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Truvada y las cuatro P del mercadeo

Por Pablo Pérez – (SOY)

Truvada

Hace un tiempo se viene hablando de un tratamiento preventivo para evitar la transmisión del VIH. Parece un chiste, el tratamiento consiste en tomar Truvada todos los días. Se trata de uno de los tantos antirretrovirales que pueden combinarse en el cóctel de tres drogas que tomamos los seropositivos. Una de sus ventajas es que se toma un solo comprimido por día. El esquema que yo tomo, por ejemplo, lo combina con el Efavirenz, un solo comprimido diario también, de manera que ahora, en vez de las ocho pastillas del cóctel anterior, tomo solamente dos. El Truvada, hay que decirlo, tiene sus efectos indeseados, cuyos alcances a largo plazo todavía ignoramos: mareos, lipodistrofias, trastornos renales y hepáticos, por nombrar sólo algunos.

Según la reciente investigación, el Truvada tomado de manera preventiva disminuye el riesgo de transmisión del VIH en un 44 por ciento, siempre y cuando se complemente con el uso de preservativos. La investigación fue promovida por Gilead, el laboratorio que lo fabrica y es dueño de la patente. Lo que siguió fue puro lobbying entre Gilead, la AIDS Healthcare Foundation y la Food and Drug Administration. Como estrategia comercial es brillante. Si consideramos las cuatro P del mercadeo, las tienen todas a favor: el Producto ya existe desde hace años; la Promoción la están obteniendo gracias a la aprobación de la FDA, que fue noticia en todo el mundo; el Precio del tratamiento es de 16 mil dólares al año, y un negocio que hasta ahora daba 2,6 billones de dólares en ganancias se calcula que podría dar 1 billón más; en cuanto a la Plaza, habrá que ver qué canal, sitio, entrega, distribución, ubicación o cobertura tendrá. Veo difícil que el tratamiento preventivo sea cubierto por las obras sociales en todo el mundo. ¿Cuál sería el criterio? Un seronegativo debería ir al médico y decir que tiene más de cinco partenaires sexuales al año, por ejemplo, entonces éste le recetaría el medicamento por el que debería pagar quién sabe cuánto. Si, en el mejor de los casos, fuera cubierto al ciento por ciento, sería una buena estrategia pedirlo, no tomarlo, y donarlo a los seropositivos que sí lo necesitan y no lo reciben, como es el caso de nuestros hermanos uruguayos.

Tal vez sería más fácil para una pareja serodiscordante, es decir entre seropositivx y seronegativx, que comprobando el vínculo podrían solicitar el tratamiento. Todo queda en el terreno de la especulación. Por ahora, a la lista de potenciales clientes podemos agregar unas cuantas P más, Puto Petero Partuzero con Plata (los Pobres, sigan usando Preservativos), que estén dispuestos a bancarse los efectos secundarios equivalentes a la mitad del tratamiento de un seropositivo. La noticia tiene su lado bueno, seropositivos y seronegativos estaríamos casi en la misma.

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