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Malva, la historia de las travestis en la Argentina en primera persona

Buenos Aires – (Telam)

Malva, la leyenda viva

El libro “Malva, mi recorrido”, presentado en el Centro Cultural Rojas, es una autobiografía de quizás el travesti más viejo de la Argentina, que aporta a la memoria colectiva historias de casi un siglo sobre las condiciones de vida de travestis y transexuales en el país y que le devuelve la palabra a un sector segregado por la sociedad durante muchos años.

La noche en el Centro Cultural Rojas fue memorable, era la primera vez que se presentaba un libro de estas características y su protagonista, Malva, de más de 90 años, rebosaba de emoción, entre lágrimas y un orgullo tenaz que la acompañó toda su vida.

Sobre el escenario del auditorio y ante medio centenar de jóvenes, el flamante coordinador del área de comunicación, Cristian Alarcón, y la directora de “El teje”, primer periódico travesti latinoamericano, Marlene Wayar, abrieron una charla intimista con Malva, custodio poético de un registro en primera persona que desafía la convenciones narrativas sobre la concepción trans del país.

Marlene, prologuista de Malva, fue contundente: “se nos ha reducido a sujetos simples sustentando esa simplicidad en nuestra condición de maricas. Somos en infinitas maneras maricas de modo radical, lo que implica una sexualidad disidente y manifiesta”.

Esa misma configuración, para Marlene, fue “deshumanizada con la acción del pensamiento hegemónico que se fue encadenando en una coherencia nefasta: demonización, criminalización y patologización”.

Marlene, una travesti de casi dos metros, con voz dulce y palabra precisa, encabeza “El Teje”, una de las acciones comunicativas más originales del momento que nació en 2007 al calor del primer taller de periodismo para personas travestis y transexuales, dictado por Alejandra Dandan.

El libro de Malva, editado por el Rojas, se enmarca en este gran proyecto comunicativo contenido por el área de Tecnologías de Género del Centro Cultural, bajo la coordinación de Paula Viturro.

Marlene es clara, este texto “es un ejercicio de la memoria indispensable”. Según estadísticas de organizaciones de travestis, esta población posee un promedio de vida de 35 años. “lo que convierte a Malva en una sobreviviente para la construcción de una memoria colectiva que nos ha sido expropiada”.

Alarcón inscribió este libro en la tradición del relato cronicado.”Es una forma de contar la alteridad, de llevar la periferia al centro, es procaz y orgulloso.”

Llegó el turno de Malva, una viejita de presencia frágil vestida con un poncho y jeans, un poco sorda, simpática, irreverente y dueña de un relato despojado.

“De chiquito sabía que iba a contrapelo de los demás. Era una etapa de confusión, entendí después que la homosexualidad es una tendencia genética de la que no se puede escapar”, sentenció.

Su vida es un registro insólito de experiencias: de origen chileno, Malva en su adolescencia cruzó los Andes caminando para encontrar la libertad sexual que en su país le fue negada. “Eramos cuatro putitos insolentes ante la vida, creíamos que cruzar la cordillera era pasear por una avenida llena de vidrieras”, recordó, entre risas tímidas de la gente.

El primer encuentro con Buenos Aires fue Retiro “estaba todo el puterío, era como una reposición de `Las mil y una noches`. Los rubios estaban en las películas”, remató Malva ante la desilusión de no encontrar a las luminarias del cine de oro nacional.

Malva fue mozo, lavaplatos, chef y modista de grandes vedettes de la revista porteña. Escuchó en vivo a Gardel, a Pugliese y a Troilo. Trabajó en los mejores restaurantes de la ciudad, viajó en Mateo y recorrió las calles porteñas en tranvía.

Después de estudiar corte y confección por dos años, entró como vestuarista al mundo del teatro. Vistió a Moria, Carmen Barbieri y a Susana Giménez, pero su favoritas fueron Zulma Faiad y Nélida Lobato: “eran el súmmum, monologuistas, capo cómicas, no como ahora que son una manga de prostitutas”, dijo sin trastabillar.

En 1947 “casi todas las noches había encarcelamientos de travestis y homosexuales, no podíamos estar más de 30 días sin causa judiciales, los maricones no encajábamos dentro del sistema y la moral era salvaguardada por los edictos”, contó.

“Íbamos presos porque nos gustaban los hombres y el pabellón era un círculo de alienados mentales imposible de encauzar -desdramatizó-. Cosía corpiños y culottes con los forros del colchón e imitábamos a las vedettes. Los chongos que dormían al lado, nos gritaban un rosario de puteadas. Y con la llegada de los militares todo fue peor”, relató Malva.

“Quiero que los homosexuales de hoy sepan cómo vivimos antes.

Fuimos sometidos, tratados de manera brutal, persecutoria y vejatoria por el simple hecho de no encajar en los sistemas que otros pergeñaban”, expresó.

¿Y ahora, Malva, cómo vive?. “Es maravilloso. La presidenta (Cristina Fernández de Kirchner) me dio lo que yo desee toda mi vida: la libertad.”

“Tuve la satisfacción de entrar a la Casa Rosada como homosexual. Es muy importante lo que la Presidenta hizo con la ley igualitaria. Nunca desde que este país se fundó, vi que un presidente besara un homosexual sin darle asco. Cuánto valor tiene todo esto, para mi es imborrable”, concluyó entre lágrimas, esta abuela travesti después de dar una cátedra de historia.

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