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Senado de Nueva York aprobó el matrimonio igualitario

Nueva York – (EFE y AFP)

Nueva York aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo

 

El Senado de Nueva York aprobó este viernes, tras una semana de tensas negociaciones, la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo en ese estado.

La legislación fue aprobada por 33 votos a favor y 29 en contra, durante una tensa votación en la que senadores demócratas y republicanos explicaron su voto, mientras en el exterior de la cámara esperaban partidarios y detractores de la medida.

La ‘Marriage Equality Act’ (Ley de Igualdad de Matrimonio) fue aprobada con una serie de modificaciones en el proyecto original presentado por el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, respecto a ciertos derechos de las instituciones religiosas.

La iniciativa ya había sido votada el pasado 14 de junio por la Asamblea (cámara baja), que también ratificó las enmiendas el jueves por la noche.

La comunidad homosexual festejaba este histórico momento en las calles de barrios neoyorquinos del East Village y West Village (Manhattan), según imágenes de los canales de televisión estadounidense.

De su lado, la sede de la legislatura en Albany (la capital estatal, 240 km al norte de Nueva York) era escenario de manifestaciones a favor y en contra del casamiento homosexual.

Hasta ahora, cinco estados estadounidenses (Iowa, New Hampshire, Massachusetts, Connecticut y Vermont) y el Distrito de Columbia (Washington DC) permitían el casamiento entre personas del mismo sexo.

Otros como Hawai, California, Nevada, Oregón, Washington y Nueva Jersey proponen a las parejas homosexuales uniones civiles, con lo que les otorgan los mismos derechos y deberes de los matrimonios heterosexuales pero sin el derecho a casamiento.

Según un sondeo publicado en marzo, la mayoría de los estadounidenses están a favor del matrimonio homosexual por primera vez en casi una década, con 53% contra 44%.

Palabra de activista: Nueva York 42 años después

Festejos en la puerta del mitico bar Stonewall Inn

 

Yo viví casi una década en Nueva York, así que haber sabido esta madrugada que el senado ha aprobado el matrimonio gay 42 años después de las revueltas de Stonewall ha sido un momento muy emocionante.

He seguido atentamente el proceso y me emocionó especialmente ver anoche a una multitud reunida delante del mítico Stonewall Inn, el local en el que se originaron las revueltas que se celebran el Día del Orgullo Gay. La emoción y reverencia se podían palpar.

Por supuesto recordé a mi san Judy Garland (cambio los géneros hagiográficos por eso de discutir el heterocentrismo, el Patriarcado y lo normativo, para los que no me conozcan). Ella fue la principal causa de aquellas revueltas. Nunca lo supo, pero su muerte fue un golpe durísimo para la comunidad LGTB que la había convertido en su santa patrona hacía mucho ya. Su ejemplo de enfrentamiento a los prejuicios, de personalidad tan carismática como controvertida, de talento innegable y continuos guiños gays, la puso en aquél pedestal del que ya nunca se ha bajado.

Cuando murió, la comunidad LGTB se sintió huérfana y no estaba para tonterías. Así que la ocurrencia de aquellos policías de hacer la habitual redada en el Stonewall Inn con san Judy de cuerpo presente fue una mala idea. No contaban con que la mayoría de las transexuales, bolleras camioneras y maricas allí reunidos habían pasado el día guardando cola entre lágrimas en la funeraria Campbell para ver a la santa, san Judy, recién traída de Londres, donde murió el 22 de junio.

Cuando el jefe de policía ordenó que se apagase la gramola en la que llevaba todo el día sonando sin parar el Over The Rainbow de san Judy, himno oficioso de la comunidad gay, los maricones, bolleras y transexuales allí presentes dijeron hasta aquí hemos llegado. Atacaron a la policía e impidieron que apagasen la voz de san Judy. Aquello degeneró en las revueltas que parieron nuestros derechos, la primera vez que tuvieron que respetarnos. Había llegado el momento, no íbamos a tolerar más humillaciones, más patadas arbitrarias, más cabezas sumergidas en el barreño de los vasos sucios con peluca incluida, más desnudos frente a todos para contar si llevábamos las reglamentarias cinco prendas de nuestro género, más sobornos para poder operar locales infectos sin agua corriente y sin luz… eso se celebra el Día del Orgullo Gay.

Por eso fue tan emocionante ver a esta multitud reunida frente a lo más parecido a nuestra Mecca que exista: el Stonewall Inn. Esperaban allí el resultado de la votación.

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