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Cuatro mil matrimonios igualitarios

Por Leandro Filozof – (Revista Veintitres)

A casi dos años de aprobada la ley, la mayor cantidad de casamientos se concentra en las grandes ciudades. El miedo a las consecuencias en los pueblos. Las provincias que casan a extranjeros.

Norma y Cachita, una de las primeras parejas que contrajeron enlace

A casi dos años de la aprobación de la Ley de Matrimonio Igualitario –luego de una sesión de quince horas en el Senado, meses de debate y muchos años de lucha–, son más de cuatro mil las bodas de parejas del mismo sexo celebradas en la Argentina. Más de cuatro mil historias que reflejan la decisión de una sociedad de apostar por la igualdad, de otorgar, más allá de una orientación sexual, a todas las personas los mismos derechos y obligaciones, reformando el Código Civil. Reforma que también abarca, a partir del casamiento de la primera pareja extranjera –Simón Cazal y Sergio López– el 23 de marzo de este año, a extranjeros sin ser residentes argentinos. Pero no alcanza una ley para que una sociedad entera se transforme y así como en julio de 2010, con la “marcha naranja” y en las voces de algunos referentes religiosos y políticos se vio lo más retrógrado y reaccionario de una sociedad, las estadísticas y los testimonios de parejas y militantes de la comunidad homosexual permiten ver que la discriminación está lejos de haber quedado en el pasado.

El 27 de abril, la Conferencia Episcopal Argentina emitió un comunicado para manifestar: “La valoración de la familia fundada sobre el matrimonio, como relación estable del varón y la mujer y ámbito primero en la educación de los niños. La familia es una realidad con profundas raíces en el pueblo argentino y a lo largo de todo el país. Ella es una institución que por su riqueza e historia es un bien que es garantía para la sociedad”.

“El documento dice que el matrimonio es entre varón y mujer –comenta César Cigliutti, presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA)–. Por eso, una de las cosas más importantes de leyes como la unión civil y después el matrimonio es, justamente, la separación de la Iglesia del Estado: a la Iglesia se le da el lugar que corresponde, que son los templos. Y la separación del significado de lo que es una ley civil de lo que es el sacramento. Jamás un dogma como el sacramento del matrimonio puede ser enunciado como una ley, es una locura, como este documento que no reconoce el matrimonio igualitario”. Cigliutti recuerda un acto gay-lésbico nacional que se realizó hace unos años en la ciudad de Salta en Semana Santa: estaban en la plaza y se escuchaba la misa del obispo por unos altoparlantes. “Escuchabas la misa y, quieras o no, eso marca una presencia, una cultura y una sociedad”.

Ernesto Larrese y Alejandro Vannelli

Las estadísticas marcan una fuerte concentración de celebraciones en los grandes centros urbanos como la ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y luego Santa Fe, Córdoba y Mendoza. A partir de ahí, la cantidad de casamientos baja notoriamente. Lo explica Esteban Paulón, presidente de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT): “La ley de por sí no soluciona los graves problemas de discriminación y prejuicios arraigados a nivel social. Es una herramienta que trae derechos pero también consecuencias, y eso lo analiza una persona a la hora de decidir casarse. En una provincia, el oficial que te casa quizás es la compañera de secundaria de tu hermano, entonces ni siquiera está la posibilidad del anonimato, de hacerlo un acto reservado. Empieza a pasar lo que pasa con cualquier matrimonio: todo el pueblo comenta, en este caso la orientación sexual. Legalmente no ha habido inconvenientes. Hay un poco de miedo a la exposición y la presión de salir del armario en un lugar pequeño. Y también el miedo a las consecuencias: expongo a mi familia. En lugares más grandes, donde la gente llega para buscar trabajo o lugar en la universidad y la familia queda en el pueblo, hay condimentos que lo hacen más fácil”.

El primer matrimonio gay del país y de Latinoamérica lo celebraron, el 28 de diciembre de 2009, en Ushuaia, Alex Freyre y José María Di Bello: “Nos casamos en condiciones extraordinarias, viajando casi clandestinamente a Ushuaia, sin un mango, sin nuestra familia, sin amigos, sin poder decidir cuándo nos íbamos a casar. No fijamos la fecha, fue cuando la gobernadora Fabiana Ríos dijo sí”. Freyre da cuenta de que hoy todo eso cambió. “Hay un envalentonamiento, una construcción de ciudadanía y mayor militancia en el campo de la diversidad y entonces hay mayor difusión del concepto de igualdad. Eso hace que al desnaturalizar la discriminación, se la pueda ver. El cambio cultural es un proceso en el que afortunadamente tenemos de nuestro lado a la ley y las instituciones. A José María y a mí, por haber sido el primer matrimonio celebrado antes de la ley, nos pasan cosas excepcionales en nuestra vida cotidiana. Además, cuando nos casamos, la Argentina dejó de ser un país con Papa exportable, Jorge Mario Bergoglio dejó de serlo”.

Alex Freyre y Jose Maria di Bello

César Cigliutti y Marcelo Suntheim fueron la primera pareja gay en Latinoamérica que contrajo la unión civil ante la ley. Luego se casaron en España: “Fue el primer reconocimiento de casamiento igualitario a nivel internacional. No bien volvimos de España, fuimos a anotar el matrimonio y lo negaron. Cuando se aprobó la ley, pudimos hacerlo. Pero la ley de unión civil en la ciudad de Buenos Aires hace casi diez años fue la puerta que abrió el camino al matrimonio igualitario. La gran conquista de la CHA es la visibilidad, son las estrategias que van mejorando la conciencia en nuestros derechos y que también vencen los prejuicios. Especialmente en las comunidades más pequeñas y sobre todo cuando son sociedades con una fuerte presencia de la iglesia vaticana”.

Claudia Castro, vicepresidente de la FALGBT y presidente del centro de mujeres lesbianas y bisexuales La Fulana, cuenta que el año pasado comenzaron una campaña de visibilidad lésbica, donde visitaron Villa María en Córdoba, Rosario, Junín y Pergamino. “En esos recorridos se ve lo mucho que falta; si bien el matrimonio igualitario es uno de los derechos, en nuestro país, más relevantes en los últimos tiempos, el desafío más grande es tomarlo como una herramienta para desarmar los prejuicios que existen para con gays, lesbianas y trans. En los viajes vemos un montón de casos de chicas, uno de los últimos fue en la ciudad de Rojas, que no se acercan pero que cuando nos vamos nos escriben por mail: ‘Qué bueno que vinieron’, ‘Tenía miedo que en el pueblo me vieran con ustedes, pero está bueno que la gente empiece a ver estas cosas’. Para las lesbianas es muy difícil la visibilidad, yo fui testigo de muchos casamientos de chicas que me contaron que nadie sabía que eran pareja”. Castro concuerda que una de las soluciones a la discriminación es la migración: “El exilio lésbico es permanente: compañeras que vienen de otras provincias a vivir su sexualidad con libertad en Buenos Aires. Yo también tuve que hacerlo”.

La primera unión celebrada en el país, luego de reglamentada la ley, fue el 30 de julio del 2010, entre el actor Ernesto Larrese y Alejandro Vanelli, representante de artistas. “La vivencia personal más difícil fue el 13 de junio del 2007, cuando nos presentamos a pedir turno en el registro civil, a sabiendas de que iban a decir que no –recuerda Larrese–. La noche anterior sufrimos, fue una tirada en la pileta muy grande, pero siempre fuimos de la idea de que andar dando explicaciones es autodiscriminarse. Nadie anda diciendo que es heterosexual. Lo que vino después fue suave, a pesar de que hubo mucha agresión de parte de las sectas, pero nada que no se pudiera superar con la convicción de que estábamos plantados en una realidad. Desde ese entonces hubo muchísimos cambios, justamente ahora llegamos con Alejandro de pasar tres días en una isla en el Tigre donde sólo van parejas, no admiten niños, y es una cosa muy de relax, tipo spa. Éramos doce parejas y nosotros, los únicos del mismo sexo. Sin embargo, andábamos de la mano y arrimados y la gente lo tomaba muy natural. Y eso no se hubiera dado antes por ninguna de las dos partes. En el interior es mucho más difícil. Yo vivo gran parte del año en Córdoba, donde hay mucho poder de la Iglesia, del qué dirán, más pacatería que en Buenos Aires. En el interior, sos el puto del pueblo”.

Cesar Cigliutti y Marcelo Suntheim

El mes pasado se celebró el primer casamiento de personas extranjeras –Cazal y López, ciudadanos paraguayos– del mismo sexo en el país. Paulón explica que “estamos abriendo la posibilidad a los 187 países en el mundo que no tienen la ley a que puedan venir e incluir en el mundo el casamiento. Así como esta pareja, unos australianos van a venir aquí y hay entre 10 y 15 parejas que agendaron turnos de América latina, del norte, Rusia y de distintos lugares, porque el matrimonio en la Argentina es válido para todos los países que lo reconocen”. Cazal cuenta que la decisión de casarse ya estaba tomada: “Nosotros tenemos una relación de casi cuatro años, hace como dos años lo habíamos decidido. En el 2010 habíamos intentado un debate en Paraguay pero no pudimos llegar ni siquiera a presentarlo en el Parlamento. Cuando vimos que lo de la Argentina iba por buen camino, decidimos esperar. Para mí es muy reparador y emocionante, muy fuerte. Para mi generación fue muy difícil. Uno escuchaba que eras un enfermo o un desviado, que todo lo perverso estaba encarnado en vos por lo que sentías. Y estar en una sociedad como Rosario, bastante progresista y rodeado de familia y amigos, y que jurídicamente y socialmente la sociedad nos esté acompañando, era muy emocionante y muy reparador. Más allá de las reacciones negativas, que quedan borradas por la enorme cantidad de amor y de apoyo durante toda la ceremonia y el proceso hasta ahora”. El casamiento para extranjeros, aun sin residencia, está permitido en Santa Fe y también, a partir de esta semana, en Tierra del Fuego.

“Aprobada la ley, demostró que no genera ninguno de los cataclismos ni problemas sociales que se decía iba a traer –analiza Paulón–. La prueba más clara es dejarla funcionar: no tuvo incidencia en las votaciones, no generó un caos en el Estado, demostró que es una ley que, lejos de traer todos los problemas, simplemente viene a reparar y otorgar derechos y mostrar una realidad que existía y que abarca a muchas más de las cuatro mil parejas que decidieron formalizar. Que para las generaciones de jóvenes plantea un horizonte, un tránsito mucho más cordial o menos violento en la visibilidad y la propia orientación sexual”. De todos modos, Larrese agrega que “hay cosas que una ley no puede cambiar: la mentalidad cancha y tablón siempre va a estar. Usar la condición de homosexual para insultar y menospreciar al otro no creo que lo cambie la ley o por lo menos de hoy para mañana, pero sí va a ser como la gota que horada la piedra y la termina convirtiendo en arena”. Claudia Castro completa: “Mis hijos van a ver el cambio social que producimos un montón de personas a partir de una lucha. Cuando conquistamos la Ley de Matrimonio Igualitario, para mí las utopías dejaron de existir, no importa cuántas personas se casen sino el efecto social que produce en la gente”

Celebraciones

Buenos Aires (1.240)¸ CABA (1.160); Santa Fe (397(; Córdoba (345); Mendoza (320); Entre Ríos (97); Tucumán (87); Salta (54); Chubut (47); Neuquén (41); Río Negro (39); Chaco (37); Santa Cruz (35); Misiones (35); Sgo. del Estero (29); Jujuy (27); La Rioja (24); San Juan (23); La Pampa (23); Formosa (21); Catamarca (20); San Luis (19); Corrientes (17); Tierra del Fuego (14)

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