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Marco Berger y el cine gay

Por  Jon Apaolaza – Berlín (Noticine)

El cineasta argentino Marco Berger (Buenos Aires, 1977) acaba de obtener con su segundo largo, “Ausente”, el Premio Teddy Bear al mejor film de temática homosexual en el Festival Internacional de Cine de Berlín, donde participó en el apartado Forum. Con él dialogó NOTICINE.com en la capital alemana sobre este “thriller” psicológico que invierte planteamientos tradicionales y en el que podría considerarse víctima acaba siendo el que manipula por mor del deseo y el ansia de seducción.

Marco Berger

– Resúmanos por favor lo que cuenta en “Ausente”…
Es una película que empieza con un alumno, en una clase de natación, que se lastima el ojo, y eso hace que su profesor lo lleve a un hospital para que lo revisen.  Al terminar, le dice el muchacho, que tiene 16 años, que lo conduzca por favor de vuelta al club de natación porque va a ir a dormir a casa de un compañero, pero éste ya no está. Luego el profesor lo quiere llevar a su casa, donde vive con la abuela, él dice que no hay nadie en la casa y sin darse cuenta, pasa el tiempo y al final no le queda más remedio que hacerse cargo del chico, y llevarlo a su propio apartamento. Pero le pide que le guarde el secreto, porque sería conflictivo o peligroso albergar a un alumno. De manera que pasa allí lo noche. Conforme se desarrolla la película nos vamos enterando de que el muchacho tiene en realidad otras intenciones más raras de lo que parece al principio, y ahí empieza un conflicto en el que el profesor se ve atrapado en los manejos de este alumno que está obsesionado con él.

– La pederastia es un tema últimamente muy de actualidad, pero también algo considerado en buena medida tabú para el cine. ¿No le dio miedo meterse en este terreno?
Marco BergerDe lo que habla profundamente la película es sobre el deseo. No cuento la historia de amor entre un niño y un adulto, sino tener conciencia del deseo sexual de este menor. Es un chico de 16 años que desea a su profesor y eso hace que llegue a intentar seducirlo, ponerlo entre la espada y la pared, hacerle trampas, mentirle… encerrarlo, justamente por este miedo social que hay a la cuestión. Tiene 16 años y en realidad tampoco es una criatura, un nenito… No me dio miedo porque lo quería era plantear qué pasa con esto, no hacer apología sino plantear preguntas sobre cómo debe encarar este tipo de situaciones un adulto.

– Usted invierte la tradicional situación del adulto que abusa de un o una adolescente…
No es una película donde se hable de un abuso. En realidad no pasa nada. No es que el chico quiera abusar de su profesor, porque él lo que tiene es deseo, pero si quiere aprovecharse de él de alguna forma… Es una mirada desde ese lugar diferente donde yo no pongo en juego un abuso de un menor por un mayor, porque en ese caso obviamente el mayor tiene que tener conciencia de la situación y la tiene que evitar, con independencia de que esté mal o bien, sea o no legal, por una cuestión de que el adulto no debe abusar de un menor en tanto de su condición de adulto, que ha vivido la vida y sabe como son las cosas, y un menor no sabe lo que está pasando, y quizás 10 años después lo lleve como un peso haber tenido sexo siendo adolescente. Pero en este caso el adulto nunca incita el menor. Lo que está en juego es qué pasa con ese deseo. Todos los menores tienen deseos, y lo que se plantea es lo que debe hacer el adulto ante ese deseo.

– Sus dos películas tienen personajes más o menos jóvenes, como usted. ¿Se podría pensar que tienen algo de autobiográficas?
No necesariamente. Hablo de lo que yo conozco. “Plan B” es una especie de deseo que yo hubiera querido, conocer a una persona y vivir lo que se llama un “amor de película”… Tiene esa fantasía. En esa película los personajes tienen cerca de los 30 años. En “Ausente” es uno de 16 y el profesor que se acerca a los 40. Son jóvenes en todos los casos, supongo, pero en ningún caso de 20… Aquí es un menor y un mayor, y en “Plan B” no son viejos pero tampoco nenes…

– “Plan B” y “Ausente” hablan sobre relaciones homosexuales. Ha ganado con “Ausente” el premio Teddy Bear al cine “gay” en la Berlinale. ¿ Le molesta que le etiqueten como un cineasta “gay”?
Marco BergerYo no hago cine para público “gay”, sino para público en general, donde casualmente los personajes son hombres. Lo miro desde ese lugar. No me planteo hacer las películas para que las vean en un cine o las alquilen espectadores “gays”, que vayan a festivales “gays”. No, yo hago… una película. En el caso de “Plan B” me pasó que mucha gente no la quería etiquetar como cine “gay”… Y yo tenía que defender frente a esa idea de que no era “gay” que finalmente hablaba de una relación entre dos hombres, de manera que sí era “gay”…  En cuanto a las etiquetas, la verdad es que no me pongo a pensar en ello. Me parece que el cine que yo pretendo hacer tiene el interés en otro lugar. Lo “gay” no es lo primordial. Es como si dicen que Woody Allen siempre es un cineasta etiquetado como neoyorquino y que todas sus películas hablan de Nueva York. Con Woody Allen no pasa porque siempre te va a sorprender de alguna forma, y yo quisiera que conmigo ocurriera lo mismo, que haga cine que sorprenda, y que si hay dos hombres no sea un cine para guetos… Si mañana se me ocurre hacer una película de ciencia-ficción y los protagonistas son hombres lo importante será la ciencia-ficción. Uno vio películas de hombres y mujeres toda la vida y eso no me cambió nada, ni por ver “Pretty woman” o “E.T.” … No me pregunto la sexualidad de los personajes. En el caso de lo que yo hago no me gustaría que se pensara en las tendencias sexuales de los personajes. En este caso un profesor y un alumno me permitía una situación más creible, porque si hubiera sido una alumna resultaría más difícil que el profesor la invitara a su casa. El se siente más cómodo siendo varón y llevando a un alumno varón a casa, y eso justifica la película que yo hago, pero es solo un justificativo para que la historia se desarrolle. No me parece que yo pretenda hacer un cine “gay” y las etiquetas no me interesan. A mi me gusta el cine, y si se piensa que el mío es un cine “gay” no es mi problema, sino del que lo piensa.

– El cine argentino vivió un “boom” autoral internacional pero ahora muchos directores tienen problemas para conseguir espectadores. ¿Hay alguna solución para esto?
No lo se, sí sé que es un problema. Nosotros no llegamos a tener como el cine español unos cuantos directores cuyas películas siempre pueden verse casi en cualquier país: Almodóvar, Amenábar… directores referentes. Creo que por un lado los directores argentinos tienen que perder el miedo y tratar de ser honestos consigo mismos y seguir adelante filmando y mezclar quizás un poco lo que se ha llamado “cinearte” o “nuevo cine argentino” con planteamientos que tengan algo de popular en un punto. La palabra “popular” está mal vista, y hay quien piensa que ser “popular” es ser mediocre, pero ahí está el caso de Tarantino, que demuestra que no, porque hace un cine popular, que ve todo el mundo y que a la vez participa en los festivales. Pienso que el cine argentino tiene que dar ese pequeño salto de ampliar los horizontes y trata de llegar a todo tipo de público, manteniendo lo que quiere uno contar, pero hay que dar ese salto… Creo que lo desean muchos cineastas argentinos y que poco a poco se va a ir dando.

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