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Pepe Cibrián Campoy en primera persona

Por Mariano Casas Di Nardo – (Revista Imperio)

El autor, actor, director y docente anticipa su autobiografía y habla, como pocas veces lo ha hecho, de su relación de años con su pareja, Santiago. “A veces me pregunto qué será tan urticante de la homosexualidad que tanto exaspera a la gente conservadora”, admite.

Pepe Cibrian Campoy, sin reservas

El ser humano tiene todo al alcance de su mano si lo quiere. Sólo hay que tenerlo claro. La felicidad y la libertad, estados necesarios para la vida cotidiana, tienen su carácter eterno. Por lo general son efímeros y se suceden a lo largo del día en cada uno de nosotros. Algunos lo adoptan como filosofía de vida y parecen deslizarse a otra velocidad.

Pepe Cibrián Campoy, actor, autor, director y docente, se anota entre los hombres que rompieron con las cadenas del qué dirán y viven en armonía con su alma. No muchos pueden hacerlo. Y bajo el mismo sello que le imprime a sus obras teatrales, diseñó su vida. Un hogar fastuoso como escenario barroco, sus cuatro perros (Paco, Totó, Micaela y Junior) que lo siguen a todas partes de manera coreográfica, como bailarines a una estrella protagónica, y él, como figura máxima y anfitrión de sus espectadores.

Su actor fetiche, el más mimado, es Santiago, su pareja desde hace diez años, amor de su vida y compañero de viajes por el mundo un mes al año, cuando busca la inspiración divina que sólo el viejo continente puede ofrecer.

“No me importa que hablen de mi vida privada. Además, ya estoy grande y no tengo que dar explicaciones de nada a nadie. Sí, contar las cosas que me pasan que creo pueden resultar interesantes al público que sigue mis obras. Yo estoy tranquilo conmigo mismo. Soy feliz, así que no tengo ningún problema en decir las cosas como son. Tengo una pareja que se llama Santiago, con quien convivo desde hace diez años, más joven que yo, arquitecto y sobre todo un gran compañero”.

-¿Y por qué ahora este sinceramiento personal?
-No sé, se dio así. Lo que sí recuerdo es cuándo surgió. Estaba un día en el programa de Oscar González Oro y me preguntó sobre el amor, sobre los vínculos, y en ese instante pasó por mi cabeza por qué hablar del amor y no mencionar a Santiago, quien hacía mucho tiempo que compartía conmigo ese sentimiento. Ese día me largué y hablé de él. Y al finalizar la charla sentí una profunda tranquilidad. Sé que hay gente que puede estar en desacuerdo, pero me sentí bien conmigo. Me fui sincero. Que la gente me juzgue como quiera. Si no me importó lo que dijera mi padre cuando se lo conté, menos me iba a importar lo que dijera gente que ni conozco.

Ser un hombre

“Esperá que voy a llamar a Clara (su ama de llaves) para que venga a buscar a Paco. Así no vamos a poder hablar tranquilos”, avisa Pepe al ver que uno de sus perros no para de respirarle al oído. Desenfunda su celular dorado, marca un número de su memoria y suena un celular en la habitación contigua. “Clara, podés venir a buscar a Paco que está insoportable. Y ya que estás traeme algunas frutas y mi pastilla”. De nuevo solos, -¿Por qué, a los 61 años, decidió escribir una autobiografía?
-En realidad, la gente de Ediciones B me convocó para que escribiera novelas. Yo ya había escrito una novela llamada “Chat”, por cierto una muy linda novela. La idea era escribir una serie de novelas que puedan salir en años corridos. Pero después de varias reuniones con los editores decidimos que sería bueno en lugar de escribir novelas hacer mi biografía, con la idea de contar quién soy.

-¿Y quién es Pepe Cibrián?
-Creo que soy un hombre importante de la cultura -piensa y duda-. Creo que dejé una corriente de teatro interesante y hay que explicar por qué. Que formé a decenas de artistas y en ese sentido sí soy importante para nuestro país. Pude cumplirle el sueño a varios artistas y dejo una impronta. Pero a su vez creí que todo eso no era suficiente y me comprometí a contar un poco más. No a nivel profesional sino personal, desde un lugar más humano. Recuerdo una charla muy importante que tuve con mi padre a los dieciocho años, en la que le conté mis vivencias. Yo nunca tuve un diálogo muy estrecho con mi padre, pero las veces que hemos hablado me marcaron para siempre. Y en esa charla, donde estaba muy angustiado y temeroso del mundo, le confesé lo que me aturdía. Él me contestó que no veía el conflicto. Y me respondió: “Se es hombre en la vida y no en la cama”. Esa frase me marcó la libertad y me redobló la apuesta: “Eso sí, viví lo que tengas que vivir al ciento por ciento. Nunca te quedes con nada”. Un muy buen concepto de alguien que no era mi amigo. Y después de esa charla no se habló nunca más de ningún tema mío personal. Con este libro siento que estoy teniendo esa misma charla pero con mi público. Y siento que estoy revalidando esa libertad adolescente. Por supuesto que resguardo mi intimidad pero creo en el respeto, tanto mío para con el público como del público conmigo.

-Seguramente, la frese de su padre dejará ahora pensando a mucha gente…
-Para mí fue la columna vertebral de mi vida. El libro está escrito como pienso. Entendí que el libro no tenía por qué tener un orden, porque en la vida tampoco hay un orden. Entonces escribí momentos. Cosas privadas de mis padres, experiencias mías como hombre, como director y actor de teatro. Sin cronología. Hay un capítulo sobre lo que pienso de la pareja, o cómo veo yo al teatro, y lo que significan la familia y el amor.

-No es un libro escandaloso. Es una visión sobre cómo Cibrián entiende la vida…
-Sí, podríamos decir que sí. No hay escándalos, no hablo mal de nadie ni mando a nadie a la hoguera. No voy a estar en ningún programa de chimentos defendiendo mi libro. A lo sumo alguna entrevista periodística. Si quieren quilombo que miren los programas de la tarde porque en mi libro no hay nada de eso. Ya hay bastante gente para el escándalo. Yo no sirvo para eso.

-¿Qué opina del matrimonio gay, habiendo crecido en una época en la que casi no se podía mencionar la palabra “homosexual”?

Pepe, protagonista por el matrimonio igualitario


-Es un tema muy paradójico y sobre el cual pienso mucho. Estamos en un país que se atrasa día a día a nivel cultural, educativo y sanitario, y sin embargo estamos muy adelantados para otras cosas, al nivel de los más desarrollados de Europa. Antes se negaba lo innegable, y es un hecho que existen estos vínculos. Y no desde ahora, desde siempre. El problema es que se mezcla la homosexualidad con lo perverso, entonces lo ven como algo inmoral. Claro que hay homosexuales perversos. Como también vemos la perversión en los miembros de nuestra jerarquía religiosa católica con sus inclinaciones pedófilas. Hay que ser más abierto y no encerrarse en un concepto erróneo y antiguo.

Mundo Pepe

Disfrutar de la paz del hogar de Pepe Cibrián es entrar un poco en su mundo privado. Un mundo idílico y hasta paradisíaco, donde se respira arte. Una burbuja cultural en pleno Pilar. Un oasis con habitaciones y más habitaciones, decoradas con un total de ciento sesenta obras de arte, entre cuadros y esculturas. Una pared llena de DVD, donde se puede encontrar desde la película menos vista del cine francés hasta la colección completa de la serie Friends.

También hacen de paisaje miles de VHS apilados en todos los rincones y, la vedette de su habitación, un plasma de todas las pulgadas posibles. “Sí, ya sé, es ideal para el Mundial de Fútbol, pero no me gusta el fútbol, para nada, así que veo muchas películas. De hecho, hace seis años que no miro televisión”.

Fotos de su entrañable madre, Ana María Campoy, completan el cuadro. “Miro mucho cine, teatro poco. Casi no voy, te diría. Es que soy muy casero, salgo poco. Hago pilates, camino mucho con mis perros y también me aburro mucho. Leo todos los diarios por Internet y escribo para mi blog. El cine iraní me aburre mucho. Ahora quedé encantado con Avatar. ¡Qué bella película! La que tengo que ver es El secreto de sus ojos”.

Quien crea que Cibrián Campoy, cubano de nacimiento y argentino por instinto, fue influenciado por Fellini, Pier Paolo Passolini, Luis Buñuel o Alfred Hitchcock, se equivoca. Tarzán fue quien moldeó su esencia.

“A los seis años estaba enamorado de Tarzán, soñaba con él. Me imaginaba que tenía un taparrabos y se lo iba sacando pero dentro tenía otro, y así siempre. Creo que así es la vida para mí. Como una cebolla que voy sacando capas y nunca encuentro nada. Es investigar y seguir investigando. Me identifico mucho con Tarzán en eso de ir buscando liana por liana. Pero siempre siendo nacional, soy esencialmente un ser nacional. Nunca me interesó ver qué sucedería conmigo en el exterior, aunque acá no se me valore como merezco. Si te fijás, todos los grandes tuvieron que irse para ser reconocidos. Sin ir más lejos, mirá a Elena Roger. Tuvo que triunfar en Londres para que se la valore. Acá hacía lo mismo pero allá parecía mejor.

-Además de Tarzán, ¿quién más lo ha influenciado?
-Mi padre. Aún hoy siento una profunda admiración por él. Lo extraño y lo pienso. Pero me identifico con todos los hombres que luchan por sus ideales.

-Seguramente, en Europa o en Broadway usted hubiese triunfado y hoy sería una eminencia a nivel mundial…
-Puede ser, no lo sé. Quedará para otra vida. Aclaro que sí me siento reconocido por mis pares y por los medios especializados, pero no por los medios en sí. Creo que debería ser más respetado, siento que me faltan premios. Que no hay un equilibrio entre todo lo sembrado y lo cosechado. No fui muy premiado. De hecho, la terna de los ACE la hicieron por mí y nunca gané nada con musicales, ni me ternan.

-¿Cree que hay algo en tu contra?
-No, no creo. Pero nunca gané un ACE. Premios Clarín tampoco. Igual sigo haciendo lo mío, lo que sé hacer. En ese sentido me siento identificado con Woody Allen que no para nunca. Hará cosas mejores o peores, pero no para. Yo soy así. Mi psicólogo dice que soy mucho más reconocido que mis obras. Voy por la calle y me saludan todos, pero mis obras no las ven. Me dicen “genio”, “maestro”, pero no saben qué obras hago.

-¿Le molesta que lo critiquen?
-Por supuesto que sí. Yo no sabría hacer otra cosa que lo que hago, y hacerla y que alguien que no sabe del tema haga un comentario negativo me duele. Me afecta que eso pueda leerlo otro y motivarlo para mal. Recuerdo una vez que tuve una crítica ofensiva y como no tenía derecho a réplica en ese medio todas las noches ante de cada función leía esa crítica errada y mi descargo. Cada noche, ante tres mil personas, le contestaba al periodista. Se tuvo que ir del diario porque estaba equivocado y no quería retractarse. Así me desahogué de su comentario malintencionado. Escribe cualquiera y cualquiera hoy es un líder de opinión.

-Pensé que ya estaría más allá de las críticas…
-Los artistas somos vanidosos. Está en juego el ego de uno. Cuando se habla sin fundamentos, duele. Ahora me pasó que en Las mil y una noches los actores son geniales, que brillan, que (Juan) Rodó es un emblema del género musical. Y nadie habla de quién los dirige. Y menos hablan de la música de Ángel (Mahler). Esas cosas me molestan.

Pepe Cibrián seguramente plantó más de un árbol de su laberíntico jardín. Y además de haber dejado un decálogo de cómo hacer comedias musicales, hoy presenta su libro. Para sus detractores, si es que los hay, a Pepe le faltaría tener un hijo para completar el ciclo ideal de la vida. Sin embargo, muchos son los actores que deben estar agradecidos de por vida a su “padre artístico”, que aún hoy sigue formando, no sólo a sus actuales dirigidos, sino a toda una generación de artistas. Entonces volvamos al inicio, porque si por estas líneas no pasó la libertad ni la felicidad, entonces esos conceptos, definitivamente, no existen.

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