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Pascuas para tod@s

Buenos Aires – (SentidoG.com)

La ultima cena version gay - SentidoG.com

Hay una esencia de pascual, que no es chocolate sino el espíritu humilde y el amor incondicional de quien entrega su vida por una causa noble, pudiendo llamar “causa noble” a la construcción de la institución más verticalista, influyente y con mejor prensa de los últimos veinte siglos, capaz de meterse en la vida privada de las personas, de legislar sobre sus actos más íntimos y de bañar de culpas no sólo a sus adherentes sino a cualquiera que haya apenas rozado su credo.

Esa esencia pascual es la que, habiéndola primero bebido de fuentes probas de la institución eclesial, un grupo de autoconvocadxs —mediante la red social Facebook y por iniciativa del portal Sentido G.com— ha querido emular y aggiornar mediante la recreación de la Ultima Cena. Bien magra, por cierto: quienes aquí se reunieron apenas si van a compartir un pan de panadería, aunque es posible pensar que ahí no se acabará la bacanal. Si de entregarse se trata, tal como los apóstoles, al credo recién fundado, la disposición está a la vista: cocineros, empleados, estudiantes y hombres de fe prestaron su cuerpo para encarnar a los apóstoles y sus piernas a los colores del arco iris que tanto le han dado al pop y al colectivo Glttbi como herramientas de juego y señal de pertenencia. El corazón es grande, dicen y representan, y por eso no hay lugar a la polémica sobre el lugar de María Magdalena, esa apóstol proscripta por la cofradía de los hombres con sotana, pero que tenía un terreno a su nombre en el corazón de Jesús. Puro músculo, pura fuerza es la mujer que se incluye en el banquete, como si supiera que su sitio en la historia sólo podrá ser defendido a los codazos. Todos y ella adoran a la figura principal, la que está a punto de sufrir el calvario, la negación y la muerte. Pero Gabriela Binder, que de ella se trata, no parece dispuesta a dejarse torturar siguiendo el ritual sadomasoquista que año a año nos depara el éxtasis católico. Esta chica da pelea, aun ocupando el lugar de Jesucristo. Porque ella podrá entregarse a una causa justa —dirige el grupo Translaburo, que se dedica a buscar y encontrar trabajo para mujeres trans en Lanús—, pero no va a poner el lomo para el latigazo, porque de eso ya ha tenido suficiente la comunidad trans y travesti. Gozosa, la figura principal ofrece la comida.

“Quise mostrar la mayor exposición y sufrimiento de los LGTB, como parte del colectivo más discriminado y expuesto. Nosotros somos parte de la vida cotidiana. Somos cocineros, empleados, estudiantes, y gente que tiene fe en una Pascua incluyente”, explica Gabriela. La idea fue recrear la Última Cena, pero en versión libre. Y gay. Judas está tirado en el piso. Naty, la única mujer que hay entre los los apóstoles, busca mostrar la dualidad de María Magdalena. Entre las piernas de todos, la bandera del orgullo gay.

¿Una versión nueva y sobredimensionada del huevo pagano que adorna cada Pascua? En cualquier caso, en esta versión de la Semana Santa habrá bocados para todxs. Porque habrán querido captar la esencia pascual, pero sobre todo están dispuestos a incluirse ahí mismo de donde fueron expulsados, en el rito pío de cada año, pero con un toque de fiesta, el mismo que necesita cualquier revolución.

Pero ¿qué lugar tiene reservado la Iglesia para esta inclusión? “Nosotros, que hemos sido practicantes y que vivimos la represión de nuestra sexualidad, cuando pudimos entender que Dios no condena a las personas por vivir libremente su orientación sexual, conseguimos liberarnos de una carga muy pesada. Eso nos permite profesar nuestra fe sin culpas, sin conflictos y, además, vivir las festividades religiosas sin sentirnos excluidos/as”, dice Marcelo Sáenz, miembro de Cristianos Ecuménicos Gays y Lesbianas de Argentina (CEGLA). “Más aún, quizás en parte por la actividad de esclarecimiento de CEGLA durante siete años, existen en la Argentina unas cuantas Iglesias históricas que ahora tienen una actitud inclusiva hacia gays y lesbianas. Y podemos participar de estas festividades en estas Iglesias libremente sin tener que ocultar nuestra condición sexual. Dentro de la Iglesia católica se necesita que haya gente que confiese su sexualidad para ayudar a integrar a los fieles a reencontrarse con su fe, que se encuentran confundidos por el discurso homofóbico de la Iglesia. En otros países existen organizaciones que ayudan mucho a católicos gays”.

Ezequiel Martin, coordinador de CEGLA y secretario de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), dice “provengo de una tradición evangélica bautista, que es una religión muy hermética, donde entendés que cualquier cosa que esté fuera de eso es pecado. Desde mi adolescencia traté de unir mi fe con mi sexualidad. Y no soporté la presión. Después de 25 años de sufrimiento, decidí salir. Cuando dejé la Iglesia, comencé a vivir libremente y me acerqué a esta organización, donde me dieron material para reconciliar mi fe con mi sexualidad. Porque, vale aclararlo, hay una lectura conservadora y retrógrada de la Biblia y también es una cuestión de control, donde si cada uno lo viviera se perdería la capacidad de tener a la gente necesitando de la Iglesia. Hay organizaciones como Éxodo que tratan de curar a los homosexuales y que manejan un negocio millonario. Aunque hay Iglesias, como la metodista y la luterana, que han ampliado la visión y cambiaron la postura. Nosotros buscamos la caída de la discriminación. Por eso, ésta es una celebración desde la fe, no es una celebración religiosa. Es una cuestión de liberación y redescubrimiento. Una posibilidad de darnos cuenta de que aún seguimos siendo esclavos de ideas, y debe llevarnos a pensar en esas cosas que aún nos hacen cautivos, y buscar la libertad de una sociedad para todos y todas desde lo simbólico y desde la fe”.

La Misión Sacerdotal Tercermundista, un grupo argentino católico de tradición y no de institución, afirma el sacerdocio universal de todos los creyentes. Desde esa entidad, el reverendo Alejandro Soria sostiene: “Nuestro grupo no está en comunión con la Iglesia católica romana. Adherimos a la campaña de apostasía porque no tomamos el bautismo como una pertenencia a una religión. La Iglesia nos utiliza como católicos de segunda. En nuestro nombre tiene un discurso que no es el que nos representa. Cuando ingresé en Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) redescubrí mi fe. Con las Pascuas incentivamos a que la gente renueve su fe. Nunca dejé de creer en Dios. Si bien la apostasía es una carta de renuncia, es una renuncia al bautismo, no a la fe. Jesús fue crucificado por mis pecados y mi sexualidad. En su resurrección mi sexualidad es resucitada. Hoy no hace falta que se crucifique a nadie más ni que las Iglesias sigan condenando a nadie más”.

El pastor Lisandro Orlov, de la Iglesia Ecuménica Luterana Unida, señala que todas las Iglesias cristianas que forman parte de un tronco común “tienen la misma comprensión de la celebración. Jesucristo durante toda su existencia pidió a sus discípulos que mantuvieran un secreto y la resurrección significa romper con ese secreto, que es la verdad. Las Pascuas significan que se puede vivir, que se caen todas las máscaras y podemos hablar de una sociedad integrada que respete la diversidad. El sentido profundo de esta celebración es la espectacularidad de vivir en un mundo reconciliado. Y esperamos que ése sea nuestro anuncio, “vayan a los márgenes y díganles a todos los excluidos que otro mundo es posible”.

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