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Fantasmas que agita el VIH/Sida

Por Mario Dupont – (Revista Imperio)

Alarma a los especialistas que el abordaje de la enfermedad no pueda evitar cierta disgregación en torno a las soluciones, otorgando respuestas parcializadas desde cada disciplina.

El futbolista argentino Javier Mascherano para la campaña de Nike contra el Sida

 

Cuando intentamos dar respuesta al avance de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana, nos encontramos con más preguntas que respuestas, sobre todo si tomamos en consideración que progresa silenciosamente y todo lo que se hace por prevenir nuevas infecciones resulta insuficiente.

Quienes trabajamos en el campo de la salud mental buscamos paradigmas que nos den respuestas a esta problemática, pero al pasar el tiempo nos encontramos que si bien son muchos los esfuerzos que se suman no vislumbramos los resultados esperados en torno a la prevención primaria. No podemos dejar de reconocer los importantes recursos aportados y sus fructuosos resultados en el campo médico microbiológico y farmacológico, pero sin dejar de tener presente que no se ha dado a luz una erradicación definitiva del virus en el organismo.

A pesar de la evolución en el conocimiento y los tratamientos infectológicos, no deja de sorprender como en el discurso cotidiano, y en el “imaginario colectivo”, se sostienen representaciones, fantasías o simplemente ideas que muestran al VIH y al sida asociados a modos de vida o conductas determinadas a un indefectible desenlace fatal. La pregunta es: ¿qué supuestos sostienen esas representaciones acerca de la infección? , y ¿qué sucede que no se puede efectivizar un modo de prevención que detenga el avance?

Para intentar un abordaje de estos interrogantes les propongo pensar la problemática desde el marco del Pensamiento complejo de Edgar Morin, y de las concepciones de Imaginario social de Castoriadis.

Algunas reflexiones

Cuando pensamos en los supuestos que sostienen las representaciones acerca de modos de vida o conductas “fuera de regla”, como un camino hacia un desenlace fatal del sida, es lícito remitirse a la concepción de “imaginario social”. El “imaginario social” es, siguiendo la línea de pensamiento de Castoriadis, lo que mantiene unida a una sociedad y le otorga su singularidad propia y la diferencia de otras sociedades, y a su vez de la misma sociedad en diferentes épocas. Es la compleja urdimbre de “significaciones imaginarias “que empapan, orientan y dirigen toda la vida de la sociedad considerada y a los individuos que la constituyen.

Entonces podríamos pensar en torno al sida que esa red de “significaciones imaginarias” que comenzaron a formarse hace más de dos décadas en torno al sida, sigue manteniendo unida a una sociedad que se defiende de lo que considera ajeno, perteneciente a un otro lejano , “diferente”, que a su vez sostiene su propia concepción de “bien” o “normalidad”. Esa trama de significaciones, desde sus inicios, ha estado teñida de una “ajenidad” sostenida en una sexualidad diferente, con conductas transgresoras, a la cual fue dirigida la mirada culpable de un mal , marcando de esta manera una historia en relación al estigma, estereotipo, prejuicio y segregación.

Retomemos, pues, la pregunta acerca de por qué no se puede efectivizar un modo de prevención que detenga el avance de la infección. Y para eso atendamos la propuesta del filosofo y político francés Edgar Morin en relación al pensamiento complejo, cuando se pregunta acerca de qué es la complejidad, respondiendo que:  “A primera vista la complejidad es un tejido (complexus: lo que está tejido en conjunto) de constituyentes heterogéneos inseparablemente asociados, que presenta la paradoja de lo uno y lo múltiple. La complejidad es, efectivamente, el tejido de eventos, acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones y azares que constituyen nuestro mundo fenoménico”, añade.

Morin presenta la complejidad con “los rasgos inquietantes de lo enredado, de lo inextricable, del desorden, la ambigüedad, la incertidumbre…”, es decir de la coexistencia inseparable de los opuestos y no esperables.

Es innegable que la problemática del VIH/sida guarda total coherencia con este planteo de complejidad, sobre todo en su aspecto psico-sociocultural. Su abordaje suele constituir una suerte de “disgregación” en torno a sus soluciones, otorgando respuestas parcializadas desde cada disciplina y propuestas seguidas del mismo tenor, como así también una desunión en relación a los esfuerzos.

A partir de esta paradoja de lo uno y lo múltiple, del desorden, la ambigüedad y la incertidumbre, Morin plantea que como consecuencia “surge la necesidad, para el conocimiento, de poner orden en los fenómenos, rechazando el desorden, descartando lo incierto”. Es decir, “seleccionar los elementos de orden y de certidumbre, quitar ambigüedad, clarificar, distinguir, jerarquizar…”. Pero aclara Morin que “tales operaciones, necesarias para la inteligibilidad, corren el riesgo de producir ceguera si eliminan los otros caracteres de lo complejo”. Es decir que en este caso, favorable sería poder abordar la problemática tal como se nos presenta, sin intentar dejar por fuera las contradicciones o puntos de incertidumbre que la realidad del problema nos muestra, aportando intervenciones dinámicas en estas circunstancias.

Sabemos que desde el abordaje unidisciplinario, esto no suele cumplirse, y que lo que se intenta es dar solución aunque más no sea a aspectos parciales del problema, pero nos preguntamos si a la hora de trabajar en equipo, cuando hemos sido formados con una lógica de parcialidades, es posible abordar lo complejo, pudiendo considerar otras disciplinas con el mismo valor que la propia. ¿Acaso no puede uno entramparse en una “pseudo-interdisciplinariedad”, tratando narcisísticamente de sostener como “verdadero” el propio conocimiento?

Otras miradas

Acerca del “imaginario social” y el sida se ha estudiado e investigado en diversas disciplinas. Pero desconozco que haya sido así en torno al “pensamiento complejo” y su intervención en el VIH /sida.

En una investigación en el marco de la maestría en Sociosemiótica del Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional de Córdoba, y en relación a los medios de comunicación, Alicia Vaggione analiza los significados que se asociaron a la epidemia en el momento de su aparición pública, e indica que a diferencia de otras enfermedades que surgieron a través de la historia, el sida apareció en el marco de una sociedad mediática y esto contribuyó a incrementar algunos significados. En su estudio detectó representaciones ligadas a lo catastrófico en los primeros sentimientos desatados en torno a la enfermedad, “repercusión social que se marca a partir de hacerse visible -en 1985- la enfermedad de la estrella de Hollywood Rock Hudson, quien padecía sida, lo que le dio a la enfermedad una repercusión y trascendencia mundial que hasta ese momento no tenía, donde se encuentran titulares que hablan de la “peste rosa”, en alusión a las creencias de que esta enfermedad estaba asociada a la homosexualidad”. Esos mismos titulares hacían referencia al sida como “amenaza”, “castigo”, “maldición” y “peligro inminente”.

Si bien en una segunda etapa de investigación, llevada a cabo en 1997, pudieron observarse cambios en los titulares, lo que se sostiene por la aparición de los primeros tratamientos efectivos de la infección, “las representaciones más catastróficas comenzaron a mixturarse con otras nuevas, con lo que el campo discursivo evidencia un cruce de temporalidades en el que no se cancelan los significados anteriores.”

Sostiene Vaggione que “se construyó una representación social densa y cargada de significados punitivos en torno al origen de la patología y de quienes la padecían”. Marcio Marinuela, en su trabajo The Social Representation of AIDS: Groups at Risk, asegura que “la categoría grupo de riesgo fue incorporada al discurso social para identificar a los individuos que representaban un peligro y, en consecuencia, se convirtió en factor de segregación social. Esto contribuyó significativamente a la difusión del VIH entre la población que no se identificaba en esta categoría.”

“Las prácticas sexuales denominadas homosexuales fueron el blanco de esta categoría a inicios de los años 80; el sida fue anunciado en los medios de comunicación como una enfermedad de homosexuales. Aunque se quiera colocar este hecho en el pasado, es necesario recordar que este factor fue decisivo para la construcción del imaginario social del sida”, añade Marinuela.

Fantasías

También en torno a un trabajo investigativo en adolescentes, Algunas reflexiones acerca del complejo VIH-Sida: Del imaginario social al imaginario social adolescente, el licenciado en Psicología Carlos A. Barzani incluye conclusiones de sus investigaciones tales como que “la historia del sida nos trajo dos grandes significaciones de la enfermedad. En una primera etapa se la caracterizó como una “enfermedad gay (peste rosa)”, y en una segunda como una enfermedad de grupos de alto riesgo”. La categoría “grupo de riesgo” continúa aún hoy vigente en el imaginario de los jóvenes y la significación “imaginarías al sida como una enfermedad debida a la perversión sexual” se superpone, a modo de capas geológicas, a otro imaginario, el de una enfermedad debida al exceso sexual, como eran antes la sífilis y otras enfermedades venéreas.

Como vemos, poco o nada ha cambiado en el imaginario social acerca del sida, y si bien muchos son los esfuerzos apostados para cambiar algo pocos son los resultados obtenidos.

Ahora bien: ¿cuál sería un posible abordaje para modificar este imaginario? ¿Cómo podemos pensar una intervención que tome la problemática con la complejidad que ella requiere?

Es imposible abordar una prevención sin tener en cuenta estas representaciones tan arraigadas como son el sida como problema del diferente o del trasgresor. Tampoco se debe dejar de trabajar acerca de las diferencias en relación al imaginario que sostiene al VIH sin diferenciación del sida, y al sida indiferenciado de la muerte.

Si bien un imaginario en tiempo y espacio cohesiona una sociedad y le otorga su singularidad propia, en este caso este “imaginario tanático” sigue provocando cegueras que entrampan a un sujeto, que es producto y re-productor de ese magma de significaciones.

El grupo Habitus, de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, propone reflexionar acerca de la necesariedad causal de los términos VIH y sida=muerte. Como fórmula discursiva que circula en el imaginario social y produce terror, “provoca al menos dos consecuencias igualmente peligrosas: 1) una de ellas, la paralización y consecuente negación de esta problemática; 2) que los sujetos, si sus estructuras psíquicas se lo permiten, intenten desafiar este supuesto social llevando a cabo acciones de riesgo y actuando de forma omnipotente al intentar vencer la propia muerte.” Poder trabajar en la diferenciación acerca de infección por VIH en relación a la enfermedad sida quitaría también en parte el terror. Y calmaría los fantasmas que produce el momento de realizarse un testeo, lo que se observa en gran parte de la población, y daría otras herramientas en caso de tener que afrontar un diagnóstico positivo.

La acción

Está investigado que las difusiones masivas no otorgan resultados significativos, ya que “prescinden necesariamente de las diferencias individuales, lo que deja por fuera la singularidad, las prácticas concretas y el modo singular de ejercer la sexualidad de cada persona”, tal como lo plantea Barzani.

Es de tomar en cuenta la propuesta de Morin acerca de que “la acción escapa a nuestras intenciones, y que en el momento en que un individuo emprende una acción, cualesquiera que fuere, ésta comienza a escapar a sus intenciones. Esa acción entra en un universo de interacciones y es finalmente el ambiente el que toma posesión, en un sentido que puede volverse contrario a la intención inicial”.

“El pensamiento complejo no rechaza, a la claridad, el orden, el determinismo. Pero los sabe insuficientes, sabe que no podemos programar el descubrimiento, el conocimiento ni la acción. La complejidad no es una receta para conocer lo inesperado. Pero nos vuelve prudentes, atentos, no nos deja dormirnos en la mecánica y la trivialidad aparente de los determinismos.”

•    El Autor de esta nota es parte del Grupo CONv.i.h.VIR –  mdupont@psi.uba.ar

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