aire. José Falconi, curador del centro Rockefeller de Harvard, consultado, piensa sobre Circus Christi que “esta serie de imágenes es una manera de provocar que no es sorpresiva y, por lo tanto, ya no tiene valor estético”.

Tal vez Bayona, sin buscarlo, cayó en el juego de la artista del cuento de Nick Hornby que vio cómo, por fin, en un arrebato de furia queman y pisotean a su Jesús de pezones, lo cual la llenó de alegría, pues, finalmente, cumplió lo que para ella es el objetivo del arte: el escándalo. Algo que ya tampoco sorprende.

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