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Diversas opiniones de los rabinos argentinos sobre el matrimonio gay

Buenos Aires – (AJN)

Cuatro rabinos de la Argentina fijaron su posición sobre la ley que se debate en el Congreso sobre el matrimonio entre personas de un mismo sexo, y más allá de algunas diferencias en las posiciones, todos coincidieron en apuntar que la ley judía castiga la homosexualidad.

El rabino Samuel Levin, principal referente de la ortodoxia judía en la Argentina y representante también de los rabinos del Agudath Israel, organismo que reúne a los ultraortodoxos de todo el mundo, abrió el debate en el escenario del judaísmo al declarar a  esta agencia que es “un escándalo espiritual” que el Congreso argentino debata una ley que permita el casamiento entre personas del mismo sexo.

“¿Cómo un diputado puede levantar la mano para legalizar una extorsión humana que puede destruir todo lo que es la familia?”, se preguntó Levin.

Para el religioso, la norma que recibió media sanción de la Cámara de Diputados y que espera ser tratada en el Senado “es la destrucción de la vida matrimonial”.

Por su parte, el rabino Abraham Skorka, de la Comunidad Benei Tikvá, dio su voto a favor de la “unión entre homosexuales”, pero aclaró que este contrato “no se llamaría matrimonio, que está definido por característica heterosexuales”.
“La visión judía acerca del matrimonio habla de la unión entre un hombre y una mujer, y el cuadro bíblico primigenio lo define como el estado ideal del hombre”, agregó el religioso.

También en diálogo con AJN, Skorka sostuvo que la Argentina vive “en una realidad democrática y sabemos perfectamente bien que existen personas que tienen una sexualidad definida en otro sentido respecto de la concepción bíblica”.

El religioso consideró que “a estas personas, con el máximo de los respeto, se les debe dar la posibilidad de conformar una unión”.

No obstante, Skorka aclaró que “el judaísmo no aprueba la homosexualidad, la Biblia explícitamente lo prohíbe y el Talmud lo plantea y lo soslaya”.
El rabino indicó que la homosexualidad es condenada con “pena capital”, aunque aclaró que “de allí a la pragmatización hay un trecho muy largo”.

Para Skorka, “el gran punto de la discusión es el tema de la adopción” y en este terreno no aceptó la posibilidad de que las parejas homosexuales accedan a este derecho.
Según su interpretación, esta condición de homosexualidad “pone en riesgo la vida de un nuevo ser”. “Los estudios describen como afectaría la psique de un chico adoptado por una pareja de un mismo sexo”, agregó.

“Entiendo que hay parejas heterosexuales que afectan la psique de un chico con conductas aberrantes, pero -no como religioso sino como una persona que busca cuidar la salud de la sociedad- no se puede aceptar la adopción por parte de parejas homosexuales”, enfatizó Skorka.

El rabino Daniel Goldman, de la comunidad judía porteña Bet El del barrio de Belgrano, respaldó la propuesta que se trata en el Congreso argentino y argumentó que el matrimonio en general “es una institución del derecho civil decidido en democracia”.
“Personalmente creo que los homosexuales también tienen el derecho a contraer matrimonio”, manifestó el religioso.

Goldman fue contundente al expresar que “no permitir el matrimonio entre dos personas de un mismo sexo se trata de un acto de discriminación”.

Otro de los que se sumó al debate fue el rabino y director de Jabad Lubavitch Argentina, Tzví Grunblatt, quien se sirvió de la Biblia y del Código de Leyes del judaísmo para definir su posición.

“En el judaísmo está muy claro, tanto en la Biblia como en el Código de Leyes, que no hay lugar para el matrimonio homosexual y que de acuerdo al judaísmo es una situación que puede ser superada trabajándola profesionalmente”, dijo Grunblatt a la Agencia Judía de Noticias.

El religioso explicó que “en Estados Unidos, por ejemplo, ya hay profesionales que trabajan en el sentido de superar la situación de aquellas personas que se vean afectadas por una tendencia homosexual”.

No obstante, dejó en claro que su postura no implica, bajo ningún concepto, la discriminación o expulsión del individuo.

“Esta postura no implica bajo ningún concepto que hay que expulsarlo o discriminarlo, sino que por el contrario, hay que ayudar al individuo a superar la tendencia y no convalidar algo que si Dios en la Torá lo ve como incorrecto, es porque no es bueno para las personas”, aclaró, por último, Grunblatt.

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