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El diputado que votó a favor del matrimonio gay por su hijo

Por Martin Artigas – (Perfil)

Marcos y su pareja, Carlos; y Ricardo y su esposa, Rosa –alias Gigí–, en la Feria del Libro 2010, en la presentación de un libro del socialista Hermes Binner.

Ricardo Cuccovillo es diputado y esta semana puso como ejemplo la relación que su hijo mantiene con otro hombre para defender la ley de matrimonio gay.

Su discurso llegó sobre el final de la sesión, luego de largas horas de debate y apenas unos minutos antes de la votación que le otorgó media sanción a la ley. Con voz quebrada pero lleno de convicción, el diputado socialista por la provincia de Buenos Aires Ricardo Cuccovillo adelantó su voto llevando su argumentación a un terreno personal. “Tengo tres hijos: dos varones y una mujer. Uno de mis hijos varones es gay, un ser humano que yo considero que tiene igualdad de derechos y de sentimientos que el resto”, expresó ante

un recinto que lo seguía en silencio. Desde las gradas, su hijo Marcos, escuchaba emocionado el alegato. “La verdad es que me tomó por sorpresa, porque pensé que papá se quedaba afuera de la lista de oradores por la hora que era”, recordó este militante por el reconocimiento de la diversidad sexual, de 32 años. “No sabía qué iba a decir, aunque más o menos lo intuía porque es su realidad, es lo que vivimos todos como familia en lo cotidiano y él es un hombre de convicciones. Sentí un orgullo impresionante al oírlo y se me puso la piel de gallina.”

—¿En qué momento pudiste hablar con tu papá sobre tu orientación sexual?

MARCOS CUCCOVILLO: Fue en una charla que tuvimos cuando tenía entre 19 y 20 años. Mi padre fue la primera persona de mi familia con la que hablé. Y cuando lo hice me di cuenta de que había perdido mucho tiempo encerrado en ese closet, del que tendría que haber salido mucho antes. Fue como otra vida.

—Tienen una relación de mucha confianza, ¿no?

MC: Sí, inconscientemente siempre supe que contaba con el apoyo de mi familia, pero no sabía cómo afrontar lo que la sociedad mi imponía. Era como que ellos trataban de abrir la puerta de mi closet y yo estaba adentro sosteniéndola, hasta que la solté y ellos me ayudaron a salir.

RICARDO CUCCOVILLO: La verdad es que sentí un poco de culpa por no haber abierto los ojos antes, porque el ser humano siempre manda señales. Quizá Marcos se hubiese aliviado de llevar una carga muy pesada, de tener que tapar cosas y de esconderse si hubiéramos hablado antes. El niño discriminado por judío o por negro es discriminado por la sociedad, pero va a su casa y tiene cariño, puede llorar y reflexionar con sus padres y sus hermanos. El hijo homosexual, en cambio, no siempre puede hacerlo, entonces todo lo que sufre lo tiene que llorar en el baño. Está peor en ese sentido.

—¿Qué diferencias notaron a partir de poder compartir esa charla?

MC: Para mí fue significativo. Me sentí más libre, pude empezar a expresarme, presentar a mi pareja… Hace siete años que estoy en pareja, y con él conformo una familia que forma parte de esta familia grande. Charly es un nieto más para mi abuela, un sobrino más para mis tíos y un hijo más para mis padres.

RC: Es verdad. Nos unimos con la familia de Charly, compartimos los cumpleaños, cenas… Es algo natural, como pasa con todos los hijos. Charly es un hijo adoptivo para nosotros, como toda nuera o yerno.

—Si se aprueba la ley, ¿hay planes de casamiento?

MC: La verdad es que estamos poniendo todo el esfuerzo para que la ley salga. Por eso estamos luchando con mi pareja, que es también militante del Partido Socialista y también militante por la diversidad. Creo que es hora de dar un paso hacia una sociedad más justa y más igualitaria. En ellos, en nuestros representantes, está la responsabilidad de hacerlo hoy en día, y estoy orgulloso de tener un papá al que justo le haya tocado formar parte de esta votación histórica.

RC: ¡Yo no le insisto a mi hijo con el casamiento, eh! (risas). Lo empujo para tener nietos, nada más.

—¿Qué les diría a los que sostienen que una pareja gay no está en condiciones de criar a un chico?

RC: Que se descontracturen, que asuman la realidad, que hay muchos hijos esperando padres, esperando amor. El amor no lo da una sexualidad determinada, sino el ser humano que quiere dar amor. Mi padre, por ejemplo, fue adoptado, y la verdad es que el apellido Cuccovillo es de quien nos acogió. Si bien mi abuelo falleció cuando mi padre era joven y yo no lo conocí, a mí se me hace un nudo en la garganta cuando hablo de él, porque es quien nos dio la estructura que tenemos. Y la verdad es que ese hombre crió a ese hijo en gran parte solo, porque se había separado de su señora. El creyente podría entender que Dios hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, pero una vez que los hizo los dejó que resolvieran libremente lo que querían hacer. Dios tuvo esa grandeza, en todo caso. Hay muchas tribus primitivas y no tanto alrededor del mundo en las que los hijos son hijos de la comunidad, sin rótulos de “padre” ni de “madre”. ¿Entonces qué pasa? ¿Qué pasó con mi señora y conmigo, que tenemos un hijo homosexual? ¿Qué pasa con esa pareja de lesbianas que cría un hijo que es heterosexual? Tal como lo mencionó el diputado Felipe Solá, hay mucha hipocresía alrededor de todo esto.

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