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Este puto rock!: La relación del rock y la cultura gay

Por Leo Aguirre – (La Voz Joven)

Pensamientos domésticos sobre el rock a raíz de la XX Marcha del Orgullo LGTBIQ

La relación del rock y la cultura gay

Algunos amigos tienen la habilidad de llamar justo en el momento más inoportuno. Alfredo es uno de ellos. En el clímax de mi incursión en el mundo de la plomería, en el preciso instante que iba a colocar el nuevo cuerito en la canilla me llamó. ‘Fede, ¿vamos este sábado a la marcha?’ Y la verdad es que, salvo un llamado para cobrar alguna cuantiosa herencia, nada me importaba más en ese momento que concluir mi proeza doméstica. ‘Bueno, vemos…después te llamo y vemos, si? Estoy cambiando un cuerito’. Evidentemente mi falta de interés fue tal que generé un extraño acto de sinceramiento de su parte: ‘OK, avisame. Ya sé que es el mismo desfile de circo para que Crónica y los programas cool hagan un festín reprimido… pero al menos salimos un rato’. Salir un rato. Menuda gracia le haría a los muertos de Stonewall pensé, mientras daba cuidadosamente el giro final con la tenaza que me había prestado Enriqueta, la vecina del B que habla con sus perros. Una salida; una salida como ir a tomar un café o ir a bailar o ir a un recital.

‘Pero avisame. No hagas la de siempre que cuando algo no te gusta te borras. Seguro hay bandas de rock que a vos te gustan’; por las dudas que no me convenciera por las buenas, se jugaba una última carta con un velado reclamo ¡Los amigos siempre saben donde clavar la daga! Y aunque poco importara si era rock o pop contesté. Nah. De rock no creo, seguro son bandas pop!… de lo otro mejor no decir nada; tiene razón.

Mientras hacía zapping agotado por esa pequeña gran epopeya, y tratando de dar con un video (los canales de música ya no pasan videos!), me quedé pensando. Marcha gay: rock no, pop si. De Madonna a Lady Gaga, pasando por los Bee Gees y la cultura disco, Miranda y Leo García todos asocian al mundo gay con el pop, con el baile, el brillo, la superficialidad, la instantaneidad, la despreocupación, las locas alegres de los videos de Rafaella Carrá, el hedonismo despreocupado, ese que horroriza hasta a los amigos que te entienden aunque no sean como vos. Todos atributos que rara vez se usan para describir al rock. Ahí estamos en el terreno del valor, el compromiso, la contracultura, la crítica…menudos adjetivos!

De repente apareció en mi cabeza el filósofo italiano Gianni Vattimo putéandome: él dice que el gay es un tipo de homosexual, específicamente el tipo californiano de los 50, que se define en la esfera de consumo. Homosexual o puto, por su parte, es una categoría más amplia y correcta que se define como tal en la esfera del goce. Lo lamento Gianni. Estoy de acuerdo con tu teoría pero entenderás que decir gay es más cómodo: quedé agotado por las tareas domesticas, los reproches de Alfredo y la intriga sobre la relación entre el rock y el mundo gay. Así que vamos a escribir gay: son tan sólo 3 letras!

Volvemos al rock. Difícilmente se asocie al mundo gay con el rock pero, al mismo tiempo, pienso en la boca de Mick Jagger, la belleza rústica del primer Elvis, las calzas elastizadas del glam metal, la ambigüedad descarada (y calculada, pero que importa) de Bowie. A pesar de ser un género que no hubiera llegado a ser lo que es si no fuera por los interminables aportes gays (Little Richards, Freddy Mercury, Rob Halford, Elton John, Marc Almond, Bob Mould, Michael Stipe, Morrissey y un kilométrico etc.) o de personajes ambiguos (David Bowie, Lou Reed, Mick Jagger, Iggy Pop y otro sugerente etc.) el rock, en líneas generales, no ha sido capaz de generar vínculos estrechos con la cultura gay como si lo ha hecho el pop o la música dance. Es que el  rock es provocación, oposición, sugerencia pero a la vez es, principalmente, cosa de hombres, pero hombres hechos y derechos, normales, que podrán provocar pero hasta ahí no más, a ver si todavía piensan que…entonces siempre terminan con una modelo o actriz y el pobre pibe que se ilusionó se queda con sus fantasías; que son sólo eso: fantasías. El rock es histérico y tan consciente de sí mismo que rara vez se permite dejarse llevar. Provoca, sugiere y listo… arreglate como puedas. Después dicen que el pop es superficial y el rock es el que habla de las grandes verdades! Bueno, ahi está el error supongo, en pensar que efectivamente esto es así. Dicen que la historia la escriben los que ganan; acá la escribe el rock.

Bueno hasta acá no he pensado nada nuevo. Ya hace unos cuantos años Bob Mould, el líder del mítico trío punk hardcore americano Husker Du, se dio cuenta de esto y se propuso, al salir del closet, luchar contra esta supuesta cristalización: ser gay es ser una loca bailarina en clave pop. A muchos, pienso mientras me levanto a buscar una cerveza y ensayo un fallido paso moonwalk, no se nos da bien el tema baile y a otros en cambio, que tampoco es mi caso, se les da bien eso de escribir canciones de rock y son putos (ves Gianni, al final te hice caso)! Bueno, la cosa es que el señor Mould abrió en Washington una disco para jóvenes gays que pasaba sólo rock y evitaba los clichés de bailar sólo con Madonna y Erasure y, a la vez, le dio a sus canciones un marcado tinte personal, o sea gay, sin ninguna doble lectura o encriptación alienante. Ahí tenés: hay gays que no quieren bailar pop y sí rockear…andá a decirle algo al de Judas Priest!

Rock y sexo homo

Seamos justos. Con el correr de los años, a pesar de haber nacido blanco y conservador en medio del reino wasp norteamericano de los Estudio Sun y de ser tan machista (nada más fálico que la guitarra y sus riffs), el rock ha sabido generar espacios de contracultura interna. Desde la escena homocore norteamericana al cuestionamiento de la normalización de género del post punk, pasando por bandas como The Gossip o Pansy Division o Hidden Cameras o Magnetic Fields o un homosexual etc. sobran exitosos ejemplos de bandas de rock que se dedicaron a dar cuenta de lo que les pasaba a los autores y, por ende, generaron una comunión con sus seguidores. Ya lo dijo Morrissey, un experto en el tema: reader meets author.

Seamos sinceros: ¿alguien se siente identificado cuando un rocker de 45 años sigue preocupado, como un adolescente, por si podrá salir el fin de semana y ponerla o si un millonario habla de sus problemas existenciales enfundado en Dolce&Gabbana? Es injusto, entonces criticar a Ricky Martin porque hasta hace poco le cantaba a chicas si no se critica lo otro. Ya que estamos, porque la verdad no lo sé: ¿ahora Ricky le canta a su hombre y aparece enfiestado con tipos? Para generar empatía se tiene que hablar de algo que tenga marcas de identificación o aspiración para el que escucha; independientemente del tema sexo. Y si no hay comunión, objetivos comunes, no hay escena. Esto se los explico a los que les interese, porque con Alfredo de estas “elucubraciones sobre el rock” no puedo hablar: ¿vieron que acá no hay escena de casi nada? Bueno, yo creo que es por eso, no hay comunión y objetivos comunes.

A ver: artistas de rock gays o gay-friendly. Mmmm, pocos. Buenos Aires, como toda cuidad portuaria, siempre ha estado atenta a recibir las últimas tendencias del mundo y así fue como adoptó rápidamente el rock en castellano para dar cuenta de lo que nos pasaba, reemplazando, de alguna forma, al tango. De todos modos luego de cuatro décadas de activa participación en la cotidianeidad y la vida cultural del país, este espacio de rebeldía y de expresión, ha esquivado la puesta en tema de la homosexualidad y el lesbianismo. Más allá de contadas excepciones, éste ha sido un tema que ha navegado las aguas marginales del doble sentido y las cerraduras del closet.

Sigo con el desafío….bandas que den cuenta de las problemáticas gay. Poco y nada en nuestra historia. Salvo, claro, el gran Federico Moura. En los años 80s el líder de Virus se transformó en un faro que guió con estilo y talento a una generación de jóvenes gays y ayudó a generar apertura mental en el gran público. Sin ocultar nunca sus preferencias y a pesar de escribir clásicos sobre teteras, miradas Speedy, taxiboys y masturbaciones, logró trascender su identidad y hablarle a todos. Más allá de este caso aislado, el público gay se quedó sin artistas que les hablaran y sin rockeros apuestos a los que admirar (un tema pendiente del rock argentino). De todos modos se pueden encontrar bandas que, de alguna u otra forma, colaboraron a generar un clima gay friendly en el rock. En Soda Stereo, Gustavo Cerati con su imagen ambigua ayudó a derribar prejuicios. Ya en los 90s, con la impronta del postmodernismo y sus relatos múltiples, la situación cambió levemente; a pesar de la imagen provocadora y andrógina que exhibía Adrián Dargelos (cantante de Babasonicos), las arengas del hardcore gay antifascista de la banda Fun People, la militancia activa a favor del aborto y las minorías sexuales del trío punk She Devils o el romanticismo casi homoerótico de Avant Press, poco fue lo que se dijo en forma directa.

El rock del nuevo siglo, por su parte, ha acompañado la creciente visibilidad de lo gay… pero sólo eso. Acá sí que lo voy a necesitar a Vattino. El rock ahora es gay, no puto. Es que todo huele a adolescencia Cris Morena, a casa de diseño de Palermo que saqueó la imagen de The Smiths para hacer sus prendas, a desfile de fashionistas en blogs autoreferenciales, superficialidad, pose y consumo. Los que antes jugaban al paddle ahora son gays! Así es como se escuchan voces tenues, pero detrás de la tranquilidad que a algunos le produce la caricatura. Son comentarios dichos al pasar que no hacen una bandera del tema, simplemente se dejan oír. Lo tengo que decir ¿no les parece que el cantante de Miranda no le hace ningún favor a un pibe que está tramitando su identidad sexual?…porque más que gay parece sub-alimentado!

Los ’00 trajeron directamente el abandono del rock de cualquier pretensión de hablar el tema. Lo poco que hubo vino de otro lado: el pop melodramático y amanerado de Miranda, que ayudó a instalar una estética abiertamente camp pero quedó anclado en la caricatura, el folk pensante de Gabo Ferro, la calidez acústica de Flopa y el éxito pop de Leo García, uno de los pocos que habló del tema abiertamente y logró con  la canción “Morrissey” lo más parecido que tuvo el rock argentino a un himno gay. Entonces, dado que los rockeros locales prefieren ‘no caer en las limitaciones que genera el encasillamiento’ y no le hablan a su público la escena de rock gay se constituye como tal en fiestas y eventos paralelos como La Casa Brandon, organización destinada a promover encuentros de artistas gays para toda la sociedad.

Y mientras en MTV aparece un video de Boy George, y yo como si me hubiera fumado un porro pienso ‘que locoo’, llego a la conclusión que es lógico que el mundo gay no se lleve bien con rock porteño: si el rock no se decide a transitar abiertamente un camino que genera empatía, los gays recurren al pop que, dentro de sus lógicas, hace lo que tiene que hacer! Y será, finalmente, como dice el dicho que “el ojo de loca no se equivoca” o, en este caso, el oído. Uno como está de-formado por el rock le pide a los músicos que hagan algo que no se animan a hacer y, la verdad, pareciera que ya no tiene sentido pedir. Si no pueden hablar de temas “normales” (nombren cinco canciones que traten sobre Cromañón o el kirchnerismo) menos va a hablar de estos temas que aún generan sonrisas incómodas!

A todo esto no creo que vaya a la marcha. Prefiero ir a ver a Sonic Youth que parece se separa, y que en su mejores discos también generó el mismo abandono dionisíaco del dance pero de una forma mas violenta y eléctrica. ‘Eso sólo te gusta a vos. No se puede bailar’. Ya me imagino la respuesta de Alfredo cuando se entere. Y es cierto, no se puede bailar. Pero no siempre uno quiere bailar. Y eso que, a pesar de mi falta de gracia, me encanta bailar!

¡Qué alivio! La canilla no gotea!

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