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2011, el año en el que el deporte se volvió un poco más friendly

Buenos Aires (SOY)

Ben Cohen, ícono gay y activista por los derechos LGBT.

El deporte, uno de los bastiones de la resistencia a la diversidad, sigue en la suya, aunque hay que reconocer sus grandes esfuerzos por jugar limpio durante el 2011.

La salida del closet del galés Gareth Thomas en 2009 (primer rugbier del mundo en decirlo), no sólo sirvió como inspiración de una película que hace dos años promete rodarse, sino que dejó una huella en el mundo del rugby, que se cuenta con el del básquet entre los más competentes en cuestiones de homofobia. Así es que en marzo de este año los jugadores del club inglés Sheffield Eagles salieron a la cancha con una camiseta que decía “Homophobia: Tackle It” algo así como “Hacele un takle a la homofobia”.

Si el gesto de la camiseta parece poco comparado con tanto deportista confinado en el closet, se puede agregar aquí una buena foto de Ben Cohen, otro rugbier inglés, además de los resultados de un trabajo que publicó este año Eric Andreson, especialista en sociología del deporte en la Universidad de Winchester, que afirma que de diez años a esta parte es mucho más sencillo para un/una atleta salir del closet. ¿Las causas? La resistencia es menos desembozada que antes cuando se podían hacer burlas y desacreditaciones en la cara y en público, mientras hoy, lugares como la NBA cobran multas importantes a los que se van de boca y la sociedad repudia en los medios a los malos. Además, asegura el sociólogo, hay que dar gracias a Facebook, donde la gente se define sexualmente con sólo un click y se expone a miradas virtuales.

Si los números no bastan, habrá que regresar a la foto de Ben Cohen: heterosexual confeso, casadísimo y padre de mellizas, el súper ídolo e ícono gay del rugby se despidió de su carrera a los 32 años en el momento más alto y reconociendo que podría jugar dos campeonatos más. Pero no hay tiempo que perder, dice, desde su flamante fundación: “Hay mucho trabajo por hacer, la actitud de la gente tiene que cambiar, no puede ser que haya jóvenes victimas del bullyng que pierdan sus vidas. Esto tiene que parar ya”.

Todo comenzó con sus fotos para calendarios cuasi pornos, siguió con miles de fanáticos que lo catapultaron como ícono gay. Ben respondió con compromiso y gratitud a todos esos fans: “He recibido numerosos e-mails, especialmente de hombres jóvenes que se han sentido inspirados por mí de alguna manera y que han tenido el coraje de asumir su sexualidad frente a sus familias y amigos y llevar una vida plena. También me han dicho que he ayudado a padres a aceptar el hecho de que sus hijos son gays. Tengo que confesar que no tengo idea de cómo he logrado eso, pero si mi apertura de mente ha logrado eso, entonces estoy convencido de que estoy en el camino correcto. Para ser honesto, jamás pensé que mi carrera de rugbier daría este vuelco. Pero así es. Tengo dos hijas de tres años y me rompería el corazón si ellas se sintieran tan solas y abandonadas como para no poder hablar conmigo o con mi esposa”.

¡No!

Desde el lado del tenis, estos últimos días del año, nuevamente surgió como una superwoman la grandiosa del tenis, Martina Navratilova. No lo hizo sola, sino con otra diosa también lesbiana y activista, Billie Jean King. Las dos se lanzaron a una especie de doble mediático con Margaret Court, leyenda australiana del tenis de los años sesenta y setenta (tres veces ganadora en Wimbledon, con dos Grand Slam en su haber) conocida ahora por su militancia contra la diversidad sexual que ejerce desde su Margaret Court televisión (quien tenga tiempo para perder búsquelo en YouTube), un “programa evangelista para hacer llegar la voz de Dios a millones de personas”, según ella misma describe.

Y la voz de Dios vía su ventrílocua ha dicho cosas tales como que “tratar de legitimizar una unión que Dios ha llamado sexualmente abominable incluyendo la sodomía, revela nuestra ignorancia sobre las enfermedades que caerán sobre la sociedad al violar las leyes de la naturaleza que marcan lo que está bien y lo que está mal. Los homosexuales gritan aquello de que han nacido así. Cada acción comienza con una decisión, ellos tienen una elección”. Billie Jean King, que casualmente fue quien le arrebató el título en los lejanos setenta, salió a responder secundada por Martina. Los argumentos en contra no se reproducen en estas líneas porque sería repetir más de lo mismo. Corta imaginación tienen los redentores del orden natural. Martina tampoco se gastó mucho Dijo: “Intenté hablar muchas veces, pero Margaret no puede escuchar”. Tal vez necesite el ¡no! del árbitro, y como natural reflejo pavloviano, la vieja tenista cierre por fin su boca.

Celeste y blanca

Por Facundo R. Soto

Por estas tierras, el deporte ha entrado en las agendas de la militancia. En octubre del 2011 se llevó a cabo una jornada, bajo el lema de “Deporte y diversidad”.

“Fue difícil, casi imposible en esa época meterme en los picados para jugar. Iba a la cancha a ver a Vélez.” La que recuerda una infancia en la que jugar al futbol para una chica era como pretender jugar a cualquier cosa pero en la luna, es Mónica Santino, una de las disertantes que logró narrar un trayecto desde aquella imposibilidad hasta la situación que ella misma como directora técnica de un equipo femenino en la Villa 31 vive por estos días.

La reunión fue organizada por Lautaro Bustos Suárez, director de la Secretaría de Deportes de la Federación Lgbti, con el objetivo de pensar estrategias para la integración. Estuvieron Ezequiel Paulon, ex integrante de la selección nacional de hockey y director técnico de Portugal, Holanda y España (el único paki, y con novia, de la sala), Pablo Pérez Echeverría coordinador y fundador de Rainbow Bikers. Darío Ruso, coordinador del equipo Palermo Hockey (Adalpi). Y Alberto L, el nuevo presidente de la DAG (Deportistas Argentinos Gays), quien pidió que no pongamos su apellido (sic) en el SOY.

Mónica Santino siguió el juego contando que “mi amor por el fútbol me llevó a jugar en la AFA, que nuclea a los grupos femeninos de fútbol más importantes del país. Antes me peleaba con la policía, ahora con los dirigentes que no entienden el deporte, que puede ser disfrutado sin diferencia de género.” Con la calma que la caracteriza y la contundencia de sus palabras, arremetió contra la AFA, cuando dijo que la institución tiene muchos prejuicios que derribar: “Nos dicen que todas las que jugamos al fútbol somos tortilleras.

Hay parejas lesbianas dentro de los equipos, pero el fútbol no genera conductas sexuales, sino grupos de pertenencia, donde unx puede expresar libremente su sexualidad. Yo trato de desterrar el imaginario social de que un equipo de fútbol femenino es como una cárcel de lesbianas agarradas al barrote de la celda, peleando y gritando, como la película de Camila Perissé… Nosotrxs, hace ya cuatro años que podemos jugar en la canchita de la villa, y ellos, los pibes son ahora los que miran agarrados del alambrado, pero tenemos que bancarnos las barbaridades que nos dicen”.

Siguiendo con la línea de los prejuicios y obstáculos que, todavía, su género tiene que atravesar, recordó que en el último mundial de fútbol, el de Alemania, la técnica nigeriana habló barrabasadas de sus jugadoras porque eran lesbianas, y la FIFA tuvo que sancionarla y salir a decir no a la lesbofobia. “El camino es largo. Mi objetivo político, concluyó Mónica, que quizá no llegue a ver, es seguir el camino de Holanda, por ejemplo, donde los chicos y chicas juegan integrados, sin división de género”.

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