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Testimonios indican que al prefecto gay lo mataron por odio

Buenos Aires – (El Litoral)

¿Que pasó con Tavo?

Trascendió que a Octavio Romero, lo apretaron por hacer pública su orientación sexual. Una tarde lo encerraron en un cuarto para amedrentarlo y debió soportar las pintadas en el baño. Todo fue narrado por varios de sus amigos y agregado a la causa.

La investigación se centra en la fuerza donde el prefecto correntino hizo carrera.
La investigación por la muerte de Octavio Romero de 33 años continúa a paso firme. Ahora trascendió la información de que el suboficial de Prefectura Naval Argentina que desapareció de su domicilio el 11 de junio y fue hallado muerto 6 días más tarde en la costa de Vicente López, provincia de Buenos Aires, fue víctima de tormentos y que se trataría de un crimen por odio. El prefecto planeaba casarse con su pareja Gabriel Gersbach.

Una publicación de la revista Soy puso al descubierto varios testimonios que indican que a Romero lo asesinaron por ser homosexual.

Según el informe Octavio Romero era el niño mimado de sus jefes, el suboficial correntino al que le daban las misiones donde hacía falta elegancia y buen gusto, un día se paró y dijo: me voy a casar con un hombre. Ya se había sancionado la ley de matrimonio igualitario, y parecía que venían nuevos vientos de tolerancia. En Prefectura fue apenas una brisa, un permiso dado a regañadientes. “Los jefes le dijeron que se case, pero sin uniforme”, confía uno de sus compañeros de oficina, que aceptó hablar desde el anonimato. A Octavio lo apretaron por hacer pública su orientación sexual y una tarde lo encerraron en un cuarto para amedrentarlo y hasta debió soportar las pintadas en el baño.
“Nosotros éramos amigos y lo manteníamos en secreto: no quería que me asocien con él, porque me iban a empezar a molestar a mí también”, continuó su compañero de trabajo. “Por eso digo que esto puede venir por el lado del honor. En Prefectura todavía hay quienes piensan que un gay es alguien de otro planeta, que una institución de doscientos años pierde el honor si hay un homosexual en sus filas.”

“El caso es un rompecabezas. Tenemos varias piezas. Hay que ponerlas juntas, trabajar en todas las líneas: todavía no podemos descartar nada”, dijo uno de los investigadores, que se excusa de dar detalles para no entorpecer el avance de la causa, que crece a ritmo sostenido. En menos de un mes, el expediente judicial tiene cuatro cuerpos: unas ochocientas fojas con allanamientos, pericias y declaraciones testimoniales. La fiscalía analiza todas las comunicaciones por Internet y el teléfono de la víctima e intenta trazar un perfil entrevistando a todo su círculo de amistades.

Los datos se hacen públicos en cuentagotas. Se sabe, por ejemplo, que el arma reglamentaria ­que Octavio nunca llevaba con él­ no pudo ser ubicada. Unos días antes de desaparecer había tenido una práctica de tiro obligatoria. A esos entrenamientos solía ir con una cartuchera o con un maletín donde además podía guardar municiones. Después de la visita al polígono, la pistola podía quedar en tres lugares: su casa, una guardería de Prefectura o su locker en el Edificio Guardacostas. “En ninguno de los tres lugares estaba”, explicó Joaquín Vizcaya, el cuñado de Octavio. El locker del Edificio Guardacostas fue allanado por la Justicia, pero no se encontró nada: unos días antes, los superiores lo habían abierto para entregarle sus pertenencias a la madre de Octavio.

La pesquisa

Por ahora, los investigadores se cuidan de las certezas. Si bien hay varias líneas abiertas, hay dos que son las más fuertes.

La primera es la que señala que pudo tratarse de crimen desde el interior de la fuerza. “En ese piso donde trabajamos pasaron varias cosas que uno tiene que callar porque no tenemos otra fuente laboral”, aseguró el compañero de Octavio que accedió a hablar con Soy.

Uno de los elementos que llamó la atención a propios y extraños es que cuando Octavio desapareció, en Prefectura sólo abrieron un expediente por abandono de trabajo. “Le agregaron averiguación de paradero recién cuando se presentó Gabriel a decir que Octavio estaba desaparecido”, explicó Joaquín Vizcaya.

La segunda línea de trabajo apunta a las relaciones extra laborales. Octavio tenía una cuenta en manhunt.net, un sitio de contactos para hombres. También había montado un emprendimiento paralelo a su trabajo en Prefectura, en la que actuaba como guía turístico junto a Gabriel, su pareja. A través del entrecruzamiento de las comunicaciones de los teléfonos de Octavio, de la actividad en sus cuentas de Internet y de los datos aportados por sus amigos, la Justicia intenta rearmar el mapa de todas sus relaciones estables o pasajeras para encontrar pistas.

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