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Jóvenes por la Diversidad y la identidad de género

Por Malena Haboba

Nelson Giménez, Favio Berreta y Leonardo Lamatta Triviño trabajan sobre prevención y fortalecimiento de derechos en la población LGBT.

Firestone, Camino de Cintura, 21.15 hs. La imagen construida se derrumba apenas se divisa la rotonda. Un camión de la bonaerense apostado en la Shell aparenta velar por la seguridad. La idea de lo oscuro, lo oculto, lo prohibido, choca rápidamente con el ritmo cotidiano de la ruta. El TALP que llega y gente que baja. Estudiantes, trabajadores y trabajadoras que regresan a sus casas crean un clima de normalidad. A lo largo de la avenida, las parrillas con sus luces encendidas y sus comedores llenos de parejas y familias tradicionales, dan la idea de una doble moralidad. Dicen que dicen, que les venden a 50 pesos la caja de preservativos que el Ministerio de Salud entrega gratuitamente.

Todo tipo de vehículos transita a gran velocidad. Los que aminoran la marcha son los camiones y autos que van desde el medio pelo hasta la 4×4, que en proporción equitativa se detienen por 10 minutos y 50 pesos (¿?), y luego siguen rumbo a la cotidianeidad. Chicas jóvenes, algunas “hembras biológicas”, como bromea Leonardo, otras travestis y transexuales, pero en su mayoría mujeres que no superan los 25 años, parecen haber decidido, a esa corta edad, que su destino ya fue escrito.

Nelson, Favio y Leonardo se preparan para salir rumbo a uno de los corredores de prostitución que frecuentan. Los chicos de Jóvenes x la Diversidad se juntan en la casa de alguno de ellos para preparar sus municiones. Arman bolsitas con 30 forros y en cada una de ellas abrochan un papelito con sus números de celular. Es que son promotores del Servicio de Salud Inclusivo para personas del colectivo LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transexuales y Transgénero) del Hospital Evita de Lanús, un proyecto financiado por Naciones Unidas (PNUD, ONUSIDA y UNFPA) en convenio con el Ministerio de Salud de la Nación, que funciona como puerta de entrada amigable al servicio de salud general para este colectivo.

Se acercan a la primera esquina donde encuentran chicas parando. “Hola, ¿quieren preservativos?”, dice Nelson. “No, gracias, ya tenemos”, responden ellas. Están por irse y vuelven sobre sus pasos: “Son gratis”, contraataca el joven. “Entonces ¡sí!”, y aceptan con una tímida sonrisa. Eran sólo dos, ellos ya se iban y los llaman porque llega otra. Y después otra, y otra. Tres veces cruzan esa esquina. La última en llegar les dice: “Yo iba a ir al consultorio al ginecólogo, pero bueno…”, y ahí retoman una breve charla que había quedado trunca, corta, porque el tiempo vale plata. Una, dos, tres veces recorren el camino. Ida y vuelta, ya saben dónde paran, dónde están. Si en determinada esquina no hay ninguna, vuelven a pasar para encontrarla. En diez minutos va a estar ahí.

Entre Once, Constitución y Camino de Cintura, reparten sus noches de militancia. Agarran morral, mochila y cargan los volantes del Servicio y los pack de preservativos para distribuir. “Para nosotrxs, lo más importante y estructural fue la sanción de la Ley de Identidad de Género, porque el colectivo que más sufre es el transexual y el de las travestis, que no tienen acceso a la identidad, al trabajo, a la salud y a la educación, y por eso mueren”, dice Leonardo refiriéndose al promedio de vida de 35 años que tiene este sector, en su mayoría por ser portadoras de HIV, de otras enfermedades de transmisión sexual, y por no poseer acceso a la salud. Aportar a revertir esta situación es el gran desafío de esta agrupación.

Ser “puto” en el conurbano no es nada fácil, ni qué hablar en un pueblo de otras provincias donde el machismo está mucho más arraigado en la estructura social y del Estado. La discriminación está en todas las clases sociales y en todos los barrios por igual. La diferencia principal está en la falta de recursos económicos, culturales e institucionales. Jóvenes por la Diversidad surge en el 2006 en Morón, producto de un grupo de chicos que no encontraban un espacio para tratar la cuestión gay en los barrios del conurbano bonaerense. Todo sucede en Capital: la marcha del Orgullo Gay, la televisión, la política, la militancia. Pero en el conurbano no pasaba nada. Así fue que comenzaron a juntarse primero en grupos de reflexión y después para hacer talleres, ciclos de cine y otras acciones en el territorio. Hoy combinan esas dos líneas de intervención con la representación institucional.

Se fueron multiplicando las actividades y se extendieron hacia la zona Sur. Juan Pablo Panebianco, referente de este grupo, es Coordinador de Políticas de Género y Diversidad Sexual del Municipio de Lanús, el primer distrito del país que tiene un espacio institucional específico de la diversidad. La nueva etapa política los entusiasmó para encarar ese desafío hasta el momento desconocido, la gestión y la posibilidad de generar políticas públicas y leyes que amplíen los derechos de este colectivo. Derechos que pueden significar una línea divisoria entre la vida y la muerte, pero por sobre todo, denotan lo que determina la calidad de vida, el poder vivir como eligen hacerlo, serlo.

Jóvenes por la Diversidad forma parte del Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género y participó de la elaboración del proyecto. Como en todos los espacios, éste no está exento de diferencias y discusiones. Hubo cuatro propuestas presentadas en el parlamento, el debate principal se dio entre las organizaciones de este colectivo. Leonardo se acomoda los anteojos que cada tanto se le caen, deja por un momento de meter preservativos en las bolsas, y se prepara para exponer su visón de la complejidad de este proceso.

Uno de los proyectos presentados era una copia del modelo español, donde se patologizaba la identidad, al solicitar una pericia psiquiátrica y al obligar a acreditar una operación quirúrgica y adecuación hormonal para lograr el cambio registral del nombre.

“Criticamos eso porque la identidad es una construcción personal, sumamente individual. No es lo mismo en una persona que en otra, es un proceso que lleva muchos años construir, asumir y reconocerse. Ninguna persona, por más título que tenga, tiene potestad para decidir quién podés ser vos. Entonces se crea el Frente Nacional por la Ley de Identidad de Género, donde confluyen referentes como Lohana Berkins, Marlene Wayar, Diana Sacayán, Mauro Cabral y un montón de otras organizaciones. El proyecto del Frente fue consensuado, discutido y aprobado por todo ese colectivo”, cuenta Leonardo.

La propuesta traída de España fue acompañada de estudios sociológicos, antropológicos y psicológicos, “divinos”, dice Leonardo con un acento que profundiza la ironía del término. Eran investigaciones hechas por intelectuales europeos, con una mirada que no se adecuaba a la realidad argentina. Ninguna de las personas que hicieron esos informes eran transexuales o travestis, por eso creyeron necesario poder hablar desde la propia voz.

Finalmente, el proyecto que se convirtió en la ley 26.743 fue el propuesto por el Frente. La normativa es la más integradora. Plantea el cambio de registro de identidad en la partida de nacimiento y en la primera página del DNI. También permite la fotografía tal cual se presenta la persona. Esto facilita el acceso igualitario a la salud y se visibiliza por primera vez la problemática que en ese sentido tiene el colectivo trans. Por sobre todo, reconoce el derecho a la autodeterminación, sin previa autorización, “sin tener que probarle a nadie quién sos”, dice Leonardo.

“El derecho a la identidad como uno mismo lo siente, no como otro diga que tiene que ser. Todo esto basado en cuatro conceptos: la despatoligización, ya que las identidades trans todavía son reconocidas como una enfermedad psiquiátrica por la Organización Mundial de la Salud, la desestigmatización, la desjudicialización, ya que el trámite es expeditivo en el Registro Nacional de las Personas, no requiere aprobación judicial, y es sólo bajo propia voluntad. El otro eje es el de la descriminalización, porque apunta a limitar las prácticas condenatorias por parte de las fuerzas de seguridad para con la población LGBT, especialmente las travestis, transexuales y transgéneros”, explica el joven.

Favio irrumpe en la conversación y quiere dejar sentada su opinión. Él vive en Longchamps y sabe de las dificultades extras que aporta la pobreza a la discriminación, entonces dice: “Por sobre todos estos conceptos está el de la igualdad, ya que el trámite es totalmente gratuito, no se necesita un abogado para realizarlo, ni viajar hacia algún punto específico del país, se realiza en la sede del Registro Nacional de las Personas que corresponda.”

La cuestión de la identidad no es algo lineal, ni gratuito. Saben que todavía tienen enormes obstáculos por superar. La famosa transformación cultural en una sociedad patriarcal puede llevar años, siglos, proceso que puede ser interminable si no se realizan cambios estructurales desde la legislación y otras instancias del Estado. Este colectivo, así como el de las mujeres, son prueba de ello al punto de convertirse en víctimas fatales. La ley de Identidad de Género es un paso muy importante en este sentido, pero hay una letra que falta, la T. Si bien esta norma es superadora, ya que es la primera en el mundo con estas características, esa ausencia le cuesta caro a travestis, transexuales y transgénero.

“Hay personas trans que no se identifican con el status social de ser varón o mujer. Hubo quienes pasaron una vida muy dura, una construcción personal de la identidad que les llegó a significar la muerte por asumirse como quienes eran. Muchxs no se sienten varones o mujeres, simplemente se reconocen trans, y esta ley todavía no permite que el casillero del documento tenga una T. Lxs obliga a inscribirse en la autoritaria norma de lo binario”, concluye Leonardo.

Ese es un reto para este grupo de jóvenes, ser parte del profundo cambio cultural que no pudo ser incluido en esta ley. Ese debate está por comenzar. Ha llegado la hora del día T.

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