Your message has been sent, you will be contacted soon

Call Me Now!

Cerrar
Inicio » .resaltado » Fobias pasivas: lo que nos cuesta decir sobre el sexo anal

Fobias pasivas: lo que nos cuesta decir sobre el sexo anal

Por Xavier X.- (SentidoG.com)

Lo que nos cuesta decir sobre el sexo anal

Los varones gays dedicamos una buena parte de nuestros pensamientos cotidianos al sexo anal. Se asume que es el menú principal de nuestros encuentros sexuales, el epicentro de nuestros placeres carnales. Sin embargo, lo que se supone más placentero también suele ser lo más complicado (aunque nos dé vergüenza reconocerlo).

Recientemente, el site Gay.com realizó una encuesta entre sus lectores, preguntando por las obsesiones del sexo anal, desde un rol pasivo. Sorprendentemente, sólo el 47% respondió no tener ningún problema y disfrutarlo. ¿Qué pasó, entonces, con el resto? No eran precisamente activos… El 26% expresó que desearía disfrutarlo más y que está trabajando en ello; el 16% comentó que había tenido inconvenientes en el pasado, pero que ahora había logrado relajarse y disfrutarlo; el 7% afirmó que es motivo de gran preocupación y que no están seguros si lo probarían; y el 4% más categórico afirmó que detesta esa práctica.

¿Se identificaron con alguna respuesta? Yo creo haberme reconocido en todas, en diferentes etapas de mi vida sexual. El sexo anal pasivo puede ser increíblemente placentero, pero también hay muchas fobias que lo rodean: puede ser doloroso, es una de las prácticas más riesgosas para contraer enfermedades, y nadie sabe cuánta materia fecal nos sorprenderá en el intento (con perdón de la mesa).

Todos estos factores de la realidad del coito contrastan con las maravillosas imágenes de las películas porno. ¡Por qué todo se ve tan fácil ahí! ¡Cientos de hermosos hombres dando y recibiendo sin ninguna complicación! Bueno, para el terapeuta sexual Don Shewey estos films son contraproducentes en cuanto a lo que él denomina “vergüenza de competencia”, es decir: “si no puedo hacerlo o si no me gusta, significa que hay algo mal conmigo”. Y la verdad es que no todos podemos ser activos y no todos podemos ser pasivos.

Pero hay un segundo tipo de vergüenza que señala Shewey, y es la “vergüenza del pasivo”, según la cual “si me gusta que me penetren, o incluso si sólo fantaseo con ello, significa que soy menos hombre”. Esto no es nuevo, desde ya, pero persiste y en mayor o menor medida todos albergamos un residuo machista en este sentido. ¿Cuántas veces, ante un amigo que se jacta de ser activo, pensamos: “pero si sos más pasiva que Silvia Süller (o peor aún, que su hermano)”?

Al respecto, el psicólogo Jack Moring, autor del libro Anal Pleasure and Health, señala: “Prácticamente todos los hombres a temprana edad aprenden y replican actitudes negativas hacia la homosexualidad. Los que resultan ser gays internalizan estos mensajes anti-gay a veces en mayor grado que los hombres heterosexuales, y tratan de reprimir a toda costa los aspectos más suaves y receptivos de sí mismos. Ellos temen que su masculinidad se vea comprometida y, por lo tanto, se los desvalorice como personas”.

Sin embargo, la asociación “rol pasivo – rol femenino” tiene un revés muy inteligente que escuché alguna vez. Parte del goce del sexo pasivo masculino se activa cuando el pene de nuestro compañero sexual roza o se acerca a nuestra próstata. ¿Se trata del mismo placer que podría disfrutar una mujer? Por supuesto que no. La próstata es patrimonio orgánico de los varones. El placer del sexo anal pasivo en un hombre, por lo tanto, no tiene nada que ver con el de una mujer.

De todas formas, por más que escribamos y escribamos al respecto, sólo la experiencia de cada uno se impondrá. Lo aconsejable: relajarse, ser auténtico con uno mismo, y aprender a escuchar lo que nos dicta nuestro placer. Parece simple…

Tu comentario

commentario(s)




Etiquetas:

Leave a Comment