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Valeria Lynch: una loba suelta en el Gran Rex

Buenos Aires (SentidoG.com)

Valeria Lynch deslumbró en el Gran Rex

Valeria Lynch es un fenómeno popular, de eso no cabe ninguna duda. En su nueva serie de recitales en el teatro Gran Rex, sus fans de hoy y de siempre le siguen rindiendo tributo como lo han hecho durante sus más de 40 años de carrera. Y gran parte de ese público es el que la ha convertido en uno de los mayores íconos gays de nuestro país.

Loba es el título del nuevo show de Valeria en un guiño tanto a una de las canciones más populares de su repertorio como a la fragancia que acaba de sacar a la venta. El domingo a las 20:10 y a sala llena, la Lynch arribó al escenario del Rex para darle inicio al segundo de los cuatro shows en este teatro interpretando el clásico que le da nombre a su espectáculo. Ataviada en un vestido dorado similar al que luce en la campaña gráfica de su perfume, Valeria fue ovacionada de pie por ese público tan efusivo, tan demandante, tan cholulo, tan comunicativo, tan…particular.

Gran revuelo en la sala cuando, minutos antes de iniciado el show. el marido de la cantante, Cau Bornes, se ubicó en la sexta fila. Fotos, besos, abrazos y centro de atención hasta que, inmediatamente después aparecieron para ubicarse en la misma fila Patricia Sosa y su esposo, Oscar Mediavilla. “¡Ay, Valeria nos va a ver!”, exclamó excitada una señora sentada en la fila de adelante dirigiéndose a sus amigas. “¡No podés cantar tan bien!”, le gritó Mediavilla a la cantante hacia la mitad del show, a lo que la diva respondió con un “Las cosas que tenemos que escuchar…” en referencia al trabajo del trío como jurado del programa “Cantando por un sueño”.

Valeria y sus coristas, a pleno show

Acompañada por una banda de siete músicos además de sus cuatro coristas, Lynch completó el primer set del concierto con los clásicos Señor amante y Piensa en mí, además de dos canciones de su último CD, O todo o nada, editado el año pasado. Luego de un interludio en el que sus coristas interpretaron Entre el fuego y la gloria, de Patricia Sosa, Valeria volvió a aparecer en el escenario con un vestido verde esmeralda plagado de brillos que haría ruborizar a la mismísima Cher. En este segmento, arrancó con un popurrí de baladas con clásicos como Y hoy que no estás, Yo soy tu amor infiel y Ya no me duele.

Como la mayoría de los artistas populares, a Valeria Lynch siempre le ha costado recibir el apoyo de la crítica y de aquellos que dicen “saber de música”. Más allá de géneros y de estilos, no se puede negar que la cantante usa su voz como un instrumento perfectamente afinado e infalible, a pesar de que sus detractores la acusan de “gritona”. Es increíble que con casi 60 años de edad y más de 40 de carrera, su voz se mantenga prácticamente intacta; quizás un tanto más oscura y con un vibrato más intenso, pero aún capaz de alcanzar esas notas que grabó hace dos o tres décadas atrás.

El show continuó con un tributo a la canción italiana que se inició con el cantante lírico no vidente Alejandro Brunengo, quien interpretó una conmovedora versión de Nessum Dorma, la popular aria de la ópera de Puccini, Turandot. “Mi apellido es Lancellotti, Lynch es un nombre de fantasía”, confesó la cantante en referencia a sus orígenes luego de finalizar un medley compuesto por varias conocidas melodías de la música de Italia. El homenaje a la herencia de nuestros antepasados del viejo continente continuó con la aparición del dúo español Gitanos, famoso por su hit Olé, cortina de ShowMatch, quienes subieron al escenario al ritmo del clásico Sin ti, de Donato y Estéfano. Nota al pie de loca mala: la chica del dúo, Noelia, parece una mezcla entre Flor de la V y Christina Aguilera.

Valeria, deslumbrante, reinó en el escenario

Nuevo cambio de vestuario, esta vez con un vestido púrpura que la hacía parecer una especie de Barney aún más sonriente, para la parte del show que fue la mejor recibida por el público femenino. Con la seguidilla de Amiga mía, Que ganas de no verte nunca más y Mentira, las chicas (y no tan chicas) que colmaron la sala, respondieron ante los guiños y gestos de la cantante, en referencia a esas letras con las que casi tod@s nos hemos identificado en algún momento de nuestras vidas.

Para los tramos finales del concierto, Lynch se reservó su repertorio más movido, con el infaltable Muñeca rota y el que fuese el corte de difusión de su último CD, Maldita Mágica luna. Los bises convirtieron al Gran Rex en una suerte de discoteca retro, con luces de colores saliendo de los paneles movibles que funcionaron como única escenografía del show. En dos medleys de estilo claramente ochentoso, Valeria cantó extractos de éxitos como Baila conmigo, Espérame sentado, No llores por mí Argentina, Dinamita y fuego, A cualquier precio, entre otros.

Luego de dos horas y media, su público quedó satisfecho, aunque con los oídos zumbando. Y más de uno aceptó la invitación de la cantante de volver la semana que viene, donde Lynch repetirá su espectáculo el sábado 12 y el domingo 13, antes de salir de gira por el resto del país y por el mundo, donde seguirá esparciendo su voz y su aroma a leña seca cubierta de rocío.

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