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Horror al compromiso. Horror a la soledad

Por Xavier X. – (SentidoG.com)

Cuando los extremos se tornan sospechosos (y divertidos)

Horror al compromiso. Horror a la soledad

La verdad es que para estos temas no hay género ni sexualidad que cuente. Creo que es algo del género humano, y sobre todo, de los humanos contemporáneos. Porque, convengamos, hoy por hoy, ¿quién no ha conocido a alguien que escape a todo tipo de relación, más allá del “sexo express”? Por otro lado, ¿quién no ha tenido un amigo que no puede pasar más de 24hs solo, porque cambia de novio como nosotros de calzoncillos?

En fin son extremos divertidos, desconcertantes e inquietantes, proveedores de material para cotillear (o bien para escribir alguna columna de vez en cuando).

Horror al compromiso

Son mujeres y hombres perfectos. Bellos, cultos, divertido. Han hecho algún tipo de carrera y ocupan un puesto jerárquico en alguna empresa de renombre. Viven de manera independiente, en un departamento que envidiamos insanamente, y con un costo de vida que no logramos calcular. Han viajado por el mundo. Son poseedores de la última tecnología en cuanto artefacto se te ocurra, desde pantallas de TV hasta vibradores.

¿Qué les falta? Una pareja. ¿Por qué? Porque sencillamente no la desean. Y aquí tenemos que acordar un pacto, querido lector: cuando ellos nos dicen que “no desean compromiso” debemos creerles. Después de todo, esta obsesión no deja de ser coherente con el ejercicio de la independencia que ellos practican en todas las áreas de su vida.

Lejos de juzgarlos o de especular acerca de los laberintos de sus psiques, lo realmente llamativo son las estrategias puestas al servicio de la “libertad”:

–    Nunca tener sexo dos veces con la misma persona.
–    Los encuentros se desarrollan en lugares neutrales (como hoteles), jamás en sus propias viviendas (bueno, salvo que conduzcan a sus eventuales amantes con los ojos vendados para que no localicen sus domicilios más tarde).
–    Si se les pide un número de teléfono o e-mail para re-contactarlos, seguramente lo suministrarán con cortesía, pero es muy probable que la información encierre algún “error”.
–    Si en algún evento social, en un contexto laboral, familiar o amistoso, un desconocido les charla “de más”, literalmente “huirán” del salón o incluso del edificio.
–    Una mirada gélida, imposible de sostener, puede ser su respuesta a un “me caes bien”, “me gustás”, “me di cuenta que te amo”.

El peor castigo para un horrorizado del compromiso: ganarse un admirador o admiradora al estilo “Annie Wilkes” (la fan de la novela y película “Misery”, que secuestra a su escritor favorito).

Futuro probable: convertirse ellos mismos en “Annie Wilkes”, cuando conozcan a un amor irresistible.

Horror a la soledad

Y en el otro rincón, tenemos a aquellos que nunca, nunca, pero nunca han estado solos. Desde que se fueron de sus hogares familiares (si es que lo hicieron) siempre han tenido novio o pareja, y cuando digo “siempre” me refiero a que la suma de las horas en que realmente han estado solos no llega a totalizar 24.

Se trata de esas personas francamente insoportables, siempre rodeadas de gente, ruido o controversias varias, de cuyos novios hemos perdido la cuenta.

Recuerdo el caso de un amigo, que la noche en que discutió y rompió con un novio salió a bailar para no deprimirse. Pues bien: en el boliche conoció al siguiente novio. ¿Cuánto estuvo solo? ¿Tres horas? A estas personas me estoy refiriendo.

De nuevo, lejos de arriesgar sobre cuestiones freudianas, es preferible divertirnos con algunas características:

–    Se trata de personas nómades por excelencia: suelen parasitar en los hábitats de sus novios de turno.
–    Son seres sumamente empáticos: adoptan las personalidades de sus novios (generalmente los aspectos más insoportables, que se siguen sumando…).
–    Su verborragia es incontenible y sus temas, imposibles: son capaces de describirte con desconcertante entusiasmo la filigrana que decoraba el tercer cajón de un mueble, en su sueño de la anoche anterior.
–    Siempre están tarareando la última canción de moda, ¡antes de que se ponga de moda!
–    No te esfuerces: no captan la ironía…

El peor castigo para un horrorizado de la soledad: perderse en un pueblo fantasma en Nochebuena; también perder la voz.

Futuro probable: depresión perpetua, cuando empiecen a elaborar los duelos de cada uno de sus ex-novios.

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