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La curiosidad (sobre el sexo lésbico) mató al chongo

Por Pepa Palau – (SentidoG.com)

La curiosidad (sobre el sexo lésbico) mató al chongo

Chicas y chicas, lesbianas de mi patria, si pensaban que la pesadilla de sus vidas era aquella adorable tía materna que, en cuanto evento familiar las encontraba, aprovechaba para reclamarles sin descanso: “¿nena, cuando me vas a presentar a un noviecito?”, déjenme advertirles de un peligro mayor. Me estoy refiriendo al chongo, es decir, a ese varón heterosexual establecido en consolidada relación con una fémina, que bajo el vil camuflaje de la curiosidad inocente es capaz de dejarnos sin habla con algunas preguntas un tanto inesperadas.

No se engañen, no es un tema menor. Porque el chongo en cuestión no se encuentra muy lejos, y seguramente será un amigo, o el novio de una amiga, lo cual dificulta aún más las cosas, porque estamos hablando de alguien a quien deberemos volver a ver (y a oír…), y con quien no podemos quedar mal.

Pero a no desesperar. A continuación les contamos cuáles son los chongos más peligrosos y cómo librarnos de ellos sin perder una amistad (ni nuestro sano equilibrio mental).

Tipo 1: “el calentón”

El más típico y molesto de todos. Aunque no podamos entenderlo, a los chongos les excita el sexo entre dos mujeres, herencia de un porno machista que supone que esas dos (o más) mujeres están teniendo sexo para él. ¿Pero es que se puede ser más iluso? En este caso, el tipo en cuestión indagará sobre detalles escabrosos, pretendiendo que le narres un encuentro íntimo para que la ratonera que tiene por cabeza se sobrecargue hasta el “coitocircuito”.

Sugerencia: si está con su novia o esposa, invitala abruptamente a la conversación, vas a ver como el chongo palidece y se evapora. Si está solo, decile que el sexo te lo guardás para vos y en su lugar contale tus anécdotas románticas, hablale de cómo conociste a tu mujer, de cuánto la amás. No hay nada más aburrido para un chongo que escuchar estos detalles; es una victoria segura.

Tipo 2: “el amenazado”

Este hombre esconde un siniestro motivo para acercarse a vos; él siente que su performance amatoria se encuentra amenazada. Es decir, frente a dos mujeres que se complacen, ¿¿qué pasa que no lo necesitan?? ¿¿Puede un “Dildo” reemplazar a su súper-pene?? Todas las molestas preguntas con las que intentará sondearte se basan en esta paranoia.

Sugerencia: te recomendamos mucha paciencia; ya se sabe que los varones que se sienten vulnerados son los más pesados del planeta. Pero siempre hay esperanza. En este caso, tu mejor estrategia pasa por alabarle el auto, o la escopeta que usa para cazar, o su Wii, en fin, todos sustitutos penianos con los que el chongo compensará su virilidad devaluada.

Tipo 3: “el alumno”

Este tal vez sea el acercamiento más coherente, pero no por ello menos irritante. Se trata del tipo de hombre hétero que asume (correctamente) que nadie entiende mejor el placer femenino que una mujer. Y como se ha propuesto el noble propósito de satisfacer a su amada como un dios griego, quiere saber qué está haciendo bien, qué está haciendo mal y qué podría hacer mejor. ¡Y pretende que vos le des cátedra!

Sugerencia: vas a tener que adoptar un tono de maestra jardinera para explicarle que no todas las vaginas son iguales, ni todos los placeres, ni todas mujeres, y que la más indicada para orientarlo acerca del placer femenino es su propia mujer.

Chicas, soy conciente de que esta reseña no agota todos los peligros, pero por lo menos bosqueja el panorama. Se aceptan anécdotas y más consejos. ¡Unámonos frente a esta peligrosa especie!

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