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Investigadores del Conicet hacen un balance del matrimonio igualitario

Por Guillermo Posada – (Veintitres)

Balance a un año del SI

Los académicos consideraron que, desde la promulgación de la ley, la gente se incorporó a la militancia y los sectores conservadores quisieron sacar el tema de la agenda. Además evaluaron el caso del cura Nicolás Alessio, que por manifestarse a favor, quedó fuera de la Iglesia.

Aún resuenan las campanas cordobesas, tras un año de la aprobación legislativa de la reforma que habilitó el casamiento de parejas del mismo sexo. La norma, que ubicó a la Argentina en el tope mundial del reconocimiento de derechos sociales, desató fuertes debates en Córdoba, donde los sectores conservadores tienen una fuerte influencia política y social.

En ese marco, un grupo de investigadores, encabezado por el académico Juan Marco Vaggione, doctor en Derecho y en Sociología, investigador de la Universidad Nacional de Córdoba/Conicet y asesor académico de Católicas por el Derecho a Decidir, analizó el papel de los distintos sectores que influyeron en el debate público, sus estrategias y recursos discursivos para influir sobre la opinión pública y las fuerzas políticas que decidieron la coronación de nuevos derechos que abarcan a las minorías sexuales.

El trabajo es la cuarta entrega de una colección que dirige Vaggione sobre “Religión, Género, y Sexualidad”, que edita Católicas por el Derecho a Decidir (CDD), con el auspicio del Conicet y otros centros de estudios avanzados universitarios cordobeses.

El equipo de investigadores integrado por María Candelaria Sgró, Hugo Rabbia, Tomás Iosa, Mariana Manzo, Maximiliano Campana y José Morán Faúndes conforma un grupo interdisciplinario que editó el primer libro en Córdoba de un debate que movió los cimientos de la anquilosa vida provincial. Su enfoque abarca las ciencias políticas, el derecho, la filosofía y sociología, la comunicación, la demografía.

“La primera parte analiza quiénes son los actores que operan a favor de la reforma, cuáles fueron sus recursos y estrategias, la segunda se ocupa de los actores, recursos y estrategias de quienes se opusieron a la reforma. Todo enmarcado en el contexto nacional pero focalizado en Córdoba”, explica Vaggione.

–¿Qué tuvo de particular el debate cordobés?

Hugo Rabbia: –El activismo a favor tuvo como característica, desde principios de los ’90 hasta hace dos años, ser muy minoritario y localista. Pero en el 2009, a partir de la visibilidad que adquiere la marcha del orgullo gay y la diversidad en noviembre de ese año, vemos que hay un recambio generacional, de gente que se incorpora a la militancia. Allí la demanda de una reforma se hace explícita. Ese recambio implica diferentes formas de haber vivido la discriminación, la violencia, así como diversas formas de gestionar su identidad y su sexualidad. La generación nueva es post 2001 y se relaciona de otro modo con el Estado. No lo ubican como el enemigo sino que manejan agendas más institucionalizadas, donde también se busca ocupar espacios del Estado. En ese sentido, se nota un recambio generacional.

Tomás Iosa: –Como aclaración teórica hay que señalar la tensión recurrente en la academia en trabajar la identidad sobre sexualidad, como identidad fija o que fluye. Nos paramos desde el lugar de trabajar a las identidades como factores de cohesión del movimiento, versus trabajar la identidad como herramienta que se pone en uso, cómo te presentás a los demás, como una herramienta política. Nos interesaba de ese colectivo para ver qué disputas hubo entre las formas de utilizar la identidad, y de qué modo distintos factores, como el desarrollo de ciertas estrategias en la oposición, modificaban el uso que se hacía de la identidad en el movimiento LGTB (lesbianas, gay, transexuales y bisexuales). Nos parece que si la oposición a la reforma se organizó y salió a las calles, cierta identidad del movimiento que era más confrontativa podía poner en el debate público estrategias no convenientes. Por eso observamos cómo se transformó la identidad del movimiento a partir del debate, incluso con sus roces internos.

–¿El debate del año pasado también disparó una nueva definición colectiva?

T.I.: –Claro, quiénes son, cómo se presentan.

H.R.: –Este tipo de definiciones, con sus tensiones, siempre estuvo presente dentro del movimiento, “si les caemos bien a los otros y reclamamos leyes” o “si somos confrontativos y denunciamos el régimen patriarcal, machista y heteronormativo”. Estaban las dos vías, una de batalla cultural y otra organizativa. El artículo resume que en esta gestión que hacen los más jóvenes de su identidad colectiva, con menos confrontación, logran leer ese cambio de los sectores reaccionarios, se oponen de forma organizada, y utilizan la disidencia religiosa del grupo Angelelli, que fue una característica propia de Córdoba que se aportó al debate nacional, para incorporarlos como aliados a lo que son sus estrategias y movilizaciones en el contexto del debate.

–Se genera un quiebre en los sectores religiosos que es aprovechado por el movimiento.

H.R.: –Totalmente. Como dato “objetivo” la diversidad en lo religioso existe, el tema es cómo lo leés. ¿Lo identificás como tal o lo homogenizás en tu lectura como movimiento? La respuesta es que el LGTB lee la transformación y el quiebre, mientras que a los sectores históricos les cuesta más entender pero deben plegarse a la acción de los grupos más jóvenes presentes en le movimiento.

–Hay entonces una lectura política actualizada y renovada. Se impone la tesis de las nuevas generaciones.

T.I.: –Sí, aclarando que los jóvenes no son necesariamente de menos edad sino quienes se incorporan más recientemente a la participación, con su propia visión política.

–Generalmente se entiende los grupos que reivindican los derechos de los homosexuales como minoritarios. Pero las manifestaciones en contra de la reforma, que dicen interpretar el sentir de la mayoría silenciosa de la sociedad, tampoco se mostraron mayoritarias. En Córdoba, fueron de menor dimensión en comparación a lo que se podía suponer dado el poder que tiene la Iglesia y la actitud conservadora de la sociedad local. ¿Hicieron alguna lectura en ese sentido?

Juan Marco: –La lucha por quién representa a la mayoría estuvo presente en los dos sectores. La demanda promatrimonio surgió en una encuesta que sorprendió por sus resultados, respecto de cuánto apoyo había para una reforma que incluyera al matrimonio entre parejas del mismo sexo. Los sectores conservadores también adujeron que la mayoría los respaldaba y quisieron hacer que el debate tuviera un eje federal-unitario, donde la Capital Federal estaba a favor y el interior, en contra. Esa estrategia se plasmó en las audiencias que se realizaron en el interior, escogiendo estratégicamente las regiones centro y norte donde pueden encontrarse mayores representaciones de sectores conservadores. Esto no es excluyente de la Argentina. Los sectores conservadores pretenden quitar de la agenda de discusión el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto, la adopción de hijos por parejas del mismo sexo, diciendo que no son parte de la política y en una primera instancia sostienen que son temas no sujetos a discusión, aduciendo que son temas reservados al derecho natural y no pueden ser tomados en una discusión democrática. Pero una vez que falla esa estrategia, sostienen que la mayoría está en contra. Acá la estrategia de los sectores políticos opuestos a la reforma fue federalizar el debate. Suena fantástico y nadie puede oponerse a que las discusiones dentro de la sociedad se realicen también en un sentido federal. Pero la estrategia de fondo, de personas como la senadora Liliana Negre de Alonso, identificada con el Opus Dei que lideró la resistencia legislativa a la reforma, era generar audiencias en todo el país que pongan en evidencia que sólo en Buenos Aires estaban a favor de la reforma. Acá se dio un ejemplo claro del intento de mostrar al interior como conservador.

–¿Entonces el resultado mostró un quiebre en el mito de que Córdoba es un bastión conservador?

J.V.: –A mí me pareció que hubo bastante gente manifestándose a favor de la familia tradicional, pero también se reafirmó que Córdoba, al ser conservadora, tiene ese antagonismo que genera el espacio conservador, así como en los ’60 Córdoba era conservadora pero también donde los grupos montoneros y la izquierda tuvieron un peso fuerte. Hoy, haciendo una extrapolación simplista, la misma Córdoba conservadora tuvo al padre Alessio y a los curas del grupo Angelelli que pusieron de manifiesto un progresismo dentro de lo religioso. Los artículos ponen en evidencia las dos cosas, Córdoba es un lugar hiperconservador, pero también la resistencia a ese conservadurismo tomó un viso que después se nacionalizó. De hecho, Nicolás Alessio fue invitado a hablar en el acto en Buenos Aires, llevaron desde una de las provincias más conservadoras a un representante progresista de la Iglesia Católica.

José Morán Faúndes: –Al mismo tiempo, desde Córdoba se gestaron las primeras instancias de rechazo a la reforma de la ley. Acá se produjeron las primeras marchas. Si uno veía las concentraciones locales y después las de Buenos Aires, se advertían los mismos carteles y hasta las mismas personas. El acento cordobés estuvo presente en la Capital Federal. Me parece que lo interesante del sector conservador en Córdoba es la articulación que desarrolla también. Tengamos en cuenta que acá se abocaron fuertemente a trabajar contra el aborto y la anticoncepción de emergencia. Organizaciones cordobesas como el “Portal de Belén” que tiene presentada una demanda contra el Estado por la pastilla del día después, “Jóvenes Autoconvocados por la Vida” que tiene trabajo relacionado casi exclusivamente con el aborto, el “Programa Nazaret”, fundado por García Elorrio del Portal de Belén, que trabaja también contra el aborto, se dan vuelta de pronto cuando la agenda pública cambia y se articulan con un discurso bastante homogéneo en contra del matrimonio igualitario.

–Eso confirma que forman parte de la misma red.

J.M.F.: –Sí, no sólo cordobesa sino también nacional. Es una red bastante bien organizada que trabaja conjuntamente desde hace por lo menos 10 años. La fuerte capacidad de articulación se mostró en el debate del año pasado ya que son organizaciones que no habían trabajado el tema con anterioridad. Y lograron convocar a bastante gente en las movilizaciones. Tuvieron una buena estrategia comunicacional que salió, por ejemplo, en Cadena 3 con personas como Rodrigo Agrelo. Si bien obtuvieron repercusión en medios conservadores, supieron ocupar esos lugares. De algún modo, lograron pelear el discurso público de forma bastante eficaz.

–Pero tenían una institución milenaria detrás que las respaldaba.

J.M.F.: –Sin embargo, hay algunas organizaciones de este tipo que se definen como aconfesionales, a pesar de que sus integrantes están vinculados con la fe católica. Otras están conectadas con la fe evangélica, como la organización “Plan 1.5” de jóvenes evangélicos. La particularidad de la estrategia fue apelar a sentidos de la democracia y seculares, por eso ellos no decían que la ley va en contra de la fe cristiana o la voluntad de Dios, sino que apelaban a argumentos seudocientíficos o jurídicos, citando la Constitución o la Convención por los Derechos del Niño para fundamentar su postura. No había un fundamento religioso detrás.

–Tu artículo habla también de los argumentos ecológicos que utilizaron los opositores a la reforma.

J.M.F.: –Es uno de los puntos que demuestra la capacidad de estas organizaciones porque la encíclica de Juan Pablo II, de 1990, habla de plantear una nueva “ecología humana” para promover el desarrollo de la especie. Sostiene que así como hay animales en extinción, también el ser humano está en extinción, producto del aborto o la anticoncepción que están matando a la especie. Cuando surge el debate sobre el matrimonio igualitario, el mismo argumento se utiliza para oponerse, al decir que las relaciones entre personas del mismo sexo no promueven la reproducción de la especie por lo tanto son antiecológicas y antihumanas. Se utiliza el mismo argumento no para oponerse al aborto sino para actuar sobre la sexualidad de las personas.

–¿Cómo reaccionó la institucionalidad cordobesa en el debate? ¿Qué espacio ganaron los promotores de la reforma?

Mariana Manzo: –Primero vale aclarar que hay dos líneas respecto de la validez de intervenir sobre la institucionalidad. Una dice que hay que actuar sobre el poder judicial y el legislativo, haciendo presentaciones judiciales o proyectos de ley, porque se logra un nivel de visibilidad mayor al tiempo que se avanza en la institucionalización; otros sostienen que por el carácter conservador de las estructuras del Estado es perjudicial para las organizaciones. Mi conclusión es que las organizaciones por la diversidad sexual lograron un nivel de flexibilidad que les permitió articular con el Estado hasta el punto de coronar una década de lucha con la aprobación de la ley. Se articuló con el Inadi, con la Justicia, con el Parlamento. En Córdoba se presentó un amparo que el juez rechazó por cuestiones de procedimiento pero no de fondo. A pesar de ser negativo, ese fallo en contra disparó la discusión pública en la provincia sobre el tema que también se produjo dentro del poder judicial.

J.M.V.: –Porque estas presentaciones judiciales no sólo buscan ganar un fallo sino también politizar la causa. Si el juez rechaza el planteo pero eso repercute en la prensa es quizá más importante para un sociólogo que la propia resolución judicial para ponerlo en la agenda pública. Porque la estrategia que funcionó por años es invisibilizar el tema.

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