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Lohana Berkins, la travesti que quiere ser Presidenta

Buenos Aires – (Boquitas Pintadas)

Lohana Berkins, la travesti que quiere ser Presidenta (Foto: Guadalupe Aizaga)

Se empieza a discutir la ley de identidad de género en el Congreso y Lohana Berkins está feliz. Muestra uno de los chalecos que hicieron en la cooperativa, se lo coloca en el pecho y sonríe francamente, no sólo para la foto. Esta militante sabe que es el primer paso hacia la ciudadanía plena de sus compañeras travestis. “Vamos a empezar a ser tratadas como iguales, personas que podemos desarrollar nuestra vida cotidiana como profesionales, artistas, políticas siendo quienes somos, en vez de quedar sujetas a la burla, al menosprecio como hasta ahora”, reflexiona.

Conversamos en su oficina de la cooperativa textil Nadia Echazú que funciona desde hace 4 años en Saavedra y que es salida laboral para 60 personas excluidas no sólo del mercado laboral, sino de sus hogares, de la escuela, de la vida del país. Tiene una convicción y una fuerza que emociona. “Me tengo tanta fe que quiero ser Presidenta de la Nación”, dice cuando hablamos sobre la necesidad de seguir abriendo espacios de ciudadanía. “No sólo sería lograr la presidencia, sino que cuando se me tenga que imputar algo, se me evalúe por mi capacidad de gestión y no por mi condición de travesti”.

Estas son sólo algunas de las reflexiones de Lohana. Los convido a la entrevista completa con una persona que nos ayuda a pensar un país, de verdad, más inclusivo.

– ¿Cuál es la realidad de las travestis hoy?

– Puedo dar cuenta de las situaciones que debemos atravesar las travestis y transexuales en la Argentina y en todo América latina. El travestismo acá se asume entre los 8 y los 13 años y produce una expulsión del hogar del niño o niña travesti. Las travestis femeninas somos rápidamente expulsadas, quizá por el viejo proverbio de que echar a la manzana podrida no permitiría que se pudra todo el cajón. Las familias están en esa situación de tensión y nos echan de nuestros hogares. El relato que yo encarno, matices más matices menos, no es ajena a ninguna travesti del país: las situaciones de violencia, marginación, el encarcelamiento, la muerte, las condiciones de la transformación del cuerpo en absoluta ilegalidad son situaciones comunes a todas nosotras.

– ¿Cómo definiría la identidad travesti?

– Para mí el travestismo es lo mejor que me pasó en la vida, mi manera de estar y de ser en el mundo, es mi manera de relacionarme. Para mí el travestismo viene justamente a romper con esa cuestión sexo/género de creer que porque alguien tiene una vagina automáticamente es mujer o quien tiene un pene automáticamente es varón. El travestismo rompe con eso y es la prueba más maravillosa que rompe con esto de la dualidad varón/mujer. Nosotros somos personas que podemos tener una genitalidad pero podemos también construirnos en otra identidad sexual.

– Ni femenino ni masculino…

– Ninguno de los dos. Yo me construyo en el universo de lo femenino, pero no soy mujer, tengo diferencias marcadas con las mujeres. Pero tampoco, por tener genitalidad que pertenecería a los varones, soy varón. Lo que el travestismo ocupa es un lugar propio.

– ¿Entonces, no necesariamente deberían operarse para parecerse a una mujer?

– Primero: no se puede generar un estándar de travesti porque yo no podría decir que soy modelo de las travestis, ni nadie se puede arrogar esa presuntuosidad. Segundo, son derechos personalísimos y cada uno vive el travestismo como lo quiere vivir y si alguien cree que una cuestión cosmética es lo que completa esa identidad está todo bien. También somos muchas las que no: la verdad es que a mí no me gusta pintarme, pero hay chicas que están pintadas como portones. Pero ni ellas son más travestis ni yo menos. Lo que nosotras remarcamos es que no sea una obligación, un mandato patriarcal; que sea porque lo siente, no porque crea que si no se opera o no se pinta no está legitimada su identidad.

Un DNI que las represente

¿Cuál es la importancia de la ley de identidad de género?

– Es fundamental porque por primera vez se nos va a reconocer como ciudadanos y ciudadanas de este país, nos va a poner en una situación de igualdad con todo el resto. Primero, reconociendo la igualdad, es decir, que nosotras podamos desarrollar nuestra vida cotidiana como profesionales, artistas, políticas siendo quienes somos y no quedar sujetas a la burla, al menosprecio de otros. Nosotras vamos a poder  tener un documento que va a ser el punto de partida a la construcción de ciudadanía travesti-transexual. Entonces, nosotras vamos a poder, con el documento, decir ‘esto es lo que nosotras somos’ y poder gestionar nuestras vidas en todos los sentidos como ciudadanas, que nadie sienta que nos pueden negar un derecho porque el documento no corresponde con tu identidad de género, con tu apariencia. Esto es lo que la gente no logra dimensionar.

Lo que muchos no ven es que nuestras vidas son cotidianamente controladas, con hechos. Por ejemplo, para ir a la escuela un niño/niña, adolescente o adulto anotarse en una escuela y cursar termina siendo como una gran epopeya, como grandes cruzadas. Y en el siglo XXI con la tecnologización, el avance que hay en todo sentido realmente es una cuestión retrógrada que no tiene razón de ser. Ir a un hospital, es otro ejemplo de cómo nos cuesta todo. La salud, la educación son derechos garantizados en nuestra constitución y a nosotras no se nos garantiza ese acceso.

– ¿Cuál diría que es la realidad travesti? ¿Por ejemplo, cuál es el promedio de vida?

– El promedio de vida es bastante triste: cuando la media nacional está mucho más alta (supera los 70 años) la edad de mortandad de las travestis no supera los 30 años y las causas de muerte son absolutamente evitables. Los tres causales son VIH/sida, la muerte indiscriminada y violenta por cualquier razón (la discriminación muchas veces toma la forma de violencia física) y el uso discreción de las cirugías, realizadas en situaciones irregulares.

– ¿Cuáles son los problemas laborales que las afectan?

– La sociedad genera un pánico general sobre nuestra sexualidad y nuestras identidades: en el imaginario colectivo somos agresivas, ladronas, sidosas, escandalosas, exhibicionistas. Toda una batería de cuestiones negativas que están sobre nosotras. Entonces, ¿qué pasa con nosotras? La sociedad, perversamente, ha generado un rol de que las personas travas sólo pueden prostituirse. No se piensa en nosotras en términos de políticas públicas, si no en términos de zonas rojas, sin que nosotras seamos las que las pidamos. Nunca ví una manifestación de travestis pidiendo una zona roja, por ej; sí seguimos yendo a reclamar políticas públicas. Entonces, se ha generado esa historia: que nosotras sólo servimos para la prostitución y no nos ven como fuerzas productoras de trabajo, no nos ven con capacidades para hacer cualquier cosa.

– ¿Qué pasa cuando una compañera va a pedir trabajo?

– No se lo dan. Simple y sencillamente lo que empieza a operar ahí son los prejuicios sobre la persona. No importa lo calificada o no que esté para ese trabajo.

– ¿La desocupación es del 100 por ciento?

– Del 100 por ciento. Y eso es llamativo porque si lo medimos en términos de pobreza, no todos los pobres no tienen acceso a un empleo. O si lo pones en términos de comunidades, tampoco hay comunidades enteras excluidas del mercado laboral. En cambio, nosotras si somos mil, las mil estamos desocupadas.

– ¿Cuál es la alternativa? ¿Cómo juega ahí la prostitución?

– Para mí la prostitución es una imposición de los estados, de la sociedad. Nosotras no la asumimos como un trabajo, somos abolicionistas. Por eso creamos esta cooperativa y le exigimos al Estado políticas públicas porque nosotras no queremos zonas rojas, no queremos ser consideradas carne de alto consumo, no tiene nada que ver con nosotras. Nosotras somos mucho más que eso y no aceptamos ni aceptaremos nunca la prostitución como un trabajo. Entonces desde ahí es que empezamos a formar cooperativas, a capacitarnos, a tomar cursos para ingresar al mundo laboral.

– ¿Cómo surge esta cooperativa?

– La cooperativa Nadia Echazú se formó en respuesta a eso que charlábamos. Empezamos a pensar en el autoempleo porque la realidad es que no nos da trabajo. Entonces, somos 60 compañeras que trabajamos en esta cooperativa textil: nos hemos capacitado con la ayuda de distintos ministerios de la nación y hoy todas dejamos la prostitución. Es textil porque la ropa tiene mucho que ver con nosotras. En principio habíamos pensado en algunos cursos de 6 meses, pero hace ya 4 años que estamos y no se fue ninguna. Para reforzar lo que decía, nadie volvió a la calle pese a ganar mucho menos de lo que sacaría ahí. Esto claramente muestra que acá se busca otra cosa, es todo un aprendizaje.

– ¿Qué producen?

– Hacemos sábanas que vendemos a particulares y, también, guardapolvos para el Ministerio de Desarrollo Social, que se los entregan a niños. Por mes hacemos un promedio de 5.000 sábanas y la misma cantidad de guardapolvos. Además, este mes, por ejemplo, hicimos un extra de 20.000 pañuelos y banderines. También hacemos remeras cuando nos piden.

– ¿Qué repercusión tuvo esta cooperativa en la comunidad?

– Es de resaltar eso porque fue tan positiva que se han formado otras cooperativas. Ya somos cuatro. Las compañeras empezaron a pensar que se puede acceder a un empleo, que nosotras podemos capacitarnos, empezar a perder el miedo y buscar dentro de nosotras mismas las potencialidades que tenemos. Hay textiles y también de catering.

– ¿Contratarían a alguien que no sea travesti?

– No, porque perdería el objetivo del proyecto. El objetico es crear una cooperativa para travestis, la población más vulnerable es esa, las beneficiarias tienen que ser ellas.

– La situación ideal sería que no se necesiten lugares de trabajo para hombres, para mujeres, para travestis, ¿no?

– Eso me produce confusión, porque a mí me parece que es bueno estar entre pares, uno elige con quien estar. Acá somos todas travas, nos conocemos, hablamos, tenemos códigos en común, la pasamos súper bomba. Lo que sí creo es que tenemos que poder integrar otros espacios, que este no sea nuestro único mundo. Pero yo salgo de acá y ando por mil lugares: con mi familia, mis amigos, amigas, transito otros espacios. No es que estamos en un ghetto. Pero para determinadas cosas estar con gente a la que no hay que explicarles determinadas cosas, está bueno, relaja. También nos une mucho la ideología y la forma de pensar.

Politica y travestismo

– ¿Se imagina el día en que haya una diputada travesti, por ejemplo? ¿Cuán lejos está?

– Yo quiero ser Presidenta de la Nación. ¡Mi autoestima ha crecido tanto! No sólo sería lograr la presidencia sino que cuando se me tenga que imputar algo, se me evalúe por mi capacidad de gestión y no por mi condición de travesti. Esos cimientos en esta sociedad todavía están muy arraigados. Hemos avanzado mucho, pero no lo suficiente.

Primero tiene que salir la ley de identidad de género. Pero luego hay otras cosas: por ejemplo, por qué los diputados no tienen secretarias travestis? Yo soy asesora de la Diputada Diana Maffía, de la legislatura de la Ciudad, y veo que en ese mundo no hay otras travestis. Entonces, cuando nosotras seamos maestras, meseras, enfermeras, compañeras afectivas de alguien, diputadas, actrices ahí vamos a decir que habremos cambiado como sociedad.

Por eso, cuando la ley de identidad de género a mí me conceda el documento no va a ser sólo un beneficio para mí sino para toda la sociedad. Niños, niñas, adultos, jóvenes van a sentir que se puede dialogar con otra sexualidad, que hay otras maneras de ser en el mundo y que nadie las debe violentar. Cualquiera va a poder vivir su sexualidad, su vida, sus libertades, su forma de ser en el mundo.

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