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Contramano: la discoteca gay mas antigua de Buenos Aires cumplió años

Buenos Aires – (SentidoG.com)

Jose Luis Delfino y Carlos Jauregui

Para la historia del movimiento homosexual en la Argentina, Contramano es algo más que una disco que detenta el record comercial de haber llegado a casi tres décadas de permanencia. De quien era su dueño también puede afirmarse algo análogo: desde la vuelta de la democracia hasta la fecha de su muerte, 7 de septiembre de 2008, José Luis Delfino supo ser algo más que un duradero hombre de negocios de la noche gay porteña. Compartimos una entrevista realizada un mes antes de su muerte por Martín De Grazia*

Alfonsín asumió el 10 de diciembre del 83 y nosotros abrimos el 17 de febrero del 84.

– ¿Qué hacías antes de Contramano?

– Soy contador público. En el momento que abrí el negocio era el subcontador de ATC (N de R: Argentina Televisora Color, hoy canal 7). Yo tenía que viajar mucho, y uno sabía que existían los saunas y estos boliches en Europa y en Estados Unidos. Yo en estos viajes los conocí y se me puso en la cabeza que este tipo de negocio tendría que estar en Buenos Aires, porque Buenos Aires es una ciudad gay. Para mí ya lo era 25 años atrás, por experiencia personal, claro. La gente se socializaba en la calle, nada más. Aunque eran otras épocas: vos hace 25 años conocías a alguien en Constitución, lo llevabas a tu casa, dormía con vos y a la mañana te servía mate. Hoy te acuchillan en cuanto bajas las escaleras de Constitución. Pero, entonces, era así, no había lugares. Había sí algunos que se abrían, se cerraban, o la policía los acosaba y la gente dejaba de ir. Entonces, yo me lo planteé en un primer momento como un negocio. Y la idea era: yo invertía el dinero y un socio trabajaba el local. Yo no tenía mucho dinero, pero estaba en condiciones de invertir en un boliche en ese momento. Estuve dudando, porque era ahorros que tenía, la única plata que tenía: no vengo de familia rica, laburo desde los catorce años. Cuando nosotros abrimos, yo fui a arreglar con la policía, obviamente, porque me correspondía hacerlo…

– Porque de lo contrario el boliche no iba a durar ni dos días.

– La historia es que la policía son varias en Buenos Aires: está el circuito de las comisarías, el de seguridad personal que antes se llamaba Moralidad; después: drogas, menores, etc. Y todos quieren su parte en el juego y en la repartija. Entonces, al asumir Alfonsín, el adalid de los derechos humanos, creíamos que se iban a terminar las razzias, el levantamiento de gente en la calle. Podía uno abrir un boliche gay… Y eso fue toda fantasía mía, porque el esqueleto policial de la dictadura quedó firme, es decir, quedó la misma cúpula. Abrí un viernes, el domingo vino el subcomisario, el lunes arreglo con él, y el miércoles empezaron las razzias de Moralidad. En ese momento abríamos todos los días y se llenaba el local. Y empezaron los problemas. Venía Moralidad y se llevaba gente a diestra y siniestra. Hasta hace poco, yo hacía una estadística de cada día que venían y cuántos se llevaban. A mí me agarraba una indignación muy grande, más allá de que me estaban afectando el negocio, así que decidí acompañar a la gente que se llevaban en cana. Hablaba por teléfono con mi abogado y el tipo iba allá: él me facturaba como un taxímetro. Pero junto con eso empecé a tener una especie de conciencia política que nunca había tenido.

– ¿Antes no había habido activismo de ningún tipo?

– No. Soy de La Plata. Y estudié en la Universidad  Mis amistades básicas se hicieron allá Y yo estaba en el closet, como se dice ahora. No divulgaba que era gay, pero en La Plata salía a la noche, tenía mis amigos gays, que la mayoría era toda gente del interior. Lo que pasaba que venían se alquilaban casas y había cinco en una habitación… Después se producía una especie de mutación: se iba y venía un gay. Entonces, había un montón de casas que eran gay. Vos tocabas el timbre: los encontrabas comiendo, durmiendo o cogiendo. La vida fue así mientras que yo estuve allá, cuando vine acá yo seguí siendo contador. Cuando me asocio con un jovencito, yo seguía en ATC . ¿Qué pasaba con este chico? Primero, eligió el personal entre toda gente que no era gay porque le gustaban los chongos. No sabés cómo lo afanaban: no hay placer más grande para un chongo que robarle a un puto. Segundo, si a las dos de la mañana se hacía un levante se iba y dejaba el negocio a merced de esta gente. Entonces, empecé a ir con más frecuencia y terminé quedándome. Renuncié al trabajo y me dediqué al negocio a pleno. En estos interines, se daba que había que defenderse, armar alguna agrupación para hacer frente a esta arbitrariedad. Yo tuve reuniones con los boliches, porque después que abrí, enseguida empezaron a aparecer otros bolichitos. Inclusive algunos que no eran gays, pero que eran frecuentados, como era Viejos Tiempos, que estaba atrás de Obras Sanitarias, sería Ayacucho y Viamonte. Iba la policía y paraba el 60, que pasaba por ahí, y hacía bajar a todos los pasajeros y subía a toda la gente del local. Y al departamento de policía. Entonces, la idea era hacer un frente con los boliches gays, en defensa del derecho de ejercicio de comercio, etc. Todo el mundo se lavó las manos. En una segunda reunión, en la que íbamos a estructurar esto, no fue nadie.

– En su libro, Carlos Jáuregui cuenta que, a raíz de una razzia en un bar llamado Balvanera, ex miembros de una Coordinadora de Grupos Gay convocan a una asamblea en Contramano para tratar el tema. Se forma una agrupación que luche por la defensa de los derechos de los homosexuales

– El acta fundacional de CHA se redactó en Contramano, en la reunión en que se intercambiaron ideas sobre cuál eran las estrategias a seguir: publicar solicitadas, pedir audiencia al Ministerio del Interior… Se discute todo eso y se decide conformar una comisión directiva. La CHA surgió en esa misma reunión como nombre. Yo sugerí Comunidad Homosexual Argentina. Eso se votó y se aprobó. A partir de ahí había gente que tenía militancia, tenía más experiencia que yo. Yo fui el primer tesorero de la CHA y vicetesorero era mi socio. De ahí empezaron a armarse folletos, juntar guita para hacer cosas. Se armó una estructura de grupos que oficiaban individualmente y después mandaban un delegado a una reunión central. Y políticamente me fui formando. Así, lo conocí a Carlos Jáuregui.

– ¿Qué papel jugó Carlos en esta historia de las razzias a los boliches gays?

– En varias oportunidades, Carlos me acompañó al departamento de policía por esta historia de las redadas. Y en una oportunidad, vino la policía y él se puso al frente y dijo que o los llevaban a todos o no llevaban a nadie.

– Te referís a la famosa razzia del 85 en Contramano.

– Sí. Tengo un recuerdo muy vívido de esa redada policial. Fue la actitud de él: de enfrentamiento casi inconsciente, de pararse delante del que estaba haciendo el operativo, que no dio bolilla al principio. Y seguirlo y decirle: ”Ud. no se lleva a nadie de acá”. Y empezó a cantar el himno, y toda la gente lo siguió. Les importó un carajo, porque la redada la hicieron igual. Se llevaron bastante gente.

– ¿Carlos frecuentaba Contramano?

– Él venía casi todas las noches: era habitué. Quizás había una temporada que desaparecía. Pero, en algún momento de la noche él llegaba al boliche. Mi trato pasaba por esto: charlar, me comentaba lo que estaban haciendo. Cuando se partió la CHA, yo me borré porque quería tener buenas relaciones con unos y con otros. No quería ser parte de la interna. Pero seguí estando al lado de ellos de la forma que podía en esos momentos, ayudándolos econonómicamente. Y con Gays DC también colaboré.

– Colaboraste económicamente desde el comienzo

– Para solventar una solicitada o panfletear a veces hacía falta guita. Yo, en la medida que pude, siempre colaboré. Nadie de la CHA estaba cobrando sueldos en aquella época. Se hacían colectas en el local: venían chicos con unas latas de galletitas y la gente ponía plata. Al principio, la Asociación se había planteado como paga una colaboración –de lo cual se hacían responsables los grupos– que era, ponele, dos pesos, nada. Como tesorero,  hacía la lista: ”falta esto, tendríamos que haber recaudado tanto, pero no se recaudó nada”.

– ¿Cómo recordás al Carlos de esa época?

– Fundamentalmente, como un ser humano. Yo no mistifico su figura. Nunca quise tampoco transformarme en una viuda de él (porque está lleno de viudas de Carlos). Era un tipo franco, a veces era muy divertido. Era alguien que estaba muy comprometido con la causa; él no tenía problemas en salir a la calle o en los medios. Y además era provocador, porque le preguntaban: ”Usted se considera gay”, y el respondía: ”No, no soy gay, soy puto”. Con lo cual le quitás todos los argumentos despectivos al interlocutor y lo dejás tambaleando. En el primer piso de nuestro negocio hay una foto de él, que es la única que hay de Carlos Jáuregui sin anteojos. Las nuevas generaciones a veces me preguntan ”¿y ése de la fotografía quién es?”. Era Carlos Jáuregui, el fundador de la CHA.

– ¿Qué pensás que quedó de su activismo?

– Que mucha gente del ambiente tomó conciencia de que había que hacerse valer, de que el closet no sirve y que hay que luchar para obtener la igualdad.

– Carlos luchó mucho por la inclusión de la orientación sexual en la ley de antidiscriminación. Luego de muerto se logró ingresar en la nueva legislación de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Disminuyó la represión policial en los boliches gays desde entonces?

– Sí, eso seguro. Por ahí no fue un click de un día para el otro, pero sí como que las cosas fueron aflojando. La gente no tiene tanto miedo.

– José Luis, muchas gracias por este testimonio.

– Espero que te haya servido. Son muchos años…

*Esta entrevista pertenece a una extensa serie de testimonios recogidos por Mabel Bellucci y Martín De Grazia para un libro que están escribiendo sobre la vida de Carlos Jáuregui.

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