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“En Paraguay, durante la dictadura, no había peor cosa que ser comunista o puto”

Por Bruno Bimbi – (Tod@s)

Y finalmente pudieron dar el sí. Simón Cazal y Sergio López, ambos paraguayos, se transformaron hoy en la primera pareja gay de extranjeros no residentes que contrae matrimonio civil en la Argentina. Gracias a una resolución del gobierno de Santa Fe que hace operativo lo que establece al respecto el artículo 20º de la Constitución Nacional, nuestro país abre las puertas —aunque sea, por ahora, sólo en esa provincia— a todos los gays y lesbianas del mundo —y a los héteros también, claro— que quieran casarse en suelo argentino.

Simon Cazal, presidente de SomosGay

Quisimos saber más sobre su país y su relación con los homosexuales. Con la cabeza llena de arroz y la alegría de un recién casado, esto fue lo que nos contó Simón (31), biólogo, activista y flamante marido de Sergio:

—¿Cómo es ser gay en Paraguay?

—Mi país está marcado por su aislamiento histórico, en todos los aspectos de la vida. Vivimos en el aislamiento y la enorme inequidad social —tenemos el 98% de las propiedades del país concentradas en el 3% de la población— y nuestra sociedad está aún bastante afectada por los resabios de la dictadura militar más larga del cono sur. En Paraguay, durante la dictadura, no había peor cosa que ser comunista o puto: en el imaginario social, Stroessner construyó la imagen del puto y del comunista como la amenaza a “la raza guaraní”, llegando a persecuciones públicas que no se vieron en otros países. En Paraguay, un gay es un “108″, el número prohibido en placas de vehículos y numeración de casas. Este número hace alusión a los detenidos en una redada de 1959, muchachos que fueron torturados y paseados por la ciudad capital como castigo por ser “inmorales”.

—¿Esos prejuicios siguen vivos en democracia?

—Sí. Pero este resabio coexiste con una generación nueva, mayoritaria en este momento en términos poblacionales (una de cada cuatro personas tiene entre 15 y 29 años de edad y el 40% de su población tiene menos de 15 años), que pudo tener la perspectiva de que la igualdad plena es posible, gracias principalmente al enorme impacto de la llegada de este nuevo periodo democrático que desplazó a los “colorados” del ejecutivo… y a la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina. La cercanía cultural con Argentina hizo que este logro abriera las puertas al debate acerca de los derechos humanos y la existencia digna de personas LGTB en Paraguay, de una manera nunca antes vista en la historia de nuestro país. En 2010, cuando se veía venir la aprobación del matrimonio igualitario en Argentina, lo vivimos como si fuera para aprobarlo acá…

—¿Cómo es eso?

—El debate se daba en todos lados. Hay muchas anécdotas sobre las discusiones que se daban en el colectivo, en los supermercados, y que llegaron al Congreso y los medios de prensa. Todos tenían que tener una opinión al respecto, lo cual expuso mucho al movimiento y nos dio la oportunidad de plantear el debate muy ampliamente, con mucha repercusión. La atención de los medios de prensa es clave en un país como el nuestro y nos permitió llegar a varios sectores que de otra manera tendrían muy poco contacto con la realidad de personas LGTB en Paraguay. Siempre se nos vió como algo raro, importado, no correspondiente a la “cultura” paraguaya, pero gracias a la movida argentina, se pudo acercar esa realidad más que nunca. También ayuda el crecimiento de las redes sociales: en SomosGay recibimos mensajes de apoyo que antes no teníamos. Las encuestas en medios digitales repuntaron de mostrar apenas un 10% de apoyo al matrimonio en marzo de 2010, a alcanzar un 80% de apoyo en setiembre de 2011. Pudimos contar nuestras historias en la prensa y medios de comunicación, además logramos mostrar grandes movilizaciones y logros importantes como las Paradas de la Igualdad, que se hacen en junio y los festivales por la igualdad y la libertad que hicimos en octubre, restándoles muchísima fuerza a la hegemonía discursiva dela que antes gozaban los sectores religiosos y conservadores.

—¿Cambió algo con la llegada de Lugo a la presidencia?

—Sí, mucho. Se lograron grandes avances en materia de política pública, pero aún falta bastante. Los grupos fundamentalistas, vinculados a las mafias y a la dictadura, aún están en gran parte de los organismos del Estado y controlan las mayorías en el Congreso, por lo que el trabajo se enfoca principalmente a acercar información a la ciudadanía. En este aspecto, la apertura de varias instancias, principalmente del ejecutivo, durante el periodo de Lugo, ha sido clave. Los importantes gestos que ha tenido el Presidente en la defensa de la ciudadanía LGTB y su resistencia al insistente cabildeo de los sectores más fundamentalistas de las distintas religiones han sido muy importantes. Estos avances, sin embargo, no están lo suficientemente arraigados en políticas de Estado que se puedan sostener más allá de los gobiernos de turno.

—¿El hecho de que Lugo sea sacerdote católico no fue un problema?

—Lugo fue, en 2008, el único candidato que abiertamente estuvo a favor de la “unión civil” en su campaña, y después fue avanzando hacia el apoyo al matrimonio igualitario. Cuando fue cuestionado por los sectores religiosos, les respondió que él era el presidente de todos y todas y aseguró que si el Congreso aprueba una ley de matrimonio igualitario, él la firmaría.

—¿Y eso es posible?

—Lastimosamente, la mayoría en el Congreso la controlan los conservadores de derecha y ultraderecha religiosa, que ya se pronunciaron contra cualquier proyecto que apunte a conquistar la igualdad en relación al matrimonio. Es el mismo Congreso que amenazó al Presidente con un juicio político por haber firmado la carta de Ushuaia, que pretendía apoyar a las democracias en el MERCOSUR. Su respuesta a la ley argentina de matrimonio y a los avances de la justicia brasileña fue el discurso xenófobo.

—¿Hay proyectos de ley de matrimonio igualitario en el Congreso?

—Sí. Lo estamos impulsando desde la Federación Paraguaya LGBT. Estamos buscando más apoyo ciudadano para presionar con él a los congresistas a presentarlo, estudiarlo y eventualmente aprobarlo. Nos critican que queremos “copiar” a la Argentina, importando el logro, pero ya hay voces disidentes que nos apoyan. Los cambios iniciados con Lugo sientan bases interesantes para seguir avanzando y probablemente el siguiente Congreso tenga mejores condiciones para ingresar el primer proyecto de ley de matrimonio igualitario.

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