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Tet a tet con Wenceslao Maldonado

Buenos Aires – (Casa Brutus)

Wenceslao Maldonado nació en Buenos Aires en 1940. Estudió teología en la UPS (Roma) y letras en la UCA (Buenos Aires) y en la Università degli Studi (Trieste). Se jubiló como docente de griego clásico y literatura italiana. Publicó once libros de poesía, y estará invitado en nuestro evento del 19 de mayo en Casa Brandon. Si no lo conocés, te lo presentamos.

¿Cómo ves el panorama de la poesía LGBTIQ en la Argentina?

Wenceslao Maldonado

No tengo un conocimiento ni una visión de país amplio, como para trazar un panorama LGBTIQ en el orden nacional. Voy a comenzar por lo que fue el grupo Poesía Gay de Buenos Aires a partir de los 90, ya que este año 2012 presentamos una antología en homenaje a Miguel Ángel Lens, desaparecido en febrero de 20112. En esta antología, incluidos los poemas póstumos de Lens, que fue el gran animador del grupo, participamos cinco de los seis escritores que aparecimos en 1996 en el pliego “Poesía Gay de Buenos Aires”, como nos quisimos llamar. Autores todos, como Néstor Latrónico, Adolfo Adaro, yo mismo y Fabián Iriarte, quien escribió una breve explicación al nombre elegido con el que nos identificamos. Posteriormente se unió algún otro al grupo, como es el caso de Ugo Rodino, mientras que yo fui tomando distancia paulatinamente. En esos tiempos, participó también en nuestro intento de reunión un excelente escritor y crítico que vive actualmente en Washington Carlos Schröder.
Mientras tanto, en encuentros poéticos de diversa índole me fui vinculando con otros poetas de mi generación o algo más jóvenes; antes que a nadie debo mencionar a Edgardo Gugliermetti, alguno de cuyos libros comenté, como “Misal de Cólera” (La Guillotina, 2003). De la misma manera conocí a Enrique Solinas, cuya última antología “El Gruñido y Otros Poemas” (Ruinas Circulares, 2011) vale la pena tener en cuenta. Y años antes, en los tiempos de  los concursos “Ramón Plaza” de la Sociedad de los Poetas Vivos, me relacioné con Jorge Paolantonio, quien obtuvo numerosos reconocimientos a su obra poética y narrativa. En el ámbito teatral, Fernando Noy fue un descubrimiento para mí, por sus capacidades actorales, su histrionismo y su poesía; por eso quise que me acompañara en la presentación de mi libro “Eros y otros deseos” (Simposio, 2010) en la SEA, La Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina. Y como especialista que es en literatura latina clásica, traductora de Catulo, aprecio mucho la obra de Leonor Silvestri, con quien dialogué al presentar mi poema paródico “La Proctomaquia o el Cantar de los Culos” (Simposio, 2008).

Participando en las FLIAs (Feria del Libro Independiente) descubrí a escritores jóvenes, como es el caso, especialmente, de Ioshua y Alejandro Berón Díaz. La Librería Otras Letras me permitió también conocer a algunas escritoras lesbianas; María Gold, por ejemplo, me invitó a escribir la contratapa de su libro bilingüe de poemas “Tranquilizante/Tranquilizer” (Vinciguerra, 2011). Sin embargo, y a pesar de haber participado en las tres versiones de la Juntada organizadas por APOA con poetas menores de treinta años, y seguirle los pasos a otros jóvenes que aparecen en antologías, como “Última Poesía Argentina” (Ediciones en Danza, 2008), a través de la cual me relacioné con Alejandro Villamañe/Berón Díaz, la poesía LGBTIQ parecería no tener demasiada prensa, más que en los espacios que ofrece, sobre todo, Página 12/SOY. Confieso que debería haber ido a la Pachamama con más asiduidad para encontrarme con otros talentos del palo.

¿En que consiste tu nuevo libro?

El libro está organizado en cuatro partes que responden a las cuatro estaciones del año. El otoño, que tiene como subtítulo “declaración de amor desde el otoño”, es un nostalgioso compilado de poemas que cuentan algunos enamoramientos, con nombres y situaciones precisas. En cambio el invierno (“como el silencio ausente del invierno”) se refiere a amores que terminaron dolorosamente, que se fueron y ya no están, y se calla el nombre de los protagonistas. Por el contrario, en primavera (“perfume lejano a primavera agreste”) se enumeran con nombres propios los diez amantes perfectos que, en orden cronológico, desde la niñez, atravesaron mi vida, dejando huellas de afecto profundo o enamoramiento, aunque en algún caso la relación no haya sido propiamente sexual. El verano (“un verano que madure la libertad del hombre”) tiene que ver, más que nada, con mis manías de profesor de cultura greco-latina, y me imagino una especie de paseo nudista en carro, con una pareja cuyo nombre no revelo, por los reinos del mito, el Hades y el Mar, hasta culminar en un banquete de los dioses en el Olimpo, en donde nos sirve Ganimedes, el amado de Zeus, quien nos dirá: “El amor siempre espera y nunca olvida”. Un intento de darme y dar esperanza.

Proctomaquia, el nuevo libro de Wenceslao

Está claro que el libro tiene mucho de autobiográfico, aunque al escribir, uno le pone necesariamente una dosis de armazón literario y de retórica que son inseparables del texto. Y esto de lo autobiográfico, que se relaciona por lógica con la memoria, es también un rasgo saliente en la escritura de Kavafis, y marca fuertemente este libro y muchas otras cosas que escribo.

¿Por qué la influencia de Cavafis está tan presente en tu último libro?

Ya con el título estoy queriendo decir que estos poemas que hablan de amor, expresan un erotismo, ante todo, de un deseo expectante, no cumplido todavía y, al mismo tiempo, de un erotismo de la memoria. El tema del deseo que espera es muy fuerte en mi libro anterior “Eros y otros deseos” (2010) y, en general, está presente en casi toda mi obra poética, desde “El hombre herido” (1994) y “Dioses del deseo antiguo” (1994). Y el otro tema es la memoria, y aquí es donde se ve muy fuertemente la influencia de Constantino Kavafis y su “Recuerda cuerpo…”

El juego tet a tet

¿Última película?
SHAME con el cuerpo maravilloso de Michael Fassbender, desnudo frontal provocativo, aunque la película presenta la frustración de un adicto al sexo sin perspectivas de cambio; para debatir.

¿Último libro?
LA SOLEDAD HABITADA, libro póstumo que se acaba de publicar de mi vecino del piso de arriba Gianni Siccardi, fallecido ya hace diez años.

¿Último CD?
LA AGUJA DETRÁS DE LA MÁSCARA del queridísimo amigo Gabo Ferro, escritor, historiador y poeta también, un tipo de talento que me suele acompañar en mis presentaciones con su música. Y siempre algo de STING (Symphonicities – Songs from the Laberynth). Y ojo, que una canción que me moviliza es Love of my Life, de Fredy Mercury, Queen.

¿Un vicio?
Brindar por cualquier motivo, buscando la excusa para tomarme un champagne (vicio aprendido de mi madre).

¿Un viaje?
El mejor, en auto con tres amigos: Roma, Eslovenia, Croacia, Bulgaria, Estambul, Grecia y vuelta en ferry por el Adriático a Italia (1987 – 1988).

¿Una comida?
Bondiolitas de cerdo a la parrilla o a la plancha.

¿Asignatura pendiente?
Trabajar la madera con las manos, esculpiendo; deseo que me quedó desde 1er. grado, gracias a mi maestra Titita, que me acompañó hasta su muerte (2000).

¿Qué te enoja?
La discriminación de todo tipo y la mediocridad.

¿Qué te hace reír?
Gasalla.

¿A quién extrañás?
A mi hijito del corazón, Alejandro, fallecido en junio de 2001 a los 23 años. Lloro mucho. Escribí a su memoria “Paternidad de sombra”.

¿Qué no volverías a hacer?
Coger sin forro, soy seropositivo.

¿Qué harías nuevamente?
Seguir trabajando como actor en un grupo que fue contenedor y creativo para mí en los 90, “Zeus Teatro”.

¿Un día feliz?
El 26 de enero de 1990, día en que me instalé en mi departamento actual del Abasto, CABA, después de dejar atrás la iglesia católica y mi vida de sacerdote de veinticinco años. Pero habría muchos más en todas las etapas de mi vida…

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