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Joven gay quiere ser presidente de Kenia

Kenia – (El País)

Denis Nzioka

Denis Nzioka está trabajando en su campaña de cara a las próximas elecciones en Kenia. Denis es joven, alto, bien parecido, educado; se expresa con claridad, tiene carisma, resulta fotogénico… Uno diría que cuenta con todo lo necesario para entrar en política. Excepto por un pequeño detalle. Denis es gay, no hace nada por ocultarlo e incluso ha trabajado como portavoz de la comunidad gay más visible del país, lo que en un lugar como Kenia sigue siendo peligroso aunque su sociedad sea más tolerante que la de países vecinos.

En un principio, quería ser sacerdote y estudió durante años en un seminario en Nairobi. “Ya sabía que era homosexual pero el catolicismo no dice nada mientras no tengas relaciones y, como teníamos que mantenernos célibes, yo me encontraba en paz y sin problemas”. Pero seguía pensando sobre su sexualidad y la discriminación que sufren los homosexuales. Empezó a escribir un blog sobre estas cuestiones con el seudónimo Caritas Diablo (que más adelante borró). Y finalmente se dio cuenta de que su verdadera vocación estaba fuera del seminario y acabó como portavoz de Gay Kenya Trust, cargo que dejó hace unos meses cuando decidió iniciar su carrera política. Como otros homosexuales, Denis sufre las miradas y comentarios despectivos en público pero, en su caso y por ser conocido, ha sido peor y en los últimos tres años ha tenido que cambiar tres veces de domicilio debido a amenazas directas o a que los vecinos no querían que viviera allí.

Pero tras dar el paso y entrar en política, aspira alto. “Ahora por fin puedo decir abiertamente que quiero llegar a ser presidente”, asegura. Tras pensárselo durante un tiempo, y aprovechando las oportunidades que crea la nueva Constitución keniana, fue a la comisión electoral en octubre a formalizar su candidatura como presidente para los próximas elecciones, previstas para diciembre de este año o marzo de 2013.

“Sabía que la posibilidad de ganar sería muy remota pero quería presentarme en serio, así que fui con toda mi documentación a la comisión y fue entonces cuando allí me dijeron que la Constitución impone un mínimo de edad para presentarse a presidente”. Ocurre que, según el nuevo texto, hay que tener al menos 35 años y cuando se celebren las elecciones Denis tendrá 27. “Así que ahora estoy en conversaciones con algunos de los candidatos independientes para que me incluyan en su lista como aspirante a vicepresidente, para lo que no hay limitación por edad”.

Pero este detalle, que muestra su excesiva juventud y su evidente inexperiencia, no cuenta toda la historia y contrasta con un pragmatismo y una inteligencia política que podrían sorprender a quien no valore lo suficiente a Denis.

“Por desgracia, sé que los kenianos no se fijarán en lo que puedo ofrecer sino en el hecho de que soy abiertamente gay. Y, de acuerdo, lo más probable es que no salga elegido”, reconoce. “Pero el hecho de que me presente y de que no esconda mi homosexualidad es ya un acto importante en sí, la gente lo verá y tendrá que pensar en ello, será algo que ya habrá ocurrido”.

“De cara a las siguientes elecciones, ya habré construido un currículo de actividades, ya habré besado a todos los bebés que tenía que besar para las fotos, ya habré ido a las reuniones, donado dinero… Entonces la gente te conoce y los candidatos podrían pensar, ‘traigámoslo con nosotros, podemos darle la cartera sobre los jóvenes, o la cartera de colectivos minoritarios'”.

¿Por qué querer aspirar a presidente o a vicepresidente si sabe que no lo va a ser, por qué no, por ejemplo, presentarse a diputado o incluso a un puesto en el ayuntamiento de Nairobi? “No, si quieres recibir atención, tienes que aspirar a los cargos más altos, aunque parezca imposible. Y si en el futuro llega el momento, entonces es allí donde realmente puedes cambiar las cosas”, asegura. Y lo cierto es que quizá yo no no habría leído sobre él ni entonces pensado en entrevistarle si ‘sólo’ aspirara a ser concejal.

Denis da por hecho que la comunidad gay keniana le votará, tanto los que lo son abiertamente como los que lo ocultan. Pero, además, dice que él representa a otros grupos y que diferentes tipos de personas se pueden sentir identificados por él.

“Represento a los jóvenes porque soy joven y conozco nuestros problemas y nuestras preocupaciones; represento a los colectivos discriminados y no sólo por motivos de orientación sexual. He sufrido discriminación en la escuela o a la hora de buscar trabajo, como les ocurre, por ejemplo, a minorías tribales. Y también: no soy menos hombre por ser gay, también represento a los hombres, yo me identifico como tal”.

Denis reconoce las enormes dificultades, sobre todo de cara a convencer al keniano medio que no vive en Nairobi, una ciudad mucho más abierta que la Kenia rural, pero se muestra confiado en poder atraer a diferentes tipos de grupos sociales.

“Tengo a gente en el terreno, contamos con una estrategia, se puede decir que ya existe una ‘maquinaria’ electoral en marcha”. Por ejemplo, se deciden las apariciones públicas de Denis de acuerdo con el plan de la imagen que quieren construir. “Así, como los medios ya me conocen, me ven en una protesta contra la brutalidad policial entonces dicen: ‘El activista gay Denis Nzioka se manifiesta contra la brutalidad policial…’, hablan de mí y me mantienen en el candelero”, comenta. “Aunque esto también es peligroso porque me pueden acabar viendo como únicamente ‘activista gay’ y no como ‘político'”.

Denis quiere presentarse con un programa que combata la pobreza y las desigualdades en Kenia, lo que es mucho más fácil de decir que de hacer y, de hecho, muchos candidatos llevan programas con los mismos principios. Pero, además, quiere contribuir a que la gente entienda la nueva Constitución, un complicado documento de 194 páginas que fue aprobado en 2010 pero que por supuesto casi nadie se ha leído en su totalidad. “La gente aún no ha comprendido el verdadero alcance de la nueva Constitución y las capacidades que les da en cuestiones sobre, por ejemplo, la propiedad de las tierras y la corrupción”. Son cuestiones como ésas las que hacen que otros políticos no tengan tanto interés en que la gente la comprenda.

Son los mismos políticos los que han hecho de Kenia uno de los países más corruptos del mundo y a quienes no importó utilizar la ‘carta tribal’ en su beneficio, aunque desembocara en la peor violencia que ha conocido el país desde su independencia.

Denis comenta, sin embargo, que hay políticos que juegan la ‘carta tribal’ no tanto porque ellos quieran sino por la presión de sus propias comunidades. Él pertenece a una generación joven, urbana y educada en la que las diferencias tribales tienen menos peso pero, curiosamente, también recibe presión de su ‘comunidad’. “Muchos del colectivo gay me dicen, ‘cuando tengas poder, tendrías que hacer esto o lo otro’. Y yo les contesto: ‘Hey, no se trata de ti sino de Kenia’. Porque te diré la verdad: yo no tengo una agenda homosexual. No me considero un gay keniano sino un keniano que además es gay, soy un patriota”.

Además, y de nuevo aquí se muestra pragmático, señala que de todas formas sería imposible avanzar un programa gay como tal. “Por ejemplo, si quieres tratar con la criminalización de los homosexuales con sida lo conviertes en una cuestión sobre sanidad. O el matrimonio gay, de acuerdo en que por principio debería estar permitido, pero por el momento lo dejas de lado porque en realidad a muchos homosexuales les da igual y es un asunto no prioritario que podría traer problemas”. Lo resume en una frase: “No des a tus adversarios munición para que te disparen con ella”.

Pero, ¿y si por el contrario el hecho de que forme parte de una candidatura suscita violentas reacciones en su contra o incluso contra la comunidad gay en general? “Si hay muchas reacciones en contra, también sería útil”, responde con seriedad, “nos confirmaría que Kenia aún no está lista, que aún queda activismo por hacer, que aún tenemos que seguir trabajando en los cimientos de una sociedad sin homofobia.”

Nada desanima a Denis. Como casi cualquier político tiene respuesta para todo. Parecería imposible pero quién sabe si su mezcla de juventud, ambición, pragmatismo y el salirse de la norma no serán la receta adecuada para acabar siendo, como él dice, el primer presidente gay de África.

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