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Discriminacion a lesbiana en natatorio

Por Emilio Ruchansky – (Pagina 12)

Ocurrió en un camping de La Reja. La mujer recurrió al Inadi y recién entonces la dejaron entrar, pero pusieron un cartel en el que aclaraban que “se le permite ingreso por su condición de lesbiana en las condiciones que no corresponden”.

El fin de semana pasado, veinte integrantes del colectivo de lesbianas y mujeres bisexuales La Fulana se fueron a La Reja, en el partido bonaerenses de Moreno, y armaron sus carpas a la vera del río Reconquista, dentro del Camping Club de Cascallares. “Un lugar hermoso”, según le contó a este diario una de ellas, Claudia Mabel Soria. El mismo día que llegaron, el viernes, fueron hasta la pileta del club. Algunas llevaban bikinis de dos prendas; otras, como Soria, un short y el corpiño de la malla. A las últimas no las dejaban entrar porque la vestimenta no era “totalmente femenina”. Insistieron. Como había poca gente, las autoridades hicieron una excepción a la regla no escrita y sexista por donde se la mire. Al otro día, Soria y sus amigas no tuvieron tanta suerte.

“El sábado no nos dejaban entrar porque había más público y querían respetar ‘el ambiente familiar’. La mayoría de las chicas que tenían shorts de baño masculino se fueron, yo me quedé y protesté. Terminamos llamando al Inadi (Instituto contra la Discriminación) y entonces en el camping me pidieron el nombre y el DNI y armaron un cartelito para que todos supieran que se hacía una excepción conmigo. Cuando pasé, el bañero me dijo que ‘eso del matrimonio gay es para zurdos, yo me lo paso por el culo’ y después le empezó a mostrar el cartel a todo el mundo, fue terrible”, recordó Soria.

El cartel en cuestión deja asentado que la administración permite la entrada de Soria “en contra de su reglamento” porque así lo “obliga y exige” Claudia Castro, coordinadora el Programa de Diversidad Sexual del Inadi y referente de La Fulana. Y abunda en explicaciones para el resto de los asistentes: “Se le permite ingreso por su condición de lesbiana en las condiciones que no corresponden por tener la misma un short cuando a toda persona del sexo femenino se le prohíbe la entrada por el mismo motivo”.

El camping promociona valores como la solidaridad, la cooperación, la tranquilidad, el trabajo en familia, la amistad, la preocupación por los demás y el afecto. Poco de esto se trasluce en las palabras de la redactora del cartel, la encargada del lugar, Mónica Gutiérrez. “Yo no soy discriminativa, para nada”, se atajó la mujer al ser consultada por Página/12. “Pasa que si les permito entrar en shortcito, todas van a querer entrar así y a la gente no le gusta. El punto es que hay que tener una conducta y ellas no lo entienden”, dijo Gutiérrez.

Según la encargada, la medida restrictiva es “por si hay una inspección” y si los inspectores le preguntan por qué dejó entrar a mujeres con short de baño, ella tendría que dar “demasiadas explicaciones”. En el fondo, para Gutiérrez, lo de Soria y sus amigas es un mal ejemplo. “Si ellas pueden, todas las mujeres que no se depilaron o les queda chica la malla, van a querer usar short. Si hago la excepción estoy discriminando. El reglamento dice que se entra en traje de baño”, agregó Gutiérrez.

¿Pero el short no era una malla? “Sí, pero de hombre. ¿Qué tengo que hacer? Poner en el cartel: ‘Las mujeres tienen que entrar con traje de baño femenino’. Lo hago y listo”, respondió la encargada. A Soria no le sorprendieron todas estas contradicciones. En primer lugar, ayer aseguró que no aprendió a nadar porque en todas las piletas le exigen lo mismo. Y además, también se esconde un problema que excede a su elección sexual: “El tema es que una tenga la posibilidad de mostrar o no la cola, tan simple como eso”, observó.

Muchas de sus amigas y compañeras se fueron el domingo, aunque todas planeaban quedarse hasta el lunes. Soria soportó hasta el final. “El domingo pude entrar con ese cartel que decía por qué me dejaban entrar a la pileta pegado por todas partes. El bañero me dijo: ‘Ustedes se autodiscriminan’. Me dio mucha bronca, lloré mucho, fue horrible”, recordó Soria, que cada día debió pagar los 20 pesos para usar una pileta que no terminó de disfrutar. “Esto lo viví toda mi vida –concluyó–, uso short porque me siento más cómoda, nada más.”

Claudia Castro, de La Fulana, recordó un caso similar ocurrido en Las Termas de Colón, Entre Ríos, en agosto del 2009. Ella era la coordinadora del viaje y el motivo de la discriminación fue el mismo. “Son mujeres vestidas de varón”, les dijeron. “Sabemos que va a seguir pasando, son varias las compañeras que sufrieron esto pero pocas denuncian. Por eso en la última reunión de La Fulana repartimos formularios de denuncia del Inadi para la próxima. Todas las personas deben tener la opción de ir al mar o una pileta vestidas de la forma que prefieran”, dijo la activista.

En el Inadi ya se prepara una recomendación general para los lugares turísticos, que sería enviada en quince o veinte días. Según comentó anoche María Rachid, la vicepresidenta del Inadi, están haciendo un dictamen por el caso de Soria para que pueda, si así quiere, demandar por daños y perjuicios al camping de Moreno y su pileta plagada de sexismo.

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