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Octavio Romero: seis meses de impunidad

Buenos Aires (SentidoG.com)

El silencio domina la causa de Octavio Romero

A seis meses de la desaparición del suboficial de la Prefectura Naval Octavio Romero, parecen multiplicarse el misterio y las contradicciones que rodearon su muerte. El silencio de los involucrados y el secreto de sumario han amordazado el reclamo de justicia que amigos y familiares supieron gritar durante los primeros días. Sólo la familia directa de Octavio lleva adelante la causa judicial. A Gabriel, su pareja, no se le ha concedido hasta el momento el derecho de ser querellante. Referentes de organizaciones LGBT temen que estén desviando la resolución de la causa hacia un crimen pasional. Hasta el momento no hay ningún detenido o sospechoso.

 

Las dos hipótesis

Desde que el cuerpo de Octavio apareciera flotando en el Río de la Plata, el 17 de junio, una semana después de su desaparición, y los peritajes confirmaran su asesinato, los investigadores han trabajado dos hipótesis.

La primera de ellas se basa en un crimen de odio o crimen de honor, perpetrado desde el interior de la fuerza, a raíz de que Octavio expresara abiertamente su sexualidad y además anunciara su casamiento con Gabriel Gerbach, con quien convivía desde hacía 13 años. El casamiento nunca llegó a concretarse.

En el expediente constan declaraciones de amigos y compañeros sobre aprietes que Octavio había padecido en Prefectura. Una tarde lo encerraron en un cuarto para amedrentarlo y existieron pintadas homofóbicas en un baño. Otro elemento que llama la atención, es que cuando Octavio desapareció, en Prefectura sólo abrieron un expediente por “abandono de trabajo”.

La Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) se reunió en octubre con Nilda Garré, Ministro de Seguridad de la Nación, para coordinar la implementación de un observatorio de identificación de delitos motivados en la orientación sexual y la identidad de género en las fuerzas de seguridad. Garré se comprometió especialmente con la investigación del caso Romero.

La segunda línea de investigación apunta a las relaciones extra laborales. En este sentido, la Justicia intentó reconstruir el mapa de todas las relaciones estables o pasajeras de Octavio, para encontrar pistas. Se investigó, por ejemplo, que tenía una cuenta en Manhunt, o que había montado un emprendimiento turístico junto a su pareja, paralelo a su trabajo en Prefectura.

Si bien al inicio de la causa la hipótesis del crimen desde el interior de la fuerza había cobrado mayor relevancia, hoy por hoy, la Justicia parece haberla descartado, y se ha volcado a seguir lo que llaman “la pista pasional”. Distintos referentes de organizaciones LGBT consultados por SentidoG.com coincidieron en opinar que la resolución se estaría desviando hacia un crimen pasional.

La Comunidad Homosexual Argentina (CHA) ha acompañado a Gabriel, la pareja de Octavio, para presentarse como querellante de la causa. Pero hasta al momento no lo ha conseguido. Lo que sí obtuvo, días después de esta solicitud, fue un allanamiento policial, al departamento que compartía con Octavio, con el objetivo de rastrear el arma reglamentaria del fallecido y el chip de su celular. Ni lo uno ni lo otro se encontraron en el departamento. Esta operación se efectuó cuatro meses después de la desaparición.

Lo cierto es que, desde que apareció el cuerpo de Octavio, tanto Prefectura como la Justicia se han comunicado únicamente con la familia directa de Octavio, y son ellos quienes han llevado adelante la causa, sin ningún tipo de contacto con Gabriel.

 

Cronología

Octavio Romero vivía en pareja con Gabriel Gerbach, con quien tenía planeado casarse a fin de año. El sábado 11 de junio, Octavio fue visto por última vez por Gabriel, cuando éste se retiró para trabajar con su taxi. Eran las 20.30hs. Octavio vestía un saco bordó y cargaba una bolsa con bebidas que iba a llevar a una reunión de amigos.

La denuncia sobre la desaparición se hizo porque nunca llegó a esa reunión. Cuando lo fueron a buscar al departamento, encontraron la puerta cerrada con llave, las luces y la televisión encendidas. En un sillón estaba el saco bordó que iba a llevar a la fiesta y toda la bebida que había preparado estaba en la heladera. Todo estaba en orden, sin signos de violencia. El teléfono celular de Octavio Romero estuvo apagado desde las 21.30 del día en que desapareció.

Una semana después de desaparecer, el 17 de junio, el conductor de una lancha encontró el cadáver flotando en el Río de la Plata, a la altura de Vicente López. Lo habían asesinado. Los peritos que analizaron el cuerpo dijeron que lo tiraron con vida y desnudo al agua, pero desmayado, y que después murió ahogado.

 

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