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Naty Menstrual vuelve con nuevo libro

Por Leticia Pogoriles – (Telam)

Naty Menstrual

En un tono más reflexivo y con una profunda madurez, la escritora Naty Menstrual vuelve en abril al ruedo literario con su nuevo libro “Batido de trolo”, donde incluye una poesía “raramente positiva” y un puñado de relatos intensos que van entre el desamor y la reversión (e invento) de leyendas populares.

Su anterior libro “Continuadísimo”, editado en 2008 por Eterna Cadencia, reúne una veintena de cuentos trash, un cóctel mortífero de erotismo escatológico donde registra con humor y un destello de ternura la cotidianeidad signada por lo marginal; con prostitutas, maricas y travestis como protagonistas.

En su momento, Naty fue comparada con Manuel Puig, con la prosa de Truman Capote y la de Pedro Lemebel y de alguna manera, el mundillo literario local posó su mirada en esta travesti -alta, simpática, vehemente y arrolladora- que se consumó, con un largo recorrido a cuestas, como escritora a secas.

En una entrevista con Télam, Naty confesó que “Continuadísimo” “tiene una distancia” con el lector. “A esos personajes le pasan cosas sucias, rastreras, dolorosas donde `yo` estoy viviendo en este mundo, pero `vos` lector no sos parte de eso que cuento. Te lo estoy diciendo para meterte un dedo en el culo”.

Con un registro más reflexivo, su nueva producción, editada por Milena Caserola, “es más interior, es contar algo que me pasó muy profundo e intenso. Quizás la búsqueda en un principio no fue la de mostrarlo, sino de sacarlo, porque para mí escribir te salva”.

Sentada en un bar gay friendly de San Telmo, barrio que la vio nacer como travesti a mediados de los noventa y donde ella es ama y señora, Naty habla despojada: “Cuando me va bien con ciertas cosas, me pongo mal, es algo patológico”, dispara para dar inicio a su historia de dolor.

“Después del `Continuadísimo` caí como en una depresión post parto, me internaron con una lesión grave en la parte derecha del cerebro. Tuve un brote como de locura, padecí anorexia nerviosa, pesaba 54 kilos, tenía menos de un nivel normal de potasio para mantenerme viva. No sabían si podían salvarme”, relató.

Su prima de Castelar, a quien Naty la había contactado para decirle que no estaba bien, la encontró tirada en la avenida 9 de Julio apretando sus bolsos “como si me estuviera por mudar”. Ese fue el principio de una salud en barranca abajo y de una crisis que la marcaría, en su vida y en su obra.

En los meses que siguieron Naty se refugió en la casa de sus padres en Moreno donde pergeñó “lo que le quedaba por decir” materializado en relatos, poesías, guiones y pinturas, plagados de reflexiones y certezas de su propia vida.

“Ese tocar casi fondo te cambia la cabeza. Intentas dejarte de joder, despertarte, caminar. Yo no voy con la autoayuda, pero en un momento que estaba para atrás me dije: `mientras me pueda levantar voy a hacer cosas que me gusten, sentirme bien`”.

¿Qué quedaba por decir y por mostrar? “”Me quedaban cuentos y editar la poesía que uso mucho para mis shows (todos los jueves en San Telmo). En los cuentos reflejo historias que tienen que ver con una realidad que viví y que a la gente le encantaría que sea personal y verdadera, pero son cosas que he observado alrededor, con condimentos. No podemos escribir sobre lo que no conocemos”.

“Todo príncipe azul tarde o temprano destiñe” es una de las frases que Naty pinta en remeras que vende todos los domingos en la feria de su barrio y que también funcionó como premisa para cuentos como “Match Point” o “Boina negra”, dos historias crudas del desamor constante y sonante, “que me ponen la piel de gallina”, recita mientras se toca los brazos.

“El amor es algo muy difícil, no digo imposible, pero para alguien que transita un camino como el mío es difícil. Sería ideal que tengamos la posibilidad de manejarlo de otra manera y nos dediquemos al disfrute”, cuenta.

“Match Point” mete al lector en el imaginario de su protagonista “ese que una desarrolla fantásticamente cuando ve a alguien en el que deposita su deseo” para concluir en el abismo.

“Ves la boludez que termina siendo cuando te das cuenta que ese hombre era más puto que yo, drogadicto y vicioso. Lo único que yo veía era un príncipe azul”, dice simbiótica con su relato.

Poesías como “Yo quiero tetas” o “El árbitro del básquet”, también sintonizan en el deseo y el desamor. “A los 43 años me encantaría estar en una situación que se pueda mantener, que una persona se quede conmigo, pero también tengo la certeza de que no va a ser así, por eso no vivo ese deseo como una pesadilla”.

No sólo de la carne se nutre Naty, los poemas “El jardín de mi abuela” y “Quizás, quizás, quizás” son las que considera “raramente positivas” y sin ánimos de pedantería redobla: “son bellamente positivas porque hay un crecimiento, una maduración, una fuerza de sobreponerme”.

Naty, además, deja entrever sus próximas escalas en el camino literario, el de las leyendas. Su nuevo libro trae dos bonus track como “Eterna mente” considerada una reversión del Lobizón y “Cuando el viento sopla”, donde la aparición “próximo niño maricón” carcome a todo un pueblo.

Se despide, hablando del tema masticado y analizado, ese de lo “difícil que es vivir intentando ser algo que nunca vas a poder ser” en relación a las “chicas que se sobre operan en una búsqueda fatal e interminable”.

Naty, franca sobre los aspectos de la vida que invaden sus relatos, suelta: “me encantan las travestis que disfrutan de su travestismo y de su falo y también me encantan las mujeres. Mi vida siempre estuvo signada por ellas, me encanta ser otra cosa, no mujer”.

“Batido de trolo” sigue esa impronta, la del disfrute, la (in) definición y la reflexión, la de la mirada sobre el mundo que sólo es válido “si uno vibra” con algo o alguien y, finalmente, la del descarne de la piel: “quiero que este libro sea como coger a pelo”, invita sin prólogo para ver de qué se trata.

A diferencia de su anterior obra, Naty se amiga con su alrededor, para ella, “lo ideal es que el lector pueda vibrar, meterse, vivirlo y sentirse parte”.

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