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Batato, un “clown literario travesti” en clave documental

Buenos Aires – (Clarín)

Batato Barea, homenajeado en un film

“La vaca no da la leche: se la sacan. Y el que quiera celeste, que mezcle azul y blanco”. Son dos de las inolvidables frases que nos regaló en vida Salvador Walter Barea (1961-1991), más conocido como Batato Barea, quien se rebautizó así porque no le gustaba que alguien haya elegido por él su nombre de pila. Batato fue un “clown literario travesti” (así le gustaba autodefinirse), miembro del Clú del Claun y de Los Peinados Yoli (junto con Ronnie Arias) e integrante de un trío junto con Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese que revolucionó la escena teatral underground de los 80, primero desde el Centro Parakultural y luego desde el Centro Cultural Ricardo Rojas (su sala principal hoy lleva su nombre), de la mano de actuaciones extremas, recitales de poesía (Barea era un fan incondicional de Alejandra Pizarnik) y obras como Tres mujeres descontroladas y María Julia La Carancha, en la que se burlaban de la Alsogaray en pleno menemismo.

Poco antes de su muerte, Batato accedió a que Peter Pank, un joven admirador suyo, filmara dos documentales sobre su persona que le sirvieron como tesis para recibirse como director de cine en la escuela de Avellaneda. Batato ya se había puesto tetas, para reafirmar que no había distinciones entre su vida personal y su obra: todo en él era una performance que no distinguía estar arriba o abajo del escenario. Tuvieron que pasar décadas para que Pank, junto con Goyo Anchou, revisaran el material para armar La peli de Batato, un documental de dos horas y media que se estrenó en el BAFICI a sala llena en sus tres proyecciones, y que es el testamento definitivo de alguien que, parafraseando a Miguel Abuelo, fue el verdadero paladín de la libertad.

¿Cómo lo conociste a Batato Peter y cuál es la génesis de La peli de Batato?

Peter y Goyo sobre Batato

Lo conocí a fines de los 80, en el año 88 u 89, en Cemento. A partir de eso nos empezamos a tratar y nos hicimos amigos. Filmé dos documentales sobre su persona: Batato y 14 pavos reales, que ganaron premios en festivales en esos momentos. Cuando estaba editando 14 pavos… Batato falleció, y yo me había quedado con mi material más material que él me había cedido. Lo conocí a Goyo porque actué en Safo, historia de una pasión, una remake que él dirigió de la película de Carlos Hugo Christensen: yo hacía de Safo. Goyo sabía que yo tenía el material de Batato, pero yo no quería volver atrás. Y los VHSs seguían guardados en mi casa. Pasó mucho tiempo, y cuando vi Tarnation me di cuenta que era el momento de hacer algo con lo de Batato. Lo llamé a Goyo, armamos el proyecto y lo presentamos al INCAA: lo rechazaron por unanimidad.

Goyo: El argumento del INCAA fue “falta de interés artístico” (risas)

Peter: Eso decía la carta que recibimos. Luego presentamos el proyecto a la Beca Raymundo Glazer: fue un fin de semana muy intenso en el que reformulamos la idea. Ganamos la beca, lo volvimos a presentar al INCAA, esta vez lo aprueban y a partir de ahí comenzó el rodaje. En definitiva, hace cuatro años que estamos trabajando con esto: yo hace veinte que lo llevo encima.

El tema de tener esos VHSs era como tener oro en polvo: en los 80 no es como ahora que cualquiera filma hasta con un teléfono y diez minutos después del evento ya está todo disponible en la Red…

Peter: Totalmente. No había registros de muchas performances de Batato. Los únicos registros los tenía yo. Uno de los documentales que hice para la escuela duraba sólo veinte minutos y no podía poner todo el material que tenía. Había cosas que ni yo me acordaba que tenía, y que cuando Goyo las comenzó a digitalizar las encontramos, muchas de ellas cuando el cassette terminaba. Backstages, por ejemplo.

La película dura dos horas y media. Imagino que al tener tanto material el proceso de selección tiene que haber sido arduo y que quedaron muchas cosas afuera. ¿Cómo fue ese proceso de selección de material?

Goyo: Eso se fue decantando al incorporar material nuevo y con los testimonios que nos daban todos los entrevistados, que fueron, sin exagerar, casi todos los que pasaron por la vida de Batato. Llegamos a tener 70 horas de material, y claro que no fue fácil.

Peter: Para mí fue un gran viaje al pasado. Hubo gente, como Urdapilleta, que hacía veinte años que no veía. Cuando lo vi, lo primero que me dijo fue “¡Qué grande qué estás!”, como si fuese un tío (risas). Y como hubo momentos muy intensos, fue complicado el momento de la edición. Con Goyo decidimos que el final de la película sea cuando Batato muere, por lo que hubo cosas del “después” que tuvimos que resignar.

¿Qué descubrieron de Batato que no sabían al hacer el documental?

Peter: Pequeños detalles. Yo cuando frecuenté a Batato era chico, y había cosas que pasaban delante mío y yo no me daba cuenta: cosas referidas a su salud, a las internas suyas con Urdapilleta y Tortonese. Más allá que en ese entonces yo iba con la camarita a registrar, no dejaba de tener la mirada del espectador.

¿Cuál es la descendencia artística de Batato?

Goyo: Todo el teatro independiente, que se hace en sitios chiquitos, con recursos mínimos y con obras de gran nivel, es imposible de pensar sin Batato, el Parakultural y toda esa movida.

Pero no hay una figura con el peso de Batato…

Goyo: Porque ningún actor se puso tetas y Batato sí. Y Batato, encima, era un referente de la cultura joven. Quizás haya chicas famosas que se pusieron tetas y triunfan, pero no significa lo que significaron en ese tiempo las tetas de Batato. Esa decisión fue, si se quiere, política: ratifica que cualquiera puede hacer cualquier cosa con su cuerpo. Y a Batato sus tetas lo llevaron a la aceptación masiva.

Peter: Batato tuvo una libertad increíble para transgredir todas normas y todos los límites. En la película yo le pregunto por las tetas, y él me deja bien en claro que actuar y vivir para él era lo mismo. Nadie acá llevo sus ideales hasta ese punto. Si bien todos somos únicos en el momento de generar un hecho artístico, la diferencia es que Batato le puso el cuerpo a eso. Pensá en tendencias como el Body Art, que se conocieron mucho después. El de las tetas es un momento visagra, si bien en su vida hubo otros hechos que lo marcaron como la muerte de su hermano Ariel, venirse de Junín, descubrir la técnica del clown, pero el gran momento es ese.

¿Y cómo sigue el derrotero de La peli de Batato post BAFICI?

Peter: Lo estamos charlando, aún no está bien definido. Lo importante es haber cerrado la película y que transite un camino propio. Hay ideas, ganas, y un amor enorme por Batato: lo vemos en las proyecciones. Hay un rescate de una figura como él y de todo lo que sucedía en esa época. Los chicos que tienen 20 años nacieron con libertad, en cambio toda esa generación tuvo que pelear la libertad hasta que fuera un derecho ganado. Creo que es importante que eso se vea reflejado en la peli.

 

 

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