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Por Bruno Bimbi – (Revista Imperio)

Educación sexual: de eso no se habla

Muchas veces hemos hablado en estas páginas sobre educación sexual. Parece difícil comprender que todavía siga estando en discusión si los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibirla. En las escuelas se obliga a los chicos a memorizar una gran cantidad de estupideces que jamás usarán en su vida y que olvidarán minutos después del examen, pero está en discusión si debe haber educación sexual.

 

Mientras, sigue creciendo la maternidad adolescente. Mientras, los pibes se siguen contagiando enfermedades de transmisión sexual. Mientras, sigue habiendo chicas que creen que en su primera vez no pueden quedar embarazadas. Mientras, el aborto clandestino sigue siendo la principal causa de muerte materna y afecta, principalmente, a adolescentes y jóvenes. Mientras, sigue habiendo abusos sexuales en el interior de muchas familias. Mientras, muchos medios de comunicación siguen difundiendo prejuicios sobre la sexualidad.

En muchos hogares, y en muchas escuelas, la homosexualidad sigue siendo un tabú. En tantísimos programas con mucho rating, un motivo de burla y chiste fácil. Y los niños, niñas y adolescentes gays o lesbianas siguen mirándose en el espejo de una cultura machista y homofóbica. Muchos no tienen dónde encontrar información que les dé respuestas a sus interrogantes.

Pero en la escuela están tratando asuntos tan urgentes y trascendentes como la extensión del río Nilo. El cuadrado de la hipotenusa. El valor de Pi. El nombre de la capital de Guinea Ecuatorial. El árbol genealógico de los emperadores europeos. La reproducción de los batracios.

Sobre todo esto hemos hablado. Y hemos explicado cómo la Iglesia Católica Apostólica Romana, enemiga declarada de todas las libertades y convencida de su derecho a legislar sobre la vida privada de todas las personas y también sobre las políticas de Estado, se encarga de hacer lobby para que los chicos no reciban educación sexual. Porque el sexo es el enemigo favorito de los señores de negro.

Sin embargo, hay una parte de este tema de la que poco se habla.
¿Quiénes tendrían que pararse frente a los chicos y las chicas en el aula para hablarles de educación sexual? Los docentes. ¿Y los docentes recibieron educación sexual? Es todo un tema.

Estoy terminando una carrera de profesorado. El año pasado tuve una materia titulada Psicología de la educación que, se supone… La profesora nos enseñó muchas cosas. Por ejemplo, que “una mala resolución del complejo de Edipo puede causar una perversión o una homosexualidad” (sic). Que “la homosexualidad, si bien no se considera actualmente una enfermedad, está claro que no es algo natural” (sic). Y un día, entre risas, dijo que tiempo atrás había tenido un alumno “que era amanerado pero creo que finalmente no se hizo homosexual, no sé, jajaja”.

Después vino con todo ese rollo de la figura paterna, y algunas alumnas empezaron a preguntarle si sus hijos “podían volverse homosexuales” porque el marido estaba poco en casa. Sus respuestas no agregaron más que confusión.
Estamos en problemas.

Preocupaciones

Si conseguimos torcerles el brazo a los señores obispos y finalmente hay educación sexual, los educadores van a ser profesores y profesoras como nosotros, que fueron educados por profesores y profesoras como la autora de las barbaridades antes citadas. Dios me libre, debería decir, dándoles la razón a los curas.

¿En el Ministerio de Educación se habrán puesto a pensar en esto? ¿En manos de quiénes está la formación docente? Es irritante e incomprensible que quienes conducen las políticas educativas del país (y lo digo con mayor irritación porque creo que hemos tenido en estos años dos excelentes ministros de Educación, Daniel Filmus y Tedesco, que han hecho cosas muy buenas) aún no hayan tomado conciencia sobre lo que todo esto significa para la vida de muchos pibes.

Muchos pibes que necesitan recibir información en la escuela. Muchos pibes a los que las barbaridades que dijo mi profesora podrían hacerles mucho daño, causarles mucho sufrimiento, cagarles la adolescencia.

Claro, esos pibes forman parte de una minoría. ¿A quién le importan?
“La gente” tiene otras preocupaciones, como la inseguridad y el precio del tomate.