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Viña 2011: Festival de la discriminación

Por Christian Vidal Beros – (La Tercera)

Viña 2011: Festival de la discriminación

 

Es como el burro hablando de orejas. Y para eso por Dios que somos buenos los chilenos. Todos hemos discriminado, todos tratamos de parecer uniformes, todos nos reímos del compañero.

Desde la más tierna infancia (que muchas veces de tierna tiene poco y nada), nos acostumbramos a vivir en la impunidad respecto del respeto y la dignidad de los otros. En el colegio todos pasamos por las burlas que variaban desde los defectos físicos (el “cuatro ojos”, “guatón copión”, la “zancudo”, “negro curiche”, “indio” y tantos otros) hasta reírse de personas -niños en el caso-, simplemente distintos (el “perno”, el “colita”, la “marimacho”, el “mamón”, el “flaite” o la “cuica” ).

Por lo visto, de poco y nada sirven las campañas, la educación o inclusive los proyectos de ley y la legislación vigente. Sin ir más lejos, es la propia Constitución la que en su artículo 1º inciso primero, señala que “Las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”, para luego asegurar mediante garantía de carácter constitucional en el numeral 4 del artículo 19, que “la Constitución asegura a todas las personas, el respeto y protección a la vida privada y a la honra de la persona y su familia”.

Sin perjuicio de lo anterior, poco y nada ha avanzado el proyecto de Ley que desde el año 2005 se tramita en el Congreso, que establece Medidas contra la Discriminación. ¿La razón? Obviamente, la oposición de grupos conservadores y muchas veces fundamentalistas que mezclan en su discurso la moral propia, apoyados por unos que otros parlamentarios con miedo a una sociedad diversa.

Es precisamente el miedo a la diversidad lo que produce discriminación, menoscabo, burla respecto de la dignidad de las personas. El mensaje del mencionado proyecto, señala precisamente que la “globalización” es un fenómeno que se está produciendo cada vez con mayor rapidez. Los países, las economías, las culturas y los estilos de vida se acercan, se universalizan y se funden. No obstante, los contrates se acentúan, la intolerancia aumenta; las sociedades son más diversas en su conformación, y, a la vez, mantienen en su seno sus propias tensiones socioculturales, que muchas veces son resueltas a través de conductas discriminatorias, incluso violentas.”

Son precisamente las conductas violentas -y no necesariamente las que obedecen a violencia física-, las que afectan a aquella parte de la población que no tiene los medios, el criterio o las herramientas para discriminar (vaya paradoja), aquello que puede afectarlo, de aquello que es una mera anécdota. Como decían las mamás cuando uno era chico,  “tómalo de quien viene”.

Al respecto, son muy acertadas las palabras de Rolando Jiménez, Presidente de MOVILH, cuando señala -en relación con las rutinas de humor de los invitados al Festival de Viña-, que “es efectivo que para algunas personas homosexuales las rutinas vistas en el Festival de Viña del Mar no resultaron ofensivas, pero para otro gran porcentaje sí lo fueron y mientras así sea, nuestra organización tiene el deber de salir en su defensa y representación”.

Exacto! Rolando Jiménez da justamente con el deber del Estado, ya sea éste el Gobierno, las Municipalidades o los Medios de Comunicación Social: Si existe aunque sea una persona afectada por la rutina o los dichos de un tercero, la honra de esa personas se verá afectada, por cuanto representa sus sentimientos frente a la sociedad. Es justamente ahí, donde toma sentido la idea de legislar y de continuar con la tramitación y posterior aprobación del proyecto de ley.

En nada ayudan a la sociedad, a los niños, a la educación de nuestro país, el que -hasta ahora-, tres contadores de chistes de Fuente de Soda, se rían con los ademanes, gestos o peripecias de una cantidad no menor de personas. Total, son “colitas” (y una serie de otros adjetivos que tan bien detalla Lemebel en sus crónicas). Es igual de feo que reírse de los negros, de los indios, de las minas o de los guatones parrilleros o del flaite reggeatonero. Todos esos dichos son discriminatorios, pero no me cabe la menor duda que en otras latitudes, una rutina como las ya vistas hubieran sido objeto de sanción por atentar contra la dignidad de las personas.

No se trata de pacatería señor Flores. Sus declaraciones apuntan a que “esto era destapar algo que había estado presente, en los asados, porque los chilenos somos así… Este es el único país de Latinoamérica donde todavía somos pacatos”. Lo que uno grite, vocifere o se burle en los asados, es problema de uno mientras lo diga o se burle sin publicidad. Pero de ahí a ofender y a “ganarse los porotos” gracias al menoscabo de otros hay un gran trecho.

La pacatería no se mide en garabatos, groserías o pechugas que mostrar. Se mide en el miedo a la diferencia, a la incapacidad de aceptar la diversidad, a tener miedo al otro. La pacatería dice relación con escudarse en un disfraz para insultar graciosamente a quienes no tienen posibilidad de defenderse, y eso, se sanciona en otros países.

Además, las caricaturas de un tipo brillante con boa rosada, y de otros más que basan su expertise humorística en la genitalidad de la gente, ya no hace reír, o poco y nada. ¿Dónde quedaron esos humoristas de situaciones, con humor inteligente, contadores de historias, como un Legrand o un Pinti o un Gasalla?

Claramente están en teatros haciendo reír, sin ofender a nadie. Al resto, los contratan para Viña.

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