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La diversidad llegó a las aulas

Puerto Madryn – (La Jornada)

Una es lesbiana y la otra, travesti. Ambas dan clases en escuelas de Puerto Madryn. Contaron cómo se sienten.

La diversidad llegó a las aulas

María y Valeria son docentes que defienden una educación diversa.
La sociedad evoluciona, quizás no a la par de los cambios de quienes la conforman. La educación resulta ser uno de los eslabones más importantes -junto a las familias- para aceptar esos cambios, esas diferencias, eso que nos hace a todos distintos pero a la vez, semejantes.

Jornada dialogó en exclusiva con dos docentes. Una de ellas es la profesora Valeria Flores, docente de nivel primario, lesbiana masculina feminista heterodoxa y la otra es la psicóloga María Eva Rossi, travesti y docente de nivel superior.

Ambas llevan como estandarte la enseñanza con perspectiva de género, añoran una sociedad sin discriminación e inclusiva, aunque muchas de las situaciones a las que se afrontan parecen correrlas varios metros hacia atrás. Así y todo, el objetivo sigue intacto.

“Soy psicóloga, docente, transgénero/travesti”, así se autodefinió María Eva al iniciar la conversación con Jornada. “Me enfrento a la vida desde la docencia que es una forma de hacer política y debe ser en mi caso aún más y me alejé un poco de la clínica (como psicóloga) en cada charla que doy critico a la psicología por ser tan heteronormativa, tendiente a reproducir modelos en vez de quebrarlos, por lo que, en definitiva, mi meta es ser feliz, como todo ser humano”, agregó María Eva.

Su vida como estudiante universitaria no fue como trans. “Mi cambio trans fue como docente. Durante la universidad era el alumno varón gay, de hecho fue más cómodo porque podía usar el closet, era un beneficio, secundario. El precio que pague fue justamente ese, vivir dentro de un placard de la transgeneridad pero me asumía socialmente visiblemente era varón gay, pero no es tan difícil, tan incómodo. Se lo mira mal pero se podía estudiar”, destaca la psicóloga.

La formación docente de María Eva se produjo como trans. “Fui alumna trans y si bien nunca me maltrataron, siempre me sentí observada, mirada. Como docente y ante el cambio, la decisión era o malentonarse o morir, hay que salir casi con el cuchillo entre los dientes, estar preparada para recibir la agresión, agresión que nunca llegó en el aula pero sí fuera de ella”, agregó.

La sociedad se incomoda ante la presencia de una travesti. “Generalmente hay trans pero no se visibiliza. Tengo el documento original y estoy con un recurso de amparo para ser, en documentos, quien soy”.

Tarea política

Valeria Flores se define o identifica como lesbiana masculina, feminista, heterodoxa, es escritora y docente, entre otras cosas más y su actividad profesional hoy versa en aulas de Buenos Aires con chicos de entre 9 y 12 años de edad. “Para mí, la docencia es una tarea política, me corro de sentir la docencia como vocación porque a partir de una tarea política se interviene con la manera de ver el mundo y de vivir el mundo. Durante los últimos años trabajó con chicos desde 4° y hasta 7° grado. Las facilidades dependen de las experiencias subjetivas pero en el caso de las lesbianas, luchamos contra el silenciamiento, es una de las identidades más silenciadas e invisibilizadas.

Esta es una tarea constante de visibilización, de poner palabras y acciones a silencios y si bien hay gente lesbofóbica descarnadamente y hay otras que están naturalizados en una determinada manera de vivir y entienden que el lesbianismo es un desvío o enfermedad”, destacó Valeria Flores.

“La maestra rara del nene”

Las situaciones agresivas desde lo verbal y actitudinal son permanentes. “Constantemente se reciben agresiones, cuestionan por qué una dice lo que es, cuando hablé con mi familia pensaron que había tenido una mala experiencia con un hombre o por rebeldía, nunca se tomó como un deseo personal de vida y también hay agresiones desde lo institucional. En la escuela, las reacciones de papás son las más significativas, muchas veces vinieron violentamente a increparme preguntándome por qué había dicho en el aula mi condición sexual, me trataron de enferma, anormal.

Un papá me dijo que le había partido la cabeza a su hija porque dije que era lesbiana y ahora la hija empezaba a preguntar, una cuestión de curiosidad pero para el padre la había contagiado, y otro papá que vino por otra cuestión enojado que sacó a relucir su violencia contra mí.

A estas agresiones se les suman las administrativas que también son constantes, como en cuestiones educativas”, comentó Valeria Flores y a la vez destacó “damos batalla todos los días”.

En cuanto a los chicos, la docente destacó que “las reacciones son variadas. La recepción es mejor en las nenas que en los varones, que oponen más resistencia.

Las preguntas son muchas e incluso cuentan experiencias cercanas con otras personas gays como profesoras, familiares, amigos, etcétera”.#

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