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Pablo Pérez, el hombre detrás de “Un año sin amor”

Por Gabriel Rugiero – (Revista Imperio)

Admite que su novela, que inspiró la película de Anahí Berneri, nació “desde la bronca”, al sentir en carne propia la discriminación en la sociedad, en los hospitales y hasta en su familia. Aboga por “una medicina más humana” e advierte que el sexo leather también puede ser un acto de amor.

El 1 de diciembre se conmemoró en todo el mundo el Día Internacional de la Lucha contra el Sida, declarado en 1998 por la Organización Mundial de la Salud. La Campaña Mundial contra el Sida 2005-2010 ha escogido como eje: “Detener el Sida. Mantener la promesa”. Los 191 Estados miembros de la ONU se han comprometido a cumplir estos objetivos.

Pablo Perez, sin amor...

 

Muchas películas han abordado la temática del VIH/Sida y entre ellas sorprende y dignifica la argentina ‘Un año sin amor’ (2004), dirigida y adaptada por Anahí Berneri; sobre la novela homónima de Pablo Pérez. El libro no sólo plantea los desafíos que conlleva la problemática de una persona que vive con el virus, sino que además se atreve a mostrar desde adentro el mundo leather; otras variantes de goce en las prácticas sexuales, los vínculos familiares de una persona gay y su necesidad afectiva. Un banquete imperdible del nuevo cine argentino, casi una excepción.

El libro, a modo de diario íntimo, conmueve por su transparencia. Pérez lo cuenta: “‘Un año sin amor’ es un libro que surge de la bronca. Bronca hacia la sociedad, los hospitales, la discriminación, hacia mi familia. Es un libro muy raro porque empieza con el odio. Después leí de Albert Camus (autor de ‘El extranjero’) que él es un escritor escribe por rebeldía y yo me sentí muy identificado con eso. Las campañas publicitarias no pasaban de decir: “Use preservativo, no comparta jeringa, y no intercambie cepillo de dientes”, mas o menos lo mismo que se sigue diciendo ahora. Yo venía de Francia y en esa época se abrían otras posibilidades sobre cuáles eran los comportamientos sexuales de riesgo, había publicidades que decían por ejemplo: “La lluvia dorada es sin riesgo”; pero acá hablar de sexualidad a esos extremos…”

-Obvio, ¿quién va a admitir que ama la lluvia dorada?
-O el juego de amo y esclavo sin riesgo. Proponer alternativas a la sexualidad sin riesgo y que no pase por usar forro o no usar forro. Todas estas relaciones que cuento en ‘Un año sin amor’, que son un juego erótico donde uno puede disfrutar de la sexualidad a pleno, a niveles de mucha excitación y endorfinas. Yo quería hablar, por un lado, de la burocracia médica, los hospitales, los asistentes sociales. En ese momento yo acababa de salir del hospital y pesaba 51 kilos, tosía todo el tiempo, caminaba a paso de abuelito, e ibas a un lugar a buscar un medicamento y te decían “no, acá no es, tiene que ir a buscar un papel a tal lado” y después ahí te dicen “no, acá no, tenés que ir al hospital primero, después con la firma del médico…” ,y en el estado de enfermedad que uno puede llegar a estar y no tenés nadie que te acompañe, eso es imposible.

Un médico “humano”

-¿En qué cambió el sistema hospitalario de 1996 a esta parte?
-Mirá, una de las cosas que yo cuento en el libro es la odisea de encontrar un médico “humano”. Acá el sistema de salud está pensado como si no fuera importante el vínculo que se establece entre el paciente y el médico. Infectología es una rama de la medicina donde hay que estudiar mucho, hay que estar al tanto de las ultimas novedades, y un médico alienado en un hospital, que trabaja cuarenta y ocho mil horas, y después cuando sale del hospital va a trabajar a las ambulancias, ¿cuándo estudia? ¿Cuándo se actualiza? A mí me costó muchísimo encontrar un buen médico, pasé por cinco antes de encontrar a mi médico. Siempre fue mi actitud tomar una participación activa y no conformarme con lo que me dicen. Ahora en las áreas de infectología hay gente cada vez más capacitada y se tiene menos miedo. Antes los enfermeros ni se animaban a tocar al paciente con sida.

Junto con las opciones de la medicina tradicional, Pablo incorporó otros recursos para mejorar su calidad de vida. “Yo tuve la habilidad de armarme un dispositivo que consistía en ir a la psicoanalista, hacer trabajo corporal, dormir una buena cantidad de horas, tener buena alimentación. Todo lo que hice me sirvió: reiki, homeopatía, fitoterapia…

-Después que recibiste el diagnóstico, ¿se modificó en algo tu vida?
-Yo me siento mucho mejor ahora que antes del diagnóstico porque tomé otra conciencia de mi cuerpo, de la vida; formó parte de mi plan juntarme con mis amigos a cenar, disfrutar el sexo, fundamentalmente no abandonar el sexo. Yo tengo muchos casos de conocidos que murieron y fue primero por no animarse a contarlo, vivir solos con ese karma que era la enfermedad, pensar que ya no eran aptos sexualmente y que había que encerrarse a deprimirse. Ese es otro de los temas que intenté plantear en ‘Un año sin amor’ y que es bastante fuerte. Es la historia de alguien que tiene VIH positivo y sigue saliendo a los cines pornos. En general, la gente cero negativa da por sentado que con todos los que cogen son negativos, y sigue cogiendo sin forro.

Hablemos de sexo

“El sexo leather lo tomé como parte de un entrenamiento, para hacerme fuerte. Esto de a golpes se hacen los hombres, yo me tomo todo literal (risas). Es como en el abrazo fuerte, y más fuerte, y más fuerte; uno empieza a encontrar que el límite se va expandiendo, de lo que uno cree que puede soportar y adonde puede llegar uno con su cuerpo.”

-¿Puede convivir el sexo leather con una terapia corporal para amarte a vos mismo? Porque en principio suena contradictorio…
-Es que siempre hay amor si vos encaras bien. En un ambiente leather de pronto podés encontrarte con alguno sin experiencia que se piensa que es agarrar a uno y cagarlo a piñas, pero no es así. Es una práctica consensuada y hay una relación de amor, si vos tenés una relación con un master, con un dominante, te entregás, hay un acto de confianza. Siempre es consensuado. Es como una enseñanza que se transmite de persona a persona.

-¿Y cómo llegó el libro al cine?
-En realidad llegó por mi otra novela, ‘El mendigo chupa pijas’. Ese libro llegó a Anahí, que estaba haciendo por entonces un programa de televisión de temática gay; me entrevistaron y tres meses después me llaman y me dicen que quieren hacer una película sobre el libro ‘El mendigo chupa pijas’, y ahí yo le comento sobre ‘Un año sin amor’, y le gustó.

‘El mendigo chupa pijas’ apareció como un folleto que imprimieron en Belleza y Felicidad, con una edición de tapas artesanales y encuadernación cocida a mano. El libro tuvo su propio destino. Un subsidio de Cultura permitió su publicación en una antología y de ahí a su edición final. “Si tuviera que hacer un recorte ‘Un año sin amor’ es la enfermedad, el amor, la muerte. ‘El mendigo chupa pijas’ es el sexo por el sexo, el placer. Y lo que viene tiene que ver con mi experiencia como escritor. En ´Un año sin amor´ quedé atrapado en primera persona; era algo político lo que quería decir: “Soy gay, tengo sida, practico sexo leather SM y me la banco, y no tengo miedo a que me discriminen; era como un gesto político, por eso conservé el nombre Pablo Pérez para el personaje. Ahora me interesa abordar la creación, el tema del proceso creativo; en el momento en que descubro que lo único que sé hacer es escribir tengo que dedicarme a eso como profesión y sentarme a escribir.”

Un avance fundamental

En 1996, al mismo tiempo que Pablo Pérez escribe su libro, ocurre un acontecimiento que cambia de manera crucial la “situación sida”: en el Congreso Internacional de Vancouver se anuncian los contundentes resultados de varios medicamentos combinados. Aunque no se habla de “curación o derrota” de la enfermedad, el cóctel de AZT, DDI e inhibidores de proteasa logra reducir la presencia de virus hasta niveles indetectables en la sangre. Y, lo más importante, los pacientes recuperan sus defensas inmunológicas, con lo que el sida dejó de ser una enfermedad necesariamente mortal.

 

 

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