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El drama de Alejandro Iglesias después de Gran Hermano

Por Martín Fernández Paz y Luciana Elbusto – (Paparazzi)

* Entró a Gran Hermano portando una historia conmovedora: necesitaba el dinero para realizarse una operación de cambio de sexo * Pero las cosas no salieron como lo esperaba * Eliminado al promediar el certamen, no tiene los 10.000 dólares que requiere la cirugía * Y su situación económica es apremiante: una jubilada de 73 años le presta una pieza, que no cubre las necesidades básicas * “No sé cuánto me van a durar los cien pesos que me quedan”, confiesa.

Aunque en el chalet donde vivía no sobraba el lujo, tampoco le faltaba nada. Decorado con estilo, tenía un living enorme –aunque sin televisor ni DVD–, una cocina moderna y un lavadero completamente equipado. Además, contaba con un gimnasio, una sala de juegos con mesa de pool, y una generosa pileta. En esa construcción de 1.150 metros cuadrados, ubicada en Martínez, se alojó durante casi tres meses.

Ale Iglesias despues de GH

Ahora, Alejandro Iglesias (27) reside en Gerli, Avellaneda. Según su descripción, un “galponcito” le sirve de vivienda. Comparte el baño con la dueña del lugar, una jubilada de 73 años a quien conoció por ser vecina de sus padres. Justamente, la cercanía con el hogar de su familia suple la carencia de agua caliente: allí puede darse una ducha a una temperatura agradable. Y al momento de brindar esta entrevista, la suma de los billetes que encontró en sus bolsillos arañaba los 100 pesos.

Aquel chalet de Martínez es la Casa –así, con mayúsculas–, el estudio de Telefe donde funcionó Gran Hermano 2011. A fines del año pasado, Iglesias se anotó en el casting con el sueño de lograr, a través del reality, mucho más que fama: imaginó que podría ser el medio que le permitiera operarse y cambiar de sexo. Eliminado a mitad del certamen, quedó muy lejos del ganador, el controvertido Cristian U. Y ya puertas afuera, se topó con los problemas de antes. Y también con otros nuevos, distintos, originales.

La falta de trabajo seguía siendo una constante. El escollo, siempre el mismo: una vez conseguida la aprobación de la empresa, presentar el DNI –con Silvia, el nombre con que lo bautizaron– para que lo pusieran en blanco significaba una barrera insalvable. Las changas, como en una pollería de su barrio, son su única fuente de ingreso.

–Pero, ¿no juntaste dinero haciendo presencias en boliches?
–Como mucho, habré hecho cinco presencias. Al no entender cómo funcionaba,
creí que me iban a llamar a mí, y estuve como dos semanas sentado, esperando… Los chicos me dijeron que busque un representante, o directamente me ofreciera yo, pero ese tema está parado desde hace un montón. La verdad que estoy sin un peso.

Lo justo y necesario.

En la casa de sus padres no había espacio suficiente para que Alejandro, afectado por la ruptura con su ex novia tras una relación complicada, desahogara su tristeza en soledad. “No tenía mi cuarto. Y yo quería estar solo y tranquilo cuando me bajoneaba, porque atravesaba una depresión muy, muy grande”, explica. Fue una vecina, Quita, quien le acercó una alternativa. La mujer necesitaba alquilar una piecita para juntar algo de dinero. Y él se ofreció de inmediato. “Iba a pagarle con la plata que me darían por haberme echado de un trabajo. Y me fui al galponcito”.

Las cañerías –precarias– están tapadas. “Sale apenas un chorrito de agua porque no tenemos presión. Por eso, me baño en la casa de mis padres. La instalación eléctrica también está rota. Bah, no tiene instalación. Y tampoco hay gas natural: usamos una garrafa”, relata Iglesias, quien recibe la ayuda ad honorem de su cuñado: se encarga de mejorar las condiciones edilicias.

Como Alejandro nunca recibió el monto de aquella indemnización, no pudo afrontar el alquiler. “Por eso, trato de darle una mano a Quita. Nos ayudamos mutuamente, como para comer. Nunca nos faltó comida porque cocinamos para los dos, o mi mamá hace una olla grande porque en casa son muchos, y me da algo para los dos. Si no, a veces compramos unas alitas de pollo en la feria y le convidamos para que haga alguna comidita. Es una señora grande, y quiero darle todo para que esté mejor. Le prometí que, en cuanto pueda, le haré el baño”.

–Uno se imagina que saliste de Gran Hermano y pudiste ganar mucho dinero.
–Sí, me preguntan si estoy bien… ¡y me dan ganas de mandarlos a la miércoles! Hace unos días viajé a Bahía Blanca para participar del primer encuentro trans, y pude hacer una presencia en un bolichito chico. Me traje algo de plata, pero tuve que pagar deudas, como el teléfono. Ahora, tengo unos cien pesos. Y no sé cuánto me van a durar.

El otro yo.

La operación de cambio de sexo consta de tres etapas: la extracción de las glándulas mamarias, el vaciamiento de los órganos femeninos y, finalmente, la colocación de una prótesis. Un mes atrás, Alejandro logró realizarse la primera intervención. “Me la practicaron de forma gratuita en un hospital público de La Plata, gracias a un fallo judicial. Sólo tuve que afrontar los costos de la faja y la movilidad, aunque fue un gasto importante”. Para realizarse las otras dos, necesita desembolsar casi 10.000 dólares, que se destinarán, en su mayor parte, a la prótesis. “No sé si alguna vez llegaré a juntar ese dinero”.

–¿Y qué pensás hacer?
–Estoy buscando contactos. Quiero recorrer las provincias para buscar gente que me pueda dar una mano. Nazarena Vélez me ofreció su ayuda: me consiguió un contacto en Córdoba, que aportaría entre 15.000 y 20.000 pesos. Además, hay un tratamiento hormonal, con una inyección cada tres meses que sale $ 700, y no puedo afrontarla. Esto es una cadena, porque la situación te deprime.

Tal vez, Alejandro comprobó que el precio de la fama está en alza. Y no
todos pueden pagarlo.

El luchador

Comprometido con la Asociación Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (ATTTA), Alejandro batalla por la identidad de género, codo a codo con Claudia Pía Baudracco, fundadora de la entidad. “La idea es que nuestra lucha llegue a la gente, a los diputados, para que no pasemos inadvertidos. Es un derecho humano que tengamos la identidad reflejada en un DNI. Perseguimos ese objetivo”, explica el ex GH.

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