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Sexo entre pasivos: ¿pan con pan?

Por Xavier X.- (SentidoG.com)

Sexo entre pasivos: ¿pan con pan?

Ya lo sabés: no es tarea sencilla encontrar al amor de tu vida (puede ser más probable que Ricky Martin te cante una serenata y te confiese que salió del closet para estar junto a vos). Pero cómo te sentirías si a la vuelta de la esquina (de Amerika) encontraras a ese príncipe, capaz de sorprenderte, mimarte y aguantarte, y además estuviera dispuesto a apostar en un proyecto común, con tan sólo un pequeño detalle: es tan pasivo como vos. Ups! ¿El príncipe se convirtió en sapo (o rana)?

No sé si alguna vez se te dio por pensar que no todo el mundo puede ser tan “versátil” como se afirma en los chats, y que hay muchos (muuuchos) casos en los que la sexualidad de una pareja no encaja tan automáticamente como las fichas “macho-hembra” de los enchufes de una ferretería. ¿Qué se supone que uno tiene que hacer? ¿Borrarse y seguir adelante? ¿Es esto realmente un problema? La respuesta es tan sencilla como irritante: “depende”.

Y es que no existen dos parejas iguales, y sólo sus miembros pueden explorar y encontrar la mejor manera de sortear sus obstáculos. En este caso, la sugerencia es, antes que nada, reflexionar sobre el valor que la relación representa para cada uno. Es sencillo (ahora en serio): si realmente el vínculo tiene un valor más allá del sexo, la dicotomía “activo-pasivo” dejará de ser una alternativa angustiante, y ambos colaborarán para encontrar la manera de relajarse y disfrutar juntos. Por el contrario, si el sexo es el bien más valioso que ambos pueden acreditar… lo más recomendable es buscar “nuevos horizontes”, por más dolorosa que sea una ruptura, porque si los dos esperan a que el otro se vuelva activo, sería más efectivo escribirle una carta a los Reyes Magos.

Asumiendo, entonces, que los dos están interesados en trabajar la dimensión sexual de su pareja, deben saber que la única pasividad que tendrán que combatir es la de la “incomunicación”. No hay nada más molesto que cuando uno le pregunta a su amante “qué te gusta” y como respuesta obtiene un “no sé… qué te gusta a vos”. Frustrante.

Amigos, es el momento de sacar del clóset todas sus fantasías, todo aquello que les sirva de inspiración, desde el porno hasta los diferentes lugares en los que se imaginen tener sexo (uno nunca sabe como nos puede influenciar hacerlo en la terraza del edificio, por ejemplo, entre las sábanas y los calzones tendidos al sol de la abuelita del 5°A). Y, por supuesto, no dejen de revisar el catálogo de su sex shop amigo, en donde podrán echar mano de una variedad de juguetes cada vez más sofisticados, incluidos los modelos “dobles” que pueden usar los dos a la vez.

Finalmente, me gustaría dejarles la siguiente reflexión. La actividad y la pasividad son actitudes que no necesariamente tienen que ver con penetrar o ser penetrado. El activo puede caracterizarse como aquel que toma el control, quien le dice al otro qué hacer, y es generalmente quien también toma la iniciativa. Pero el pasivo no debe entender de ninguna manera que este avance sea un llamado de atención, como si estuviera haciendo algo mal y lo tuviera que corregir. Al contrario, la idea es relajarse y dejarse llevar por lo que su pareja le pide, para complacerlo y disfrutarlo, para conocerlo más y mejor, y para aprender cómo tomar la iniciativa en otra oportunidad.

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