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La Barby: lo kitsch no engorda

Por Rafa Tano – (Revista Imperio)

Con una imagen entre kitsch y aniñada, saltó de los boliches gay al programa de Marcelo Tinelli, y debutó en teatro junto a Moria Casán, dirigida por Gerardo Sofovich. Leo, el álter ego de este entrañable personaje, desnuda su lado B.

Un cuerpo rollizo, con varios kilos de más. Y una humanidad a toda prueba. Ojos escudriñadores, voz graciosa, actitud positiva, sencillez y toneladas de ternura. Así es La Barby, o Leo, el actor transformista que le da vida, un nuevo ícono del mundo gay, del humor que se toma como objeto de sarcasmo a sí mismo. Una creación sin par.

Lady Barby, un icono del mundo gay

 

 

Sobre sus comienzos, Leo recuerda ante Imperio G: “A fines de los años ´80, principios de los ´90, nos juntábamos unos amigos, que todavía seguimos viéndonos, y siempre pensábamos en disfrazarnos de mujer. Pero éramos muy detallistas: que si teníamos zapatos, que no teníamos la peluca, y siempre así. Hasta que un mes antes del carnaval me decidí y me compré todo: el primer día salí de Gatúbela. Ese fue el principio, disfrazarme de un cuerpo femenino. Después sentí muchas ganas de hacerme notar, de expresarme, y un día encuentro una muñequita Barby en la camioneta de mi hermano. Tenía la particularidad de que hablaba gracias a un botón que tenía atrás. Entonces, como yo era muy personaje, me vestía con sombreros de paja, ropa Grafa, muy loco, me iba con la muñequita al boliche y se la ponía en el oído a cada persona: ´mirá cómo habla mi muñeca ´”. “Salí de acá gordo pesado!.”

Fue entonces que Leo conoció a Jorge Ibáñez, el modisto, y también aparece Flor De la Ve, de los cuales se hizo “conocido; no te digo amigos, pero casi amigos. Y ahí mandé todo mi potencial por el lado de disfrazarme de mujer.”

-Pero La Barby es mucho más que un disfraz. Es todo un personaje…
-Sí, es raro. Creo que La Barby es la mujer que todo gay lleva adentro. Por eso, muchas veces digo que es la anti-muñeca.

Para adentro

Hay un concepto, hay un idea detrás de La Barby, entonces. Leo mira atentamente, sonríe, casi como sorprendido: “Si bien en la vida todo está ligado a una necesidad personal, lo mío no era triunfar viviendo del transformismo, ¿no?”, pregunta y se contesta a la vez. Y continúa repasando los comienzos: “Les pedí permiso a los dueños de Bunker, porque en esa época no era fácil salir a la calle, era el principio de la época de Menem; todavía no estaba muy asimilado montarse de mujer, era muy de un lugar para adentro. Ahora las locas salen por la vida así y no les importa nada. Y no para ir a los boliches: se levantan a la mañana, se ponen una peluquita y van a hacer las compras. En esa época era todo más ritual. Entonces, les pedí permiso y un viernes fui disfrazado. En ese ínterin, Jorge (Ibáñez) me dice “ay, sos la Barby”, por la que yo llevaba en ese momento, y ahí quedó. Así que el nombre me lo puso él.”

Leo no para: si bien escucha, acción volitiva distinta a la orgánica de oír, también es un excelente monologuista, con gracia, con frescura. Es un placer escucharlo; brinda una de esas entrevistas que los periodistas festejamos. Seguimos escuchándolo: “Empecé a presentarme en concursos, como Flor (de la V), y el primer show de Barby arancelado fue en Cuarto Milenio, lo que después fue Palacio Alsina. Los dueños me ofrecieron trabajar como hosties, que ahora sé qué significa; ¡en ese momento, ni idea tenía!”, exagera. Dicen que el mejor humor empieza bromeando sobre sí mismo y Leo hace gala de eso.

“Venite los viernes y no hagas nada, estate entre la gente. Ellos me ofrecieron mi primer trabajo y después empezó la seguidilla: Zona, Bunker, Amérika, donde ahora soy anfitrión…Bueno, La Barby es anfitriona”, ironiza con la corrección. Ya estaba trabajando, ganando un dinero. “Mientras tanto, yo tenía mi trabajo de pastelero, haciendo tortas, con un vínculo gastronómico bien importante. Lo dejé por lo de Barby y después volví a retomarlo hace seis años. Estoy en blanco, lo agradezco: me da una comodidad bárbara y es gente de primera. Hay un trato excelente y tengo libertad horaria, siempre y cuando haga el trabajo que tengo que hacer, las tortas que me pidan.

Bendita TV

La tele purifica. “Mi primera oportunidad me la dio Antonio Gasalla -cuenta Leo-. El hacía entrevistas y nos entrevistó a Sir James y a mí. Estuvo bueno; imaginate, yo me sentía Susana Jiménez, ¡y era una simple entrevista!”, ahí el sarcasmo, el repentismo del humor típicamente de boliche gay, sale a la luz.

Hay en Leo una impronta especial, un tono, un ritmo que sólo lo dan años de tablas bolicheras gays. “La segunda oportunidad me la dio Mónica de Alzaga en el programa Hielo y limón, donde tenía una pequeña participación, y fui picoteando por varios programas, como el de Moria (Casán) y Movete, con Carmen Barbieri.

-¿Te gustaría trabajar directamente siendo Leo?
-Lo hice con Fernando Peña, como extra, yo totalmente desnudo, en Ni la más puta. Era un comodín para Peña. También en un musical de él, donde hacía de un obrero que después se convertía en mujer. Y llegué a hacer dos obras: Ubu Rey y Los capitanes de la arena, de Julio Ordano. Yo estudié teatro con Julio Chávez y en la Escuela Municipal de Morón. Y ahora sí pude lograrlo, con (Gerardo) Sofovich, cuando hicimos Una familia disfuncional, con Moria en el Multiteatro. Ahí hice de mucama, ¡imaginate!
Pero esta mucama no mostrará la cola, como muchas mucamitas de Sofovich… “¡No!

-¿Cuáles son tus metas artísticas?
-Establecerme más como figura, mucho más. No te digo a un nivel como Flor de la Ve, pero con un 50% yo ya estaría conforme. Quiero hacer televisión, ficción, por ejemplo. O participar de algunos de los Cantando…, Bailando…, Nadando…, como Barby. Tampoco voy a hacer “la gran Pacotillo”, que un día fue al programa de Mirtha Legrand vestido de civil, común y corriente, y Mirtha le dijo que esperaba que fuera como su personaje. Tenés que ser agradecido y seguir. Yo no sólo no tengo problemas con Barby sino que estoy muy agradecido con ella. Me hizo acercarme a los medios.

-¿Hay mucha hipocresía en la tele?
-Puede haber hipocresía pero yo no sé qué tengo. Por ahí caigo simpático, o por ahí se hacen los simpáticos conmigo y por atrás me dan una puñalada. Creo que la primera impresión es la que vale. Envidias hay, como en cualquier trabajo. Igual, no me banco una crítica porque sí. Habrá uno, dos, que me ningunean, pero no más. Yo me siento muy querido. Y apoyo y valoro el laburo de mis compañeros; con ellos tengo la mejor onda.

Celos del tiempo

-¿Cómo tomás el hecho de ser tan popular con tu personaje y que por la calle no te reconozcan?
-La paso bien, me gusta. Y afortunadamente hay mucho trabajo: estuve en el Chaco, en el Primer Festival de Teatro Gay, Lésbico y Trans, una maravilla. También actué en Mendoza, Córdoba, siempre voy a Rosario. Y trato de perfeccionarme: hago cursos de actuación, de canto, todas cosas que suman para lo mío.

-Y en la intimidad de tu hogar, ¿cómo llevás todo esto?
-¡Ay!, de mi vida privada no hablo -empieza bromeando. Y sigue seriamente: “Hace casi diez años que estoy en pareja. El se pone un poco celoso con todo esto, pero no en el sentido de que aparezca otro, sino celoso del tiempo. Creo que lo mejor es organizarse para poder dar calidad más que cantidad de tiempo. El pide tiempo.

-Tu madre te admira mucho, ¿verdad?
-Sí, mi mamá es mi gran admiradora. Les habla a sus vecinas de mí todo el tiempo. Yo soy de Paso del Rey, de ahí salimos Víctor Heredia y yo… ¡ni punto de comparación! -otra vez se toma el pelo-.“Hoy estoy feliz -se sincere-. Yo iba a salir una sola vez en lo de (Marcelo) Tinelli, y Flor me dijo que siguiera yendo. Le estoy muy agradecido.”

Por último, Leo propone incluir en esta nota su página web para que la gente ingrese y le dejen mensajes: www.ladybarby.com.ar. “De doscientos mensajes que recibo, uno o dos apenas son negativos. Los demás, todos con la mejor onda. Ese es un gran termómetro.”

Y es acá cuando Leo quiere dejar un mensaje a quienes lean este reportaje: “Este fue el mejor año que he tenido en mi vida; si vos no te molestás nadie va a hacerlo por vos. Tenés que insistir. Yo podría haberla llamado a Flor mucho antes, pero a mis cuarenta años aprendí que si no te esforzás nada viene de arriba. Hay que ir a buscar eso que uno quiere.”

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