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Dictadura argentina y homosexualidad: ¡Nunca mas!

Buenos Aires – (SentidoG.com)

A 35 años del golpe del 24 de marzo de 1976, las víctimas homosexuales de la dictadura continúan sin ser, sin estar. El informe Nunca Más que elaboró la Conadep no ha nombrado a una sola persona detenida o desaparecida a causa de su orientación sexual.

En materia de género, la dictadura representó un duro golpe que todavía no fue debidamente reconocido, porque desarticuló y produjo un estancamiento en los movimientos feministas y de liberación homosexual que venían desarrollándose desde la década anterior. Se produjo un enorme retroceso, imponiéndose roles de género tradicionales, que relegaban a las mujeres a espacios domésticos y les demandaban una actitud pasiva en todo. La Iglesia fue erigida en la autoridad moral que determinaba roles y modos de comportamiento y vinculación para todos los hombres y las mujeres.

El Estado argentino no ha otorgado aún ningún resarcimiento por el daño a desaparecidos homosexuales, o a sus familiares. Según datos de varias organizaciones de derechos humanos, se estima que unos 400 homosexuales fueron detenidos durante la dictadura: muchos de ellos torturados, violados, y hasta asesinados. Sin embargo no existen archivos que confirmen esos casos.

Carlos Jáuregui, en La homosexualidad en la Argentina, cuenta que uno de los responsables de la Conadep (Comisión Nacional sobre Desaparición Forzada de Personas) le afirmaron la existencia de esa cifra de homosexuales integrando la lista del horror. Y dice que “el trato que recibieron fue similar al de los compañeros judíos desaparecidos, especialmente sádico y violento”. Esto no se contó en el Nunca Más.

Mucho tiempo después, Jáuregui contó que el rabino Marshall Mayer le había admitido que esa escandalosa omisión se habría debido a las presiones del ala católica de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Sin embargo, no existen datos cuantitativos seguros sobre las personas de diversidad sexual que pasaron por los centros: existía la doble militancia en el Frente de Liberación Homosexual ya que muchos de sus miembros pertenecía a fuerzas revolucionarias.

Ni Madres de Plaza de Mayo, ni Abuelas, ni la agrupación HIJOS ni otros organismos de derechos humanos han manifestado la orientación sexual como causa de la desaparición de alguno de sus familiares.

Fueron años difíciles, sobre todo por la campaña moralizadora que se ejercía desde el gobierno. Muchos gays militantes en partidos políticos, algunos de los cuales habían conformado el Frente de Liberación Homosexual (FLH), como el poeta Néstor Perlongher y Héctor Anabitarte, se exiliaron buscando la protección que aquí no encontraban. Otros escapaban los fines de semana a las islas del Tigre y organizaban reuniones para divertirse.

Quienes no se exiliaron debieron desplegar estrategias de subsistencia: redes de baños públicos de trenes (teteras), barrios alejados de las vigiladas ciudades, fiestas privadas con música a sonido apto para los/as vecinos/as.

El que cuenta muy bien cómo era la vida cotidiana para los homosexuales durante la dictadura es Oscar Villordo. Con registros de la época ves que la vida era verdaderamente atroz. La cuestión homosexual en nuestro país, se había manifestado públicamente en 1968 mediante la publicación de una revista llamada “Nuestro Mundo”, y con el posterior surgimiento, en 1971 del Frente de Liberación Homosexual (FLH), que intentó plasmar las reivindicaciones homosexuales en la sociedad de los ´70. Sin embargo, tanto para las feministas como para homosexuales, el enemigo principal era la Iglesia con su enorme poder. Todo aquello que se había conseguido, con aquello mínimo de haber salido a la calle, volvió al único lugar admitido que eran los baños de las estaciones de trenes, de los cines. Eran lugares de encuentro muy mórbidos, el único lugar de socialización. Si la policía te detenía, llamaba a tu casa para decir que estabas preso por homosexual y que ibas a estar 15 días en Devoto. Eso hacía la vida imposible”, narra el activista.

La breve historia del Frente de Liberación Homosexual (FLH) y la aparición de las Brigadas de Moralidad de la Policía Federal que purgaban las calles de gays y travestis aplicando el represivo inciso 2º H –escándalo en la vía pública– de los nefastos edictos policiales echaron por tierra la visibilidad que el colectivo había ganado. También el macabro Plan Cóndor pretendía “acabar con los homosexuales” frenó las reivindicaciones de toda clase, sobre todo feministas y homosexuales, que no sólo eran blanco de los militares en términos de represión política y desaparición física, sino que sufrieron también el embate del discurso religioso y conservador de la Junta a nivel social, que se plasmó en todas las instituciones (escuelas, legislación, iglesia, etc.), y que significó un terrible retroceso en cuanto a la lucha por el reconocimiento de la diversidad sexual, de los derechos sexuales y reproductivos, del derecho al aborto, etc. La sociedad argentina debió marchar al paso de las botas militares, que querían mujeres amas de casa, madres y sobre todo sometidas. Los hombres debían ser machos heterosexuales. Las lesbianas en este esquema no existían.

Los primeros años del movimiento homosexual en Argentina antes de la sangrienta dictadura

Según la investigación realizada por Osvaldo Bazán en su libro Historia de la homosexualidad en Argentina, durante los primeros meses de la dictadura algunos lugares todavía permitían homosexuales. Los boliches se encontraban en la periferia de la ciudad de Buenos Aires, y muchos de los que buscaban “acción” lo hacían en los baños públicos de las estaciones de trenes. Las redadas contra los homosexuales se intensificaron, y muchos optaron por la clandestinidad o por emigrar.

Del mismo modo que los/as trabajadores/as sociales en villas miseria y sindicalistas combativos/as, las mujeres que luchaban por la legalización del aborto o que abortaban, las feministas y los homosexuales y lesbianas fueron sujetos de punición para el jefe de la División Moralidad de la Policía Federal, quien en el año 1977 llegó a sostener que uno de sus objetivos era “espantar a los homosexuales de las calles para que no perturben a la gente decente”, pensamiento cercano a los policías, funcionarios y legisladores/as que impulsaron el artículo 71 que “autoriza” el hostigamiento policial y las golpizas contra las travestis en la hoy Ciudad Autónoma.

Valeria Ramirez, activita travesti detenida, brindó a SentidoG.com su testimonio sobre la realidad de aquellos años. “Esa sensación de persecución está presente en la mente de Valeria. “Ser homosexual o transexual en esa época era muy difícil, éramos constantemente perseguidos por la policía. Teníamos que arreglar con los jefes, y aún así éramos arrebatadas por patrullas de otras zonas porque necesitaban justificar que el plan se estaba cumpliendo. Nos venían a buscar”, recuerda y compara esa situación con una realidad que todavía hoy viven personas GLTB (gays, lesbianas, travestis y bisexuales) en muchas provincias argentinas. “En el país están todavía en vigencia en muchos lugares los Códigos de Faltas que tienen más de 30 años. La ausencia de una Ley de Identidad de Género hace que aún existan figuras represivas y que estemos condenadas a la persecución y a la prostitución como medio de vida, sin poder salir. Para las personas trans aún no ha llegado la democracia”, se lamenta.

El calvario vivido como detenida no encuentra consuelo. “Padecí violaciones para poder acceder a la comida o ir al baño. Nunca sentí miedo de morir. Vi la tortura y tuve que callar para poder seguir. Nuestras vidas no valían nada. La segunda vez que recuperé la libertad, mi abogado me dijo que si quería seguir viviendo me fuera de esa zona.”

Ramírez, desde la sede de la Fundación Buenos Aires Sida donde se desempeña como voluntaria, pide que el Gobierno “deje de invisibilizar a todos los que vivimos una sexualidad diferente. Aún hoy no sabemos dónde están tantos compañeros de lucha y de militancia. Y esto es parte de nuestra historia, que espero no vuelva a repetirse, pero que necesitamos hacerla pública, sacarla de este armario que nos impuso la sociedad durante tanto tiempo”.

Marcela Romero, transexual militante, afirma que la democracia aún no llegó a las personas travestis que deben prostituirse para sobrevivir o soportar la falta de una Ley de Identidad que reconozca el género elegido y aún esperan iniciativas estatales que hagan de la igualdad, la verdad y la justicia un horizonte cercano y que fueron pilares de la resistencia, aún con su simple deambular público, en la Argentina oligárquica que siempre amenaza con volver.

Invisibles, sin nombre ni identidad, la historia argentina aún no logra sanar las heridas de un pasado que no se borra de la mente de aquellos que han sufrido en carne propia la crueldad sólo por tener una orientación sexual diferente de la establecida. Es hora que la memoria salga del clóset y reivindique a esos 400 homosexuales que permanecen desaparecidos entre los desaparecidos. Treinta y cinco años después, siguen pidiendo su Nunca Más.

* El golpe del 24 de marzo de 1976 destituyó a Isabel Martínez de Perón para reemplazarla por la junta de comandantes integrada por el Teniente Gral. Jorge Rafael Videla, el Almirante Eduardo Emilio Massera y el Brigadier Gral. Orlando R. Agosti. La junta designó como presidente de facto a Jorge Rafael Videla y así comenzó el “Proceso de Reorganización Nacional”, que impuso el terrorismo de estado y se cobró la vida de 30.000 hombres y mujeres, sin contar aquellxs que fueron encarceladxs sin juicio previo y lxs miles que tuvieron que partir al exilio. Además del secuestro forzado, existió otro plan: la apropiación sistemática de niñxs. Lxs niñxs eran robadxs a las madres que parían en los centros clandestinos de detención o eran secuestradxs junto a sus padres y madres, para luego ser inscriptos como hijxs propixs por muchos miembros de la represión, por sus allegadxs, vendidxs o abandonadxs en institutos.

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