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Continúan las torturas a travestis en el penal cordobés de San Martín

Por Maite Amaya – San Martin (Lunáticxs La Plata)

Coqui, la travesti detenida en el penal de San Martín, que desnutrida y muy enferma, unos meses atrás denunciaba abandono de persona y violación a los derechos humanos, hoy vuelve a contar la desastrosa situación a la que esta sometida por el servicio penitenciario de la provincia de Córdoba.

Hace poco más de un mes le salió un grano en la frente que le picaba mucho, dolía e irritaba el ojo derecho. Tras rogar como otras veces que la trasladen al hospital de la cárcel, consigue ser trasladada.

En el hospital del penal a cargo del doctor Luis Pino, recibió el ya acostumbrado trato que tienen travestis y personas viviendo con VIH. El médico Carlos Martínez la observo a distancia, a las apuradas y diagnosticó sinusitis recetando medicación y vahos de vapor.

El grano reacciona mal, se propaga a la cabeza, provocando picazón excesiva. Tras suplicar a la guardia consigue nuevamente atención médica, esta vez en el servicio médico del penal, le diagnostican conjuntivitis, receta gotas y vahos de vapor.

Dado que los diagnósticos no son correctos, ni la revisión médica eficiente, ni la medicación acertada, y tras la demora para atenderla, su situación empeora.

Coqui tiene un herpes que ante la negación de atención médica, la discriminación y la mala praxis le revive, tomándole el lado derecho superior de la cabeza dejando a la vista piel muerta e irritación.

El hospital penitenciario no cuenta con medicación alguna, entonces consigue ser trasladada al Hospital Rawson, donde le recetan y le dan a la Guardia Penitenciaria Aciclovir y otra crema, pero al llegar al penal se la niegan, diciéndole que no ha sido medicada.

Tenía turno para revisión médica una semana después en el Rawson. Y aunque Coqui se esforzó en pedir traslado, esta vez no lo consigue, solo burlas es lo que obtiene. El servicio penitenciario de Córdoba vuelve a negarle atención médica.

El estado del herpes en su rostro empeoró y comenzó a preocupar hasta a sus pares del pabellón. Así es como otros privados de su libertad le consiguieron gotas para humedecer el ojo; a pesar que la alivianaba no era lo que necesitaba para frenar el avance del herpes. Seguía necesitando atención médica.

Coqui comienza una huelga de hambre, nuevamente arriesga su vida, con su delicado cuadro de salud viviendo con VIH con una penosa nutrición y saliendo de una fuerte recaída inmunitaria provocada por el servicio penitenciario. Tras su tercer día de huelga de hambre consigue con increíble coraje y luchando por sobrevivir que la trasladen al Hospital Rawson para ser medicada nuevamente.

Dificultad para ver, mucho dolor de cabeza, fiebre, excesiva irritación del cuero cabelludo, sarpullido en frente y ojos, mucho ardor. Durante casi dos semanas burlada por los guardias que no recibían orden de traslado.

“Ellos parecen no entender que una travesti viviendo con VIH es una persona no un experimento”, comentó Coqui, envuelta en llanto y muy angustiada. “Siento arena que me raspa dentro del ojo”.

En el hospital Rawson, un oftalmólogo le comunica que el herpes esta ahora ubicado dentro de su ojo y que hay muchas probabilidades de que pierda la visión en el ojo derecho.

Esta vez el servicio penitenciario accede a alcanzarle la medicación que le dan en el hospital.

El subdirector Gustavo Molina la cita para darle el parte medico para el que llama a “personal pertinente: el psiquiatra del penal”.Por lo que Coqui preguntó si se estaban burlando nuevamente. Aunque no cabe ninguna duda de esto. Además el psiquiatra le dijo que necesitaría usar lentes con aumento. Ha lo que Coqui respondió que ya había sido notificada en el Hospital Rawson, que su ojo quedara sin visión y totalmente blanco con el tiempo. “me dejaron tuerta” explicó Coqui.

El servicio médico del servicio penitenciario no está preparado para atender a personas, mucho menos con problemas de salud. Ni que hablar de personas viviendo con VIH. Para éstas la cárcel es doblemente tortuosa, es como se dijo en otra oportunidad una condena a muerte.

Claro esta que la cárcel en si misma no está preparada para tratar con personas, para las que resulta un peligroso dispositivo estatal para desintegrar la integridad psicofísica, violando toda garantía constitucional y derecho humano.

La cárcel es tortura para la persona privada de su libertad y su entorno, la visita a la que senos niega ingresar medicación muchas veces.

La situación ha avasallado notablemente los derechos humanos de esta travesti y es increíble la impunidad de la que gozan las autoridades del penal dependiente del poder ejecutivo de la provincia, léase gobernador Schiaretti. Después de tanta aberración penitenciaria, abandono de persona, agresión y violencia, solo esto podíamos esperar. Que el sistema penitenciario le cueste algo tan caro como un ojo de su rostro, literalmente hablando.

Lazos de solidaridad intentan contener a Coqui en tan duro momento, aunque ella totalmente angustiada y enfurecida, agrego telefónicamente: “tengo miedo por mi vida, aquí en vez de curarme me están matando”.

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