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Superó los prejuicios de género y se recibió de odontóloga

Por Florencia Ventura – (La Voz)

Julieta se recibió de odontologa

Julieta tiene 25 años y es la primera travesti que egresa de esa facultad de la UNC. Dice que Córdoba discrimina y que muchas de ellas no tienen otra opción que prostituirse.

Sólo espera que su caso haga reflexionar al menos a una persona. Y, aunque sabe que contando su historia no logrará frenar la discriminación que debe enfrentar a diario, cree que puede ser un “incentivo” para que otras travestis se animen y no limiten sus opciones de vida a la prostitución y la droga.

Julieta tiene 25 años, es sanjuanina y vive en Córdoba desde hace seis años. En 2010 se convirtió en la primera travesti en egresar de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Córdoba y hoy está orgullosa de poder trabajar de lo que le gusta, de su verdadera vocación.

“Cuando le planteé a mis padres que quería estudiar odontología me decían que lo pensara, que no era una carrera para alguien de mi condición ya que es una profesión vinculada con la salud y a las personas como yo nos suelen relacionar con otros ámbitos. Pero no quería dejar de lado mi verdadera vocación”, cuenta.

Semanas atrás, supo que en San Juan le habían impedido a un matrimonio homosexual anotarse en un plan de viviendas. Poco antes, en un boliche de Córdoba no le permitieron utilizar el baño de mujeres y le pidieron que usara el de discapacitados para hombres.

Cansada de estas situaciones que debe enfrentar casi todos los días de su vida, envió una nota al diario LaVoz.com.ar esperando que “aunque sea a una persona” le llegara su mensaje.

“Las travestis, lesbianas y gays sufrimos constantes rechazos de la sociedad y no entiendo el motivo. Si una persona se maneja con respeto y educación, no se la tiene que diferenciar por lo que haga puertas adentro de su casa”, asegura la joven, quien trabaja actualmente en su propio consultorio.

Desde su infancia, Julieta se sintió mujer y nunca se avergonzó por ser lo que es. “Mientras viví en San Juan, traté de mantener más oculta mi condición, sobre todo para preservar a mi familia. Por ese decidí venir a Córdoba, porque pensé que acá había otra apertura mental”, plantea.

Sin embargo, con el paso de los años –dice– se fue dando cuenta de que no era así. “Córdoba es una ciudad muy discriminadora”, asegura. Incluso en su época de facultad, Julieta se sintió “observada” por compañeros y docentes. “Yo pensé que una vez que me recibiera se iban a terminar ciertas situaciones, pero es una lucha constante”, sostiene.

Hipocresía social. Julieta se autodefine como una persona con una gran “fortaleza”. Asegura que su forma de ser y el apoyo familiar fueron vitales para poder desarrollarse tanto a nivel personal como profesional.

“Me pondría mal si un familiar o un amigo me discriminara, pero lo que un desconocido me diga ya no me afecta. Si tenés una personalidad más débil, si tu familia te da la espalda, sumado a la discriminación social, te lleva a tomar otros caminos, como la droga o la prostitución, que es algo denigrante. Obviamente, no todas las travestis se prostituyen, pero sí la gran parte”, señala.

Julieta considera, además, que existe una “total hipocresía en la sociedad, porque el hombre que de día discrimina a las travestis, a la noche va y consume”.

A quienes se encuentran en su misma situación, la joven recomienda no limitarse.

“No hay que limitarse y hay que luchar por lo que uno quiere. Cuesta un montón, pero no hay nada más satisfactorio que hacer lo que te gusta. Yo siento mucho orgullo de haber tomado el camino más difícil y haber llegado”, reflexiona.

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