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Vos porque no sos puto

Por Bruno Bimbi – (Tod@s)

Hace casi diez años, tomando un café en el Abasto, conversando sobre la primera novela de Pablo Simonetti y sobre otra que yo quería escribir, Osvaldo Bazán me dijo algo que, desde entonces, encabeza las reglas que me propongo seguir cada vez que me enfrento a una hoja en blanco: “Olvidate por completo de lo que va a pensar quien sea cuando te lea. Si empezás a imaginarte a tu familia, tus amigos, o inclusive a algún lector desconocido leyéndote, vas a empezar a censurarte y lo que te va a salir es un engendro políticamente correcto que nada tiene que ver con la literatura”. Fue uno de los mejores consejos que me han dado sobre el oficio y creo que explica por qué “Vos porque no tenés hijos” es un librazo.

"Vos porque no tenes hijos", lo ultimo de Osvaldo Bazan

Bazán lleva su premisa al extremo. Si no, no podría empezar la novela diciendo: “Odio a los nenes, como toda persona normal”; no podría hablar de padres que odian a sus hijos e hijos que odian a sus padres, de niños malvados transformando cartas de amor en armas de destrucción masiva, de policías cogiendo con adolescentes en un baño público, de discos de jazz que se estrellan contra el piso escondiendo historias inconfesables de traición y muerte que revelan lo más horrible del ser humano, eso que no querés que te cuenten, menos si quien te lo cuenta es quien te lo va a contar. Y pasó algo curioso con el primer capítulo del libro, ese que empieza con el odio a los nenes: el autor lo publicó en su blog y en las redes sociales y le dijeron de todo. Gente enojada, indignada, furiosa. Como si, por ese tono autobiográfico que suele tener buena parte de la literatura gay, creyeran obvio que quien habla de sus sentimientos hacia esas malditas criaturas no es Alejandro Marino, el protagonista de la historia, sino el propio Bazán. O quizás porque claro, Osvaldo es puto y eso lo explica todo.

Una colega escribió hoy para un diario que se trata de un libro “éticamente inaceptable”, como si la literatura pudiera medirse en esos términos. Puritanismo, ignorancia o estupidez, la crítica revela cómo la historia de Alejandro choca. Y eso es lo mejor que tiene.

Porque “Vos porque no tenés hijos” quizás sea, por llevar al extremo su falta de corrección política y chocar a propósito contra el pudor ajeno, la mejor de las novelas de Bazán. Y es, sin dudas, la más cínica y oscura, al estilo de los mejores cuentos del brasileño Rubem Fonseca, un movimiento que se acentuó con “La canción de los peces que le ladran a la luna“, aunque ya comenzaba a sugerirse en el cambio de tono de “La más maravillosa música” con relación a “Y un día Nico se fue…“, la primera, que iba de la comedia al drama sin dejar, ni es los momentos más crudos, de ser amigable. “Vos porque no tenés hijos” no lo es, y deja en claro desde los primeros capítulos que su objetivo es cagarte a trompadas. Bancátela si podés, como se la bancó Alejandro, a quien la vida empezó a darle sin asco desde chico. Y esa niñez de mierda parece verse reflejada, a lo largo de su búsqueda por un punto de fuga, en su propia repugnancia hacia la niñez de los otros, hacia los niños, esas criaturas abominables y malvadas que conoció a fondo cuando tenía su edad y no quiere volver a ver ni en figuritas.

La historia de Alejandro te atrapa y, hasta la última página, no deja de golpearte, de refregarte la nariz contra la mierda como a un gato que hizo caca en el lugar equivocado. Y eso que, en mi opinión, es su mayor virtud, la honestidad brutal que caracteriza a la mejor literatura, acaba siendo, también, su mayor problema ante una parte de su público. Porque a vos, lector heterosexual, te puede parecer que lo que le pasa a Alejandro es exagerado, que algunos diálogos están sobreactuados, que a Bazán se le fue la mano y dejó de ser verosímil, un requisito que, ya lo decía Aristóteles, debe cumplir hasta la más fantástica de las historias de ciencia ficción. Y entonces, todo lo que te choca de la personalidad y los pensamientos de Alejandro te parecerá injustificado, innecesario, fruto de la mente perversa del autor.

Vos porque no sos puto.

Pero vos, lector homosexual, me vas a entender si te digo que, aunque no te haya pasado —espero— ni la mitad de lo que le pasó al protagonista, podés reconocerte en muchas partes de su vida y recordar, porque los tuviste o porque te los contaron, algunos de los diálogos o algunas de las escenas más inverosímiles. Vos que conociste Sebastianes y Matías y Ezequieles y Anas y Ángelas y Javieres, o que, en el mejor de los casos, conociste a quienes los conocieron, y seguro que conocés a montones de quincealgos y buscaste desesperadamente a quien pasara de quincealgo a Matías y de Matías a Mati y, en el camino, recorriste varias estaciones de tren, vas a entender de lo que te hablo — pero no te voy a contar acá por qué: vas a tener que leerla.

Pero ojo: la más oscura de las novelas de Bazán parece sugerir, al mismo tiempo, paradójicamente, un puente optimista entre el pasado y el futuro, un momento de tránsito, reflejado quizás en Matías, escrito en épocas de matrimonio igualitario, pendejos sin armarios y fiestas Plop. Y, como sus novelas anteriores, tiene algo de cinematográfico que quizás algún día sea explorado por un buen director. Mientras tanto, el libro confirma a Bazán como uno de los mejores narradores de lo gay, al lado de otros escritores contemporáneos como David Leavitt, Pablo Simonetti o Michael Cunningham.

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