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“Boquitas Pintadas” celebra un año con polémica nota

Buenos Aires (Boquitas Pintadas)

Carlos Puig, pintor y albacea de la obra de Manuel.

Boquitas Pintadas, el blog LGBT del diario La Nación, cumple su primer año online. ¡Felicitaciones! Para celebrarlo, la periodista Verónica Dema entrevistó al hermano de quien inspirara el título del blog. A continuación, la replicamos para ustedes.

Carlos Puig: “El matrimonio igualitario es una estupidez”

Carlos Puig recibe a Boquitas Pintadas en su caserón de Olivos, el sitio al que se mudó hace unos meses para poder pintar y, a la vez, para trabajar más cómodo con varios colaboradores que lo ayudan a ordenar la obra de su hermano.

“Es mi deber preservar esto”, dice, serio, poco después de presentarse. En su escritorio, una notebook contiene decenas de carpetas con obras de Puig: libros, cartas, manuscritos, fotos. Una pieza está revestida exclusivamente de estantes hasta el techo con Puig: se leen varios títulos, se adivinan los sellos de varias editoriales, también. “Es a la vez un honor y una obligación para mantener viva una obra tan importante y que sigue teniendo la misma vigencia que cuando fue escrita”, apunta.

A Carlos Puig la entrevista parece sentarle bien cuando se explaya en la importancia de cuidar la obra de su hermano, de procurar que vuelva a editarse todas las veces que haga falta, de velar por la publicación de los textos inéditos que están bajo su celosa custodia.

Sin embargo, no se lo nota cómodo al hablar de aspectos personales de Manuel y su familia y, pese a que dice aceptar la homosexualidad de su hermano, evita referirse al tema. Minimiza el significado de ser gay en el pueblo de General Villegas en que vivían y hasta evita hablar de los rastros de su identidad sexual en la literatura del autor de El beso de la mujer araña. En fin, lo resuelve con frases amplias, ambiguas.

“Siempre lo que primó en la familia fue la libertad, entonces no hizo falta especificar o asumir roles de manera dramática. Cuando las cosas son y no son neurosis, vienen solas. Nunca se conversó de la homosexualidad en la familia”, dirá en un tramo de la charla. Además, comentará que nunca supo de las relaciones amorosas de su hermano. Cuando le pregunto por el matrimonio igualitario disparará: “Es una estupidez”.

En este video hay algunos tramos de la entrevista. Luego, la conversación completa

-¿Cómo se define?

-Soy pintor y albacea de la obra de Manuel, es decir, soy quien está a cargo de la difusión, de la parte legal de las ediciones y el cuidado. Entre todo esto también está el proyecto de buscar la preservación mediante el armado del archivo digital.

-¿Cómo es ser hermano de Manuel Puig y asumir esta responsabilidad?

-Es un honor. Además es una tarea muy importante bregar para mantener viva esta obra.

-¿Cómo se inicia el proceso de selección del material?

-Fue con la muerte de Manuel, que estaba en Cuernavaca, en México. Estaba con mi madre. Yo llego a hacerme cargo del tema. Entre todo lo que había estaban los manuscritos, que había que cuidar. Entonces, le puse llave al taller de él (tenía como bibliotecas). En un viaje que yo había hecho me había comentado que estaba en un tiempo de poner orden a sus cosas luego de tantos años de viajes. Lo que intenté fue preservar el orden. Así fue que acomodé en cajas sin alterar su orden y lo trajimos para la Argentina.

-¿Cómo fue que decide publicar los manuscritos que encontró?

-La misión fundamental es mantener las ediciones en circulación. Entonces, hice la sucesión, quedé legalmente como apoderado de su obra y me puse en contacto con las editoriales y con sus agentes para continuar y editar lo que no estaba editado. Empecé a dar con materiales a los que podíamos darle vida. Así fue como salieron una cantidad de libritos, de relatos, de guiones, etc. También vimos la posibilidad de editar ese material que en verdad era pre literario: las cartas de Manuel a la familia.

-¿Cree que él hubiera querido publicar esto?

-En verdad, siempre fui muy cuidadoso de lo que el hubiera pensado, siempre mensuré de esa forma. Pero hay materiales que son obra de arte. Eso trasciende lo anecdótico, esas cartas dan un pie de comprensión mayor tanto a críticos como a seguidores. Es un bien a la obra.

-¿Por qué es importante que tenga vigencia la obra de Puig?

-Porque la tiene. Su escritura está viva, es joven, no quedó en el pasado ni su problemática ni sus formas de encarar las cosas.

-¿Cuál es el principal aporte de Puig en su obra a la literatura?

-Hay muchas puntas. En principio, que se podía ser uno mismo y hacer literatura sin seguir esquemas y caminos trillados por otros. El decía: ¿cómo voy a narrar en tercera persona si hay monstruos que lo hicieron, como los rusos? Esto no va, decía. Y entonces logra una expresión de sí mismo y ser en eso que desarrolla. Por otro lado, al ser de una manera distinta él logra la revolución en el arte, que es algo tan perseguido en los ‘60. Por entonces, la revolución era desde el arte.

-¿Qué le pasó a él en la época de la dictadura?

-El se va del país, no por temor, sino porque lo amenazan en concreto. Para constatarlo está mi testimonio: yo levanté el teléfono y recibí lo que fue una amenaza de la triple A. Me dijeron: ‘Lo vamos a reventar’. En relación con la prohibición de la circulación de su libro Buenos Aires Affair, creo que ocurrió porque implicaba a ciertos sectores del peronismo. Nuevamente, él fuera de las banderías mostraba la profundidad de las cosas, como siempre, a través del arte, no de panfletos. En fin, pero él se va por la amenaza directa: si se quedaba hubiera muerto.

-¿Cómo vivía la familia esa persecución?

-Había temor cuando él publicaba en el exterior. Hay un episodio acá también muy concreto, por ejemplo, cuando se estrenó en el teatro Regina El beso de la mujer araña. Porque se estrenó en la dictadura, en Buenos Aires. Lo lógico era suponer un atentado, pero fuimos al teatro con la familia. Ahora todo es más fácil, pero por entonces, poner una obra que habla de un homosexual y un guerrillero y la cárcel y el oprobio y todo eso fue de una valentía muy grande. Lo viví muy bien, pero con la presunción de que podía haber un atentado. Lo ilógico es que no pasó nada.

-¿Qué recuerdos tiene de la infancia con Manuel?

-Teníamos una diferencia grande de edad. Con Manuel los recuerdos que tengo es que fueron encuentros de breve tiempo y mucha intensidad. Los veranos, la llegada a Buenos Aires, la biblioteca de la familia que primero usó él y luego yo seguí sus pasos, las cartas que intercambiábamos, también recuerdo cuando me llevaba al río o cuando íbamos al cine juntos. El al cine fue siempre, de muy chico iba con mi madre. Ahora suena raro pero antes cualquier chico que pudiera pagar entrada iba al cine a ver dos películas, era la necesidad de aventura, de fantasía.

-¿Cuándo él se asume homosexual?, ¿cómo fue?

-Siempre lo que primó en la familia fue la libertad, entonces no hizo falta especificar o asumir roles de manera dramática. Cuando las cosas son y no son neurosis, vienen solas. Nunca se conversó en la familia.

-¿Manuel presentó algún novio?

-No. En esos tiempos no era procedente. Una cosa es lo que uno es y otra son los absurdos. Hoy alguien lleva un novio a su casa a dormir, no era normal antes. No es cuestión de permisos, eran otras épocas.

-¿Ustedes como hermanos lo hablaron?

-Sí, lo hablamos. Pero no desde el sufrimiento, sino desde lo que uno es, no le dábamos muchas vueltas.

-¿A qué edad se asumió gay?

-No tengo idea. Es un tema de él. El siempre tomó su vida personal como personal. Ahí no hubo un tema de utilización de lo personal para tener éxito en lo social o lo que sea. Yo no me puedo asumir el rol de sabedor, es meternos en la intimidad de alguien con un conocimiento que no está.

-¿De qué hablaba en las cartas?

-Es una persona joven que viaja, con un montón de intereses, desde sus primeras idas al cine…y después el lugar, la gente, sus vivencias, los museos, el período en Roma con el estudio, las relaciones con su maestro.

-¿Contaba si se enamoraba de alguien?

-No, no lo contaba.

-¿Cómo ve la homosexualidad en su obra?

-Lo veo como un hecho natural, es como que se le ha dado tanta rosca al tema que es como una problemática. Y no es así. Ahora se habla mucho de la diversidad pero todo sale de una problemática, no de la normalidad. Estar sobre el asunto es justamente un fascismo interno.

-¿Cómo cree que tomaría Manuel el matrimonio igualitario?

-No se, dejalo ahí.

-¿Cómo lo vive usted?

-Mirá: cuando veo cosas naturales, normales, me parece muy bien. El amor es uno solo, es amor. De pronto, veo parejas que me dan mucha vergüenza, homosexuales o heterosexuales, pero estamos dentro del campo de la neurosis, de la enfermedad, de la falta de naturalidad, empujado por cosas extrañas.

-Pero la ley de matrimonio, ¿qué le parece?

-Es una estupidez, tanto en homos como en héteros. Es una herramienta ridícula. La unión de la gente está en otro lado.

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