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Una anécdota personal

Por Diego Tedeschi*

Tener que contarles una parte de lo vivenciado con Carlos Jáuregui es algo que me da orgullosa felicidad. Nuestra relación afectiva fue corta pero intensa. Me consideré un buen compañero, quizá pudimos ser buenos amigos. A nuestro modo lo fuimos. ¿Cómo ser amigo de un tipo como Carlos Jáuregui? Muy fácil, estando a su lado, compartiendo mucho, estando, compartiendo.

Quiero tratar de acercar un poco de lo que Carlos significa. Todo desde mi perspectiva, claro, desde mi romanticismo en la distancia, desde mi nostalgia por su ausencia y tratando de ser honesto, con él sobre todo.

A mediados de 1995 recibí un llamado. Me invitaban a participar en un programa de tv diario, de esos horriblemente armados: panelistas homofóbicos, tribuna homofóbica. Fui por sugerencia de Carlos. Querían una cara nueva, un gay distinto. Carlos me vio distinto. Casi ni participé, pero al llegar a casa mi compañero de convivencia de entonces, el Jefe de Redacción de NX Periodismo Gay para todos, Oscar Vitelleschi, me avisó que había llamado Jáuregui y yo temblé. Volvió a llamar y hablé con él. Me felicitó. Me aflojó: “por fin una cara nueva y con argumentos distintos”. Yo casi no dije nada pero él vio la intención. Quizá por eso me convocó, aunque ya estaba hasta la médula siguiendo su activismo gay, para participar en la renovada Gays por los Derechos Civiles. Armó un grupo muy potente y con TODOS sus integrantes VISIBLES. Era la primera ONG gay cuyos miembros dábamos la cara: Álvarez, Hourcade Bellocq, Feldman, Vani, Raíces Monteiro, Pizzi, Ferreira, Talavera.

Desde ese instante conocí al otro Jáuregui, al compinche, al tipo que me enseñó “lo que vos seas, sos”. Carlos te respetaba por ello. Y con él empecé mi camino de militancia política, le confié sobre mis amoríos e inquietudes, mis temores y reflexiones políticas, con él viajé y marché haciendo activismo, aprendí a sentirme ORGULLOSO de ser GAY, con Carlos bebimos mucho también, de lo bueno y de lo malo. Y sobre todo me permitió estar a su lado sosteniendo la lucha por nuestros derechos.

La nostalgia me está ganando la partida. Porque no puedo dejar de pensar en esas cosas bellas que pasamos juntos, las acciones políticas, como cuando me permitió gritarle con un megáfono a la policía (junto con otr@s compañer@s), frente al departamento central, para que dejaran de perseguir a las travestis o cuando nos encadenamos a la embajada de Chile con Ilse Fuskova, Loahna Berkins, Claudina Marek, Belén Correa, Bibi Lorenzano, para que finalizara la condena a la homosexualidad en el país trasandino. O las fiestas de los Premios Nexo, esas sí que las pasábamos con alegría. Fueron años de plomo y de sostenida lucha, porque la democracia nos regalaba la posibilidad de marchar cada 28 de junio con lluvia y frío, desde Plaza de Mayo a Congreso (como ahora cientos de miles lo hacemos en noviembre) el Día del Orgullo, pero aún padecíamos razzias y redadas policiales en pubs y boliches. Con Carlos me animé a todo: a ser yo, a visibilizarme del todo, a presentarle a mi familia, a mis amigos, que fuera parte como todo mi entorno LGTB en mis cumpleaños con la otra parte de mi vida: familia y amigos heterosexuales.

Jáuregui se fue. Puedo decir que estuve allí. En sus últimos días. Estuve cuando le cerraron los ojos en la calle Paraná: fue la primera persona que falleció delante de mí. Vagamente recuerdo a Peco, César, Marce, Alejandro, Fabio, Diego, José Luis, Javier, Gerardo y Marcelo tipos que lo querían y construyeron con él el camino de la visibilidad y la lucha por los derechos de las minorías sexuales. Carlos fue velado con sus anteojos típicos puestos, fue homenajeado en la puerta del Congreso de la Nación por muchos referentes de la política nacional y fue enterrado en la Chacarita. En los primeros cinco años lo visité con claveles en su tumba, luego preferí atesorarlo en mi corazón y en mi memoria, en tantas cosas que podría seguir contando y en las más prohibidas, como la latita que conservo con el mismo aroma que supo guardar él.

Carlos Jáuregui hizo su camino. Dejó una huella entrañable. Estaría orgulloso de los logros que conseguimos en todos estos años. Se hubiera casado seguramente, porque era un eterno enamorado. Dejó un hueco que nadie pudo llenar hasta ahora. Lo que enarboló, en las disidencias notables que tenía con muchos y muchas de sus pares y en el consenso y el debate. Carlos es hoy nuestra bandera de igualdad, de libertad y de  diversidad. Y de coherencia política. Eso me dejó. Eso nos dejó. Y que cada uno es lo que dice ser.

*Activista de Gays por los Derechos Civiles (1995-1997); miembro del Grupo Nexo (1994-1998); editor y redactor de Revista NX, Periodismo Gay Para Todos (1994-1998); jugador de Los Dogos, equipo gay de fútbol argentino (1997-1998 / 2007-2010); fundador y actual presidente de la asociación civil DAG-Deportistas Argentinos Gays (1998-2010)

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