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Hijos sin ley: Alquiler de vientre, el debate que falta.

Por Raquel Roberti – (Veintitres)

Florencia Trinidad y su pareja serán padres con esta técnica, tal como varios personajes famosos. Sin embargo, la práctica no es legal en la Argentina. Qué países la aceptan y cuáles no. ¿Una solución para la infertilidad o una práctica condenable?

Hijos sin ley: Alquiler de vientre: el debate que falta.

Mercedes va a ser mamá en agosto, falta poco y la ansiedad empieza a hacerse sentir. No tiene panza, no engordó, no sufrió los calores típicos de la revolución hormonal ni las náuseas acostumbradas de los primeros meses de embarazo. El útero de Mercedes, además, por secuelas de una antigua cirugía, no retiene los embriones. Sin embargo, va a ser mamá. No adoptará un niño. Tendrá un hijo biológico, nacido de un óvulo suyo fecundado por el semen de su marido. Es posible porque otra mujer (la “portadora”) “prestó” su útero para llevar adelante el embarazo y porque la fecundación se realizó in vitro, es decir, en un laboratorio. La técnica se conoce como “alquiler de vientre” –porque implica el pago de una suma acordada a la portadora, además de los gastos médicos– o “maternidad subrogada”, porque muchas veces la portadora es familiar o amiga de la pareja que desea el hijo y acepta llevar el embarazo por razones altruistas. En general, se habla de esta técnica cuando la implementan gays o travestis, como Florencia (de la V) Trinidad, Ricky Martin, Ricardo Fort o Elton John, entre otros. Pero es una alternativa válida para el 17,5 por ciento de las parejas argentinas que padecen algún tipo de infertilidad y que, de querer apelar al alquiler de vientre, deberán hacerlo en algún país donde sea legal o someterse a los riesgos de concretarlo en la Argentina.

La ausencia de normas en el país con respecto a este método en particular implica que el proceso se regirá por el Código Civil, cuya letra sostiene que madre es quien pare, de modo que si la portadora del embarazo ajeno se arrepiente y decide quedarse con el niño una vez nacido, nada ni nadie podrá impedirlo. Si no hay problemas, luego del nacimiento el donante del semen deberá reconocer al niño como propio como paso previo a que su pareja pueda actuar como adoptante. Eso siempre y cuando la pareja de la portadora esté de acuerdo, caso contrario las cosas se complican más todavía.

Aunque la Argentina siempre estuvo en la vanguardia de la fertilización asistida, el tema está lejos de ser eje de un debate social: el último proyecto legislativo presentado propone que la infertilidad se considere una enfermedad y que su tratamiento tenga cobertura de parte de obras sociales y prepagas, pero todavía espera que lo discutan los integrantes de la Comisión de Salud del Senado. El alquiler de vientre es un paso más allá en el tema de fertilidad.

Tener un hijo biológico como sea, aun cuando no lleve los genes de alguno de los padres, parece ser el imperativo social que motoriza el deseo personal. O quizá sea a la inversa. Pero desde que Lesley Brown alumbró a Louise –la primera bebé de probeta, en 1978–, la reproducción dejó de ser un tema de la intimidad para incluir a los laboratorios. Desde entonces las técnicas avanzaron y hoy las diversas variantes del “alquiler de vientre” (ver aparte) son moneda corriente en muchas partes del mundo.

En Internet abundan los avisos de mujeres argentinas que ofrecen su vientre y muchos incluyen el precio, cercano a los 40 mil dólares. Pero Mercedes y su marido no quisieron arriesgarse y realizaron el tratamiento en Estados Unidos. “Fuimos a Miami porque es uno de los estados donde es legal, y eso nos da confianza. No tuvimos miedo, todo es muy claro”, admite Mercedes, quien reconoce la importancia de contar con el apoyo de una terapia psicológica antes y durante el proceso.

También acudieron a ese país Ricardo Fort –a quien su padre le regaló el costo del tratamiento para que se convirtiera en padre de mellizos– y Florencia (de la V) Trinidad y su esposo, Pablo Goycochea, quienes también tendrán mellizos a fin de año. Aunque no cambió su anatomía, que sigue siendo masculina, Florencia logró que la Justicia ordenara el cambio de nombre en su documentación y reconociera su condición femenina, que mantiene desde hace años. El donante de esperma fue Pablo, pero Florencia no contó si la portadora también donó sus óvulos –como en el caso de los mellizos del cantante puertorriqueño Ricky Martin, quien también gestionó el embarazo en Miami– o si recurrieron a un banco.

El proceso en Estados Unidos, en aquellos estados donde está legislado, comienza en una agencia que busca a la portadora que mejor se adecue a los requerimientos de la pareja interesada. Luego se firma un contrato ante abogados y sólo después de ello se procede a la fecundación in vitro (FIV) o a la inseminación directa en el caso de que la portadora done sus óvulos. La pareja que contrata puede inscribir como propio al niño y, en caso de incumplimiento por alguna de las partes, el contrato se ejecuta en los tribunales correspondientes.

Según Fernando Akerman, médico argentino que hace veinte años reside en Miami, donde dirige el Centro de Fertilidad y Fertilidad In Vitro, en Estados Unidos se realizan “unos 120.000 ciclos anuales de FIV, de los que unos 1.200 son de vientre de alquiler. Aquí la portadora debe cumplir ciertos requisitos, como ser mayor de 21 años, tener un hijo/a, y superar una evaluación médica psicológica, entre otros, para evitar que decida por interés económico. De los cientos de parejas argentinas con problemas de infertilidad que atendí en nuestro centro, unos 25 casos anuales corresponden a maternidad subrogada gestacional”.

Entre esos casos está el de Mercedes, quien está en contacto permanente con la portadora para seguir la evolución del embarazo. “Nuestros familiares y amigos cercanos están felices porque, finalmente, lograremos ser padres”, cuenta, y se esperanza en que su testimonio “sirva para ayudar a quien lo necesite; ojalá en un futuro cercano se pueda hacer en nuestro país, donde sólo falta la parte legal ya que la parte médica es muy buena”.

Sin embargo, la cuestión legal no parece estar cerca de resolverse: “Hoy la mayoría de los profesionales y sociedades científicas del país no convalidan la técnica, salvo casos muy particulares. Hay cuestiones más básicas para solucionar en reproducción asistida, como que no haya dudas en la posibilidad de usar gametas donadas y en la criopreservación de embriones. Primero debemos llegar a eso y luego ver algo más avanzado”, considera Sergio Papier, director médico de CEGYR (Centro de Estudios en Ginecología y Reproducción).

En el mismo sentido se expresó Akerman, tomando como ejemplo la ovodonación o la donación de embriones: “Sería ideal que se sancione una ley que incluya esos aspectos, pero la que está en el Congreso no considera la maternidad subrogada. De todos modos, es más importante dar un paso pequeño que no dar ninguno”.

Fernando Neuspiller, director médico de la sede Buenos Aires de IVI, clínica española especializada en reproducción asistida, considera que “es una opción válida siempre que haya un contexto legal, no habiéndolo es extremadamente peligrosa. Además, no está bien vista esta técnica en la Argentina, porque los avisos que circulan son de portadoras que desean un intercambio de dinero. Además hay reparos de tipo moral o religioso en la sociedad. Si fuera donación de útero, es decir que tuviera un fin altruista, sería mejor vista”.

En España la técnica está prohibida por ley, de modo que las parejas van a Inglaterra o a California, donde está regulada. Neuspiller contó, también, que hace poco atendió a una pareja de hombres que pretendía implantar en una mujer un óvulo donado y fecundado con su semen. “Legal y genéticamente es borrar las pistas del origen, para que nadie pueda reclamar a posteriori.”

Es el caso de Elton John y su esposo, David Furnish, quienes en diciembre pasado presentaron en sociedad a su hijo Zachary. Ambos aportaron su semen y dejaron librado al azar cuál de ellos es el padre biológico, pero la fecundación se realizó sobre un óvulo donado que luego se implantó a una tercera mujer. Mucho menos publicitadas fueron las maternidades de Nicole Kidman (diciembre de 2010), Sarah Jessica Parker (a fines de 2008) y Sharon Stone (2005), quienes también apelaron a la técnica de maternidad subrogada para tener hijos con sus actuales parejas.

El costo de estos contratos, en algún país donde esté legislado, varía de 150 mil dólares a 40 mil euros. En Holanda y Francia –donde se debatió filosóficamente– están expresamente prohibidos, en Canadá se admite sólo la forma altruista; en Estados Unidos, India, Bélgica, Grecia, Reino Unido y Ucrania, está permitido.

Tener descendencia, que el apellido y el ADN no mueran con uno, es el sueño de millones de personas en el mundo. Héteros y homosexuales que desean tener un hijo como sea. Y que quizá se identifiquen con las palabras que Pablo Neruda plasmó en el poema “El hijo” (Los versos del Capitán): “Como una gran tormenta / sacudimos nosotros / el árbol de la vida / hasta las más ocultas / fibras de las raíces / y apareces ahora / cantando en el follaje, / en la más alta rama / que contigo alcanzamos”.

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