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Presentación del Manual de la buena lesbiana en Rosario

Rosario – (SentidoG.com)

Librería Ross presenta este jueves Manual e la buena lesbiana, de Ana Francis Mor.  Acompaña a la autora, Pedro Paradiso Sottile, abogado de la CHA y Delegado Regional de la Asociacion Internacional de Gays y Lesbianas para Latinoamerica y Caribe (ILGA LAC).

La activista mexicana Gloria Careaga ha realizado un excelente articulo donde manifiesta sus comentarios del libro, que reproducimos a continuación:

Manual de la buena lesbiana

Cuando Ana me invitó para estar en esta presentación, me asaltaron varias preguntas, en calidad de qué quiere que esté ahí. ¿Como académica? ¿Como dirigente? ¿Como amiga? ¿Como lesbiana? Conocí algunos de los textos del Manual durante la publicación de la columna, no todos, confieso; y los había disfrutado, más aún cuando se leyeron en la celebración de las Rebeldías Lésbicas de 2007. Quién sabe por qué en bola se disfrutan más, pareciera que a cada una de las asistentes tocaban la puerta distintos aspectos, o los mismos aspectos nos tocaban de manera diferente, no sé, pero como que nos contagiaba.

Las lesbianas somos un sector de la sociedad todavía poco conocido. La lucha por la visibilidad lésbica pareciera una tarea que no logramos concretar. O mejor dicho, se concreta a pasos vacilantes y cada vez aparece otra prioridad -que si la inclusión de las trans, la violencia a las mujeres, la lucha por la despenalización del aborto, ahora las intersex-. A pesar de que el movimiento lésbico en la ciudad de México, y tal vez en el país, ha sido el más consistente, porque no ha cejado en su condición política, hay poco reconocimiento social a este esfuerzo. No obstante las violaciones, el silenciamiento, la violencia que enfrentan cotidianamente, las lesbianas no han dejado de mantener abierto el clóset, dar la bienvenida a las nuevas y seguir definiendo estrategias para enfrentar al conservadurismo. Más de 30 años y seguimos en la lucha por la reivindicación de nuestros derechos. Pero es evidente que la realidad que hoy enfrentan las lesbianas en esta ciudad, es muy distinta de la de finales de los setenta, cuando inauguran la Marcha de Orgullo, o los noventa, cuando se consolidó la presencia LGBT a toda voz en la ciudad. Cada vez más podemos encontrar manifestaciones públicas de afecto entre personas del mismo sexo, en más espacios. Para mí, mirar a las parejas de chicas conversando, tomadas de la mano y con alguna expresión afectuosa al paso, en la explanada de la Facultad de Psicología, es todavía una sorpresa –incluso me apena, porque algunas pensarán que soy homofóbica, cuando las miro sin dar crédito a lo que observo-. Pero ¿cuáles serán las reflexiones de estas chicas en torno a su condición?

El Manual de la buena lesbiana viene a traer a grandes capas de la población aquello que hoy los grupos no pueden dar. El movimiento LGBT se ha transformado. Pasamos del pecado a la enfermedad y de ahí a convertirnos en interlocutores legítimos para demandar los derechos ante las autoridades y prácticamente, la mayoría hoy se dedica a la gestión política, sino es que a buscar un puesto o una posición cercana al poder. Además en esta inmensa ciudad, con una amplia oferta de bares, revistas, redes sociales cibernéticas, programas de radio, restaurantes y cafés, ¿cómo se conquista una audiencia para el trabajo colectivo, cómo se invita a ser activista… de qué? Más allá de las marchas, cada vez cuesta más reunir a la gente, si no es alrededor de un espectáculo. Los grupos de conciencia, la reflexión colectiva prácticamente ha desaparecido o las iniciativas vigentes resultan como la gota que trae el colibrí para apagar el incendio.

La lectura del Manual me llevó a recorrer de nuevo, mi propia experiencia de vida, las complejas relaciones familiares que Ana no gratis define como “energía oscilatoria y trepidatoria, centrífuga y centrípeta”, resultan convulsionantes para cada una de nosotras; acá el texto incluso nos prepara para las próximas reuniones de navidades, sobre todo para quienes no logran aún celebrarlas con su propia familia, en reunión con el pasado, el presente y el futuro, como dice Gabriela Serralde; esa familia propia, la construida a través de nuestras relaciones; recorrí inevitablemente también mis relaciones de pareja –incluyendo aquellas con las bugas, las bi y las activistas, magistralmente descritas en el texto con todas sus contradicciones y tentaciones-. Las constantes entradas y salidas del clóset, voluntarias e involuntarias; hasta la pereza de la definición pública, cuando no hay tiempo ni gana de entrar en detalladas y muy probablemente inútiles explicaciones, si más bien andas de vacaciones o dejaste la camiseta de activista en el carro. Porque, efectivamente, no importa cuántas veces hayas salido en la tele, o en los diarios, el mundo es heterosexual, y alguien te preguntará por el marido y los hijos, así, en masculino: ¿tienes hijos?, o ¿cuántos hijos tienes?, como señala la autora.

Afortunadamente, como ya he dicho, el Manual no es relato del calvario, aunque a veces una sienta que anda recorriéndolo cada día; Ana deja ver en estas 40 lecciones mucho del disfrute del ser lesbiana y los logros conquistados por la lucha de este transgresor movimiento. Manifiesta descaradamente sus deseos y placeres sexuales por las mujeres, especialmente por su señora esposa; como señala Lydia Cacho en el prólogo de la obra, Ana “dinamita” así el clóset.

No obstante, Ana pareciera no buscar con esta obra abrir las puertas del clóset, simplemente dejar claro ante los ojos de todo el mundo que así vivimos, que lo disfrutamos y que queremos que cada día más lesbianas lo disfruten también. Al cabo ese ha sido el interés y fin primordial de la lucha LGBT o por lo menos el de las lesbianas.

Pero las correrías aquí narradas no son las de una lesbiana cualquiera. Ana, en el Manual, cuestiona el status quo; aquilata las experiencias vividas a través del intercambio con distintas mujeres para “mirarse desde las otras y desde afuera”, y a través de otras culturas, y se interroga sobre las formas tan naturales de reproducción de lo establecido y el para qué de la vida de los antros y el gueto. Al mismo tiempo, no deja de señalarnos sus observaciones sobre la injusticia social y los desafíos que tenemos enfrente. Porque deja ver también su interés por continuar dándole al cambio social y una tendencia clara a la construcción colectiva. No sólo en el deseo que veo de la continuidad de este espacio y con Las Reinas Chulas, sino formando parte de redes e incluso jalando a René Prudencio para colaborar en este número.

Pero hay una cosa más que quiero destacar: Ana Francis desde el inicio del Manual trata de tomar distancia de lo académico y sus miradas acartonadas para llevarnos por una reflexión ligera, aunque no simple, sobre la vida cotidiana del ser lesbiana. No se da o no quiere darse cuenta que a través del recorrido, va organizando un buen volumen de información que cualquier investigadora disfrutará enormemente, como un estudio de caso. En el recorrido toca con ese ingenio que le caracteriza cada uno de los momentos divertidos, pero también los dramáticos que enfrenta una lesbiana que vive en una ciudad como la de México, en donde va tomado conciencia de sus derechos para darse fuerza y enfrentar las actitudes e ideas homofóbicas de quienes la rodean y mide el terreno cuando sale de la ciudad y se enfrenta a otras realidades, dando así cuenta de la variedad de vivencias de las lesbianas en este país. Su texto me hizo recordar los de Eribon y Halberstam, quienes a través de su análisis te hacen revivir experiencias diarias y estrategias; Ana, a través de la experiencia, nos lleva a identificar las incomodidades comunes y reflexionar sobre nosotras mismas y nuestra cotidianidad.

No es un manual de 10 pasos para lograr algo. Es en realidad una invitación a la reflexión sobre nuestras vidas, algunas veces con rabia y dolor, pero la mayoría de ellas a través de la ironía y el humor; la sonrisa fácil y hasta la carcajada son inevitables al encontrarnos en el texto; nos invita así a reírnos de nosotras mismas como nos retaba Rosario Castellanos. En la lectura me ha acompañado permanentemente la sabiduría de Graciela Hierro, no pude dejar de encontrarla y revivir conversaciones y el cariñoso acompañamiento de sus argumentaciones, que resumo en una frase socrática que ella repetía: “una vida sin reflexión no vale la pena vivirla”.

Y el texto, al buscar distanciarse de la teoría, me revivió la propuesta feminista de construir teoría desde otros lugares. Pone en jaque qué es la teoría y cuál es su fin, recitar autores, hablar y escribir como algunas de ellas, porque no les entiendo; proveer de miles de referencias y citas; ir en el tema punta –o finalmente de moda-; o buscar los mecanismos para comprender la realidad y si se puede transformarla. Ana se aleja de la academia acercándose profusamente, en un “sano” acercamiento –sin el ánimo de psicologizar de más- que termina dándonos lecciones y aquí está la esencia del Manual, en sus lecciones para mirar hacia dentro, sin dejar de observar nuestro entorno.

Así, nos deja ver que la construcción teórica sobre la lesbiandad en México es aún un tema incipiente, si no es que pendiente. Y que los recorridos por la cotidianidad es el basamento de donde podemos dar luz y continuidad a nuestras reflexiones, personales y teóricas.

Así que te agradezco profundamente, Ana, la invitación a la lectura detenida, lo disfruté enormemente y me trajo nuevas ideas para las tareas que tenemos pendientes. Y les invito para que lean este Manual, como señala Lydia Cacho, no es una lectura sólo para lesbianas, sino para todas aquellas personas interesadas en comprender mejor otros estilos de vida. Las experiencias de una lesbiana aquí narradas están además matizadas por sus propias reflexiones, cuestionamientos, fantasías y sueños, a través de los que construye nuevas realidades; así que les invito a placenteramente, reconstruir la suya.

Manual de la buena Lesbiana
Ross Centro Cultural – Cordoba 1347 (Rosario – Argentina)
Jueves 27 de mayo 19hs.

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